Jueves 15 de abril de 2021
AVENTURA | 11-11-2020 21:00

Accidentada travesía en moto por los highlights de Mendoza

Un recorrido por los principales atractivos de la provincia, guiado por expertos bikers que, irremediablemente, causó su efecto en el físico y en la mente de los viajeros. Por Tatiana Machuca.
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Lo que empezó como un sueño de chiquita, imaginarme arriba de una moto recorriendo el mundo, se hizo realidad en noviembre de 2019 cuando pude realizar la primera travesía por Mendoza. Mi compañero de aventuras fue Mariano Garbini, motoviajero desde los 18 y mi pareja. El me mostró el regalo de cumpleaños que más deseaba: el comprobante de la compra de una travesía en “Camino a la aventura”. Cuando busqué en Instagram de qué se trataba, ¡quedé shockeada!: es una empresa de mototours por la Argentina con la experta guía del conocido Yago Por América, un viajero cordobés que ya hizo más de 300.000 km recorriendo el continente en dos ruedas.

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Se nos ocurrió comentarles la idea a dos amigos, quienes no dudaron un segundo en anotarse para el viaje: “¿Nos vamos desde Capital Federal en moto? Son mil y pico de kilómetros”, dijo uno de ellos. “Vayamos con la L200 y las motos atrás”, respondió Mati en el grupo. Nosotros chochos, pero uno de los amigos nos deseó éxitos porque decidió viajar en avión. Mientras tanto yo estaba equipadísima y ansiosa, hasta que llegó el día. Las motos, un Tornado y nuestra amada KLR, cargadas junto a los bolsos mientras chequeábamos que los cascos y la indumentaria estuvieran bien. ¡Todo listo!

No apta para principiantes

Arrancamos a las 2 de la madrugada con la expectativa de llegar a las 14 a Mendoza para disfrutar de la pile del hotel que habíamos reservado… Pero llegamos a las 00:30, ¡después de 23 horas de viaje!
¿Por qué? La camioneta nos dejó tirados a los 100 km del recorrido. Recalentaba. Si paramos 10 veces creo que me quedo corta. Hasta que ya no podíamos hacer ni 300 metros porque la temperatura se iba a las nubes. Así que, ya en San Luis, una grúa nos llevó hasta una estación de servicio, donde abrimos los bolsos en un intento por distribuir el peso para que resulte cómodo en las motos, pensando en seguir viaje en ellas.

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A la par, una empresa de transporte se ocupó de la camioneta L200 y se la llevó a Buenos Aires. Así empezamos los últimos 300 kilómetros, en moto. Pero las desventuras no terminarían ahí.
Cuando faltaban 20 minutos para llegar al hotel, a nuestro amigo Mati se le abrió el segundo casco que venía atado a la moto y se le quedó enganchado entre el guardabarros y la rueda de atrás. Ya se imaginarán cómo quedó el casco. Además, a 7 minutos del hotel, no sabemos por qué pero con nuestra moto pisamos algo que nos hizo pinchar la goma de atrás (donde venían la valija y dos bolsos). Gracias a la pericia de Mariano, que es un crack del derrape, nos salvamos de caernos.
El panorama no era alentador para empezar una travesía de vacaciones: nuestro amigo agotado, nuestra moto tirada... Pero mi novio agarró la de Mati y me llevó al hotel. Volvió acompañado por un taxi para trasladar todo: los bolsos, el Tornado y la KLR a tiro. Al segundo día nos despertamos en nuestro súper hotel (qué no pudimos ni aprovechar) y desayunamos. Llegó nuestro amigo Mariano, muy inteligente, que había ido en avión (bien por él) y mientras mi novio estaba arreglando la moto, nosotros nos fuimos hasta la ciudad de Mendoza para encontrarnos con el grupo y empezar, esta vez sí, el Camino a la aventura.

