Wednesday 24 de July de 2024
AVENTURA | 29-02-2024 07:00

Delta de Tigre: Primera Sección al natural y en kayak

La cooperativa Origen Delta propone un recorrido en esquife para visitar a los productores de la zona y conocer la historia y naturaleza de las islas. Cómo es descubrir de una manera diferente los ríos de la esta zona.
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Eme nos recibe con una sonrisa. “¿Viajaron bien?”, pregunta. La verdad es que sí, fue un lindo viaje: casi una hora en lancha colectiva desde la estación fluvial de Tigre, concretamente hasta la “boca del arroyo Rama Negra”, como le pedimos al señor de la boletería. Un día soleado, silencioso y un recorrido con paradas en los muelles donde otros pasajeros esperaban el transporte público (se puede pagar con SUBE directo en la lancha). Para quien no conoce esta zona de las islas del Delta del Paraná, todo es nuevo y asombroso: desde las paradas donde las personas hacen fila a las lanchas almacén que llevan de todo, cargadas hasta no poder más.

Al agua

Bajamos en el muelle “del Rama” y caminamos 800 metros hasta la casa de Eme Halpin, antropóloga y creadora de Cañaveral Kayaks, una propuesta de turismo que ofrece remadas guiadas por diversos ríos y arroyos del Delta, para difundir la historia regional y el modo de vida isleño, las características del ecosistema de humedales y la importancia de su defensa. Los recorridos pueden incluir la visita a distintos productores artesanales con huertas orgánicas o que trabajan con recursos silvestres como el bambú o el mimbre.

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Son las 10 de la mañana y ya estamos en los kayaks. La idea es remar por distintos lugares para apreciar el entorno y escuchar el relato sobre la historia del lugar que, con el correr del tiempo, resulta apasionante por los cambios que ha experimentado. “Entre los socios de la cooperativa, la producción es muy diversa y va desde cestería en mimbre, junco y formio (una planta de la cual se sacaba el famoso hilo sisal), producción frutícola, dulces, cerveza artesanal hasta apicultura y herboristería, entre otros”, explica Eme. “Somos todos productores de escala familiar, no hay ningún inversor o financista; si le preguntás a cada uno por su historia, vas a ver que todos empezaron de abajo, con lo que tenían en sus casas, y después fueron creciendo”.

De frutales a turismo

Navegamos primero por el arroyo Rama Negra Grande, que a pesar de su nombre es angosto, silencioso y con árboles altísimos, algunos hasta parecen juntarse arriba, creando una suerte de selva en galería. De vez en cuando nos cruza una lancha particular y a veces un bote de madera, grande, que parece antiguo pero bien conservado, por lo general con un hombre flaco y de chomba que echa fuerza sobre los dos remos y se desplaza a velocidad. De algún modo la imagen remite a Victoria Ocampo o a algún cuento de su hermana Silvina. Luego tomamos el Rama Negra Chico, que continúa con este mismo paisaje de tranquilidad, con las casas y sus muelles apenas habitados: alguien tomando mate, otro tomando sol, más allá alguien que se moja los pies o se tira al agua. 

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“En esta zona se producían ciruelas y manzanos y las empresas elaboradoras de sidra venían a comprarles a los vecinos; Sarmiento promovió la colonización del Delta hacia 1850 y tuvo un crecimiento consolidado en producción de frutales hasta más o menos 1950, momento en que las cosas empiezan a cambiar y hoy la principal actividad es el turismo”, relata nuestra guía que realizó tu tesis para graduarse como antropóloga con este tema. “Pero a diferencia de los tours en grandes lanchas, nuestra propuesta invita a otra forma de conocer la zona: al ras del agua, sin ruido de motores, conectándose con los sonidosy aromas de la isla, es una invitacióna a bajar el ritmo y reflexionar sobre este otro mundo a metros del mundo conocido”. 

