Lunes 26 de octubre de 2020
ARMAS | 26-09-2020 17:36

Qué fue de Velázquez y Gauna, los últimos bandidos rurales

Cómo fue la vida de dos bandoleros famosos del norte argentino, hacedores de secuestros y asesinatos en la década del 60.
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Camino de Pampa Bandera
lo esperan en una emboscada
y en una descarga certera
ruge en la noche la metrallada.
Isidro Velázquez ha muerto
enancao en un sapucay
pidiéndole rescate al viento
que lo vino a delatar.
"El ultimo sapukay" (chamamé), Oscar Valles.

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Escena del largometraje “Isidro Velázquez: La leyenda del último sapucay”, de Camilo Gómez Montero, año 2010.

La historia del delincuente Isidro Velázquez, es difícil de relatar abstrayéndose de cierto análisis político de la época. La década del ´60 marca el inicio de los movimientos guerrilleros que convulsionaron posteriormente a nuestro país. Al derrocamiento de Arturo Frondizi en 1962, le sucedió la asunción de Arturo Umberto Illia –que ganó las elecciones de 1963 con el 25% de los votos–, favorecido por la proscripción del Partido Justicialista. Un alzamiento de la Fuerzas Armadas encabezado por el General Juan Carlos Onganía pone fin a ese corto periodo democrático, marcando el segundo golpe militar dentro de la década. 

Las primeras noticias sobre Velázquez datan de comienzos del año 1952, cuando es denunciado –junto a su hermano Claudio–, por el hurto de un arado. Ambos esgrimen como argumento que el dueño del mismo –de apellido Cuellar– les debía dinero y se lo cobraron de esa forma. Vano fue el “justificativo” ya que la justicia determinó que habían cometido un ilícito y –por lo tanto– fueron remitidos a Resistencia para hacer efectiva  su sentencia.

Isidro es liberado a los pocos meses por no tener antecedentes, mientras que Claudio –al que le comprobaron varias tropelías anteriores–, debe cumplir cuatro años de reclusión. La historia delictiva del mayor de los hermanos –Isidro– parece haber llegado a su fin con esa detención. El hombre se radica en Colonia Elisa (Chaco), a unos 97 kilómetros de Resistencia. Obtiene un lote