Paisajes sorprendentes

Los líderes de la travesía fueron Yago y Camila Martínez, con quienes desayunamos por segunda vez. En la presentación de la propueta que haríamos nos enteramos de que no fuimos los únicos con mala suerte antes de arrancar: a uno se le pinchó el tanque de nafta y otro, directamente, se equivocó de fecha de inicio.

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Por fin en el camino, fuimos por la Ruta 52, pasando por Villavicencio, recorriendo un primer tramo de paisaje impactante y con 365 curvas. Hasta nos hicimos fotos en la cruz de Paramillo y vimos guanacos y zorros. Era mi primera vez haciendo un recorrido así en moto, tratando de amigarme con el ripio y de copiloto. Por supuesto que sobreviví.
Seguimos hacia Uspallata y nos fuimos a nuestras cabañas para aprovechar la pile hasta las 20, ¡después comimos asado! 
Al tercer día nos despertamos en las terribles cabañas Naol con vista a las montañas, desayunamos y arrancamos hacia el Cristo Redentor de los Andes, que fue nuestra altura máxima en esta travesía: 3.890 msnm. Llegamos a la cima haciendo frontera entre la Argentina y Chile, disfrutamos de unas vistas panorámicas impresionantes. Descendimos por un camino súper sinuoso y divertido, ya se podría decir que le había sacado la ficha a la moto en el ripio. Posteriormente, visitamos la base del Aconcagua, el Monumento Natural Puente del Inca, donde almorzamos y hasta me encontré con una seguidora de Instagram divina.
En el camino pasamos por el cerro Siete Colores. Para ese momento me venía quedando dormida en la moto, un peligro, lo sé, pero el cansancio que tenía era grande. Por suerte faltaba poco para ir a recuperar energías.

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En la cuarta jornada abandonamos las cabañas, adonde dormimos mirando las estrellas y fuimos a hacer rafting en el río Mendoza, de nivel 4 y muy divertido. Preguntaron quien se quería tirar y claramente levanté la mano. Fue una hora de descenso matándonos de risa en dos gomones, con un espectacular stop en una cascada debajo de la cual me metí. Hasta nos dieron un traguito de vino mendocino para brindar (sí, apenas un traguito porque había que manejar). Después de tanto desgaste, almorzamos y seguimos hacia Potrerillos, donde vimos un lago turquesa ¡espectacular!

De vuelta al ripio

A esta altura eran muchas emociones juntas las que sentimos. Pero el viaje no terminaba y tomamos un camino de ripio para llegar a un mirador que daba vértigo. De verdad. Apostamos a ver quién se caía de las motos al bajar, pero salieron todos vivos (yo claramente bajé en una 4x4). Al finalizar nos dirigimos hacia Tunuyán por el corredor vitivinícola y hasta conocimos el Manzano Histórico.
El quinto y último día, que marcaba el final de esta travesía, nos llevó al Cerro de la Gloria, donde nos despedimos de todos los compañeros de ruta y juntamos fuerzas para la vuelta, al recordar que no teníamos la camioneta y deberíamos hacerla en moto.
La primera idea era llegar a Buenos Aires de esa manera, pero en San Luis mi espalda no daba más. Así que terminamos consultando por un transporte de confianza, decididos a dejar la moto y sacar pasajes en micro para volver durmiendo todo el viaje. ¡Y qué bien nos vino después de tanta emoción!

Datos útiles

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Ubicación: cuatro días desde Mendoza capital a  Los Caracoles de Villavicencio, Uspallata. Por RN 7 al Cristo Redentor y límite con Chile. Descenso por el lado chileno, regreso a Uspallata por el túnel internacional de Las Cuevas, luego a Potrerillos (donde hicieron rafting) y, por RP 89 a El Manzano Histórico. Regreso a la ciudad de Mendoza.
Alojamieto: Cabañas Naol, Las Heras, Mendoza; Tel.: (011) 5709-1612.
Camino a la aventura: Instagram @caminoalaaventura
Guías: Yago, @yagoporamerica, Camila: Tel.: (011) 59141504, Instagram: @camilanairmartinez

 

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