Somos barro y arte

Luego de una hora y media de remar llegamos a Barro Tal Vez, un lugar para comer cosas ricas, llevado adelante por Laura y Leo, y ubicado en el arroyo Espera. Nos recibe un cartel realizado con técnica de fileteado que dice “Un lugar en el mundo”, y eso es este restaurante de río que se destaca por sus tortillas rellenas, pastas, flanes y, sobre todo, el espíritu que vive entre los ciruelos, las flores y las cacerolas.
“Nuestro nombre es un pequeño homenaje a la obra de Luis Alberto Spinetta y a su manera del ver el mundo, Barro Tal Vez es un lugar de gastronomía sustentable donde le ofrecemos al visitante lo mejor de nosotros, en todo sentido”, describe Laura mientras nos trae una limonada con menta. “Buscamos que las personas que llegan a esta casa puedan disfrutar de una cocina casera y regional, intentando recrear algunos sabores de nuestras abuelas en platos y postres. También cuidamos a nuestros comensales eligiendo productos agro ecológicos y haciendo todo casero, incluyendo el pan”. 

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Comemos bajo la sombra con el murmullo de los árboles y la presencia del agua a pocos metros. La comida es simple, rica y el entorno tan en paz que uno siente que no necesita nada más. ¿Será así o es sólo el espejismo de un buen momento? No lo sabemos, pero a todos estos pensamientos nos llevan los kayaks, el río y el sol.
Volvemos a la embarcación y, luego de una media hora de remo, visitamos otros dos emprendimientos de la cooperativa: Isleña´s Secret y Compas de la Isla, ambos vinculados al trabajo en textil. El primero, dedicado a mallas, lencería y ropa de mujer (tienen una línea de algodón agroecológico) y el segundo a remeras con diseños representativos del Delta, algunos de ellos, incluso, reproducciones de obras de artistas locales. Es linda la sensación de estar frente a productos hechos a mano, en pequeña escala y con propósito; es parte de la identidad de la zona y de todas sus particularidades. 

Música y fuego

El bambú también es protagonista de la propuesta de Origen Delta: cañas que si bien no son nativas de la zona se asilvestraron y hoy están presentes en muchos predios de los productores. Belén Fernández, profesora de música y compositora, las descubrió cuando empezó a visitar el área y encontró en ellas la forma de materializar su sueño de niña: hacer instrumentos musicales distintos. Con bambú y con el nombre Suflaifla, fabrica instrumentos didácticos lúdicos y sensoriales como el shereke, carajillo, castañuelas con mango, carpintero y el que más suena: el tambor de trueno que se hace con caña de un diámetro que llega hasta los 10 centímetros. “Mi objetivo también es difundir las bondades del bambú y concientizar acerca de que, bien manejado, representa todo un recurso económico”, asegura y se entusiasma cuando cuenta cómo maneja los cañaverales y cómo cosecha.
Otra integrante de la cooperativa que le encontró la vuelta a una planta local es Flavia Gómez, que vive en el Paraná Guazú, costa entrerriana de Villa Paranacito. “Hace 25 años que estoy viviendo en islas y ya hace más de 15 que hago cestería en formio, una fibra vegetal que no es originaria de acá pero que se plantó en una época en que funcionaban las formialeras y hoy se cortan y se venden a granel para el atado de verduras”, explica.

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Atardece, así que pegamos la vuelta para la casa de Eme, preparada para recibir turistas. La remada de regreso es más rápida porque tenemos la corriente a favor, así que entre palada y palada disfrutamos de los colores del cielo y de los olores que trae el ocaso.Una vez en tierra, acomodamos lo kayaks y ella arma el fuego para la cena mientras continúa la charla. “Además de las ventas on line, los principales canales son los locales de la Estación Fluvial y el Puerto de Frutos, que son espacios que nos fueron cedidos a partir de las propuestas que le presentamos al municipio, lo cual tiene mucha lógica, dado que en su momento fueron creados por y para los isleños, así que nos parecía natural que hoy volvieran a dar cobijo a nuestras necesidades”, 
reflexiona. El vino ya está abierto y el fuego está listo: es momento de preparar la comida bajo las estrellas.

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Lorena López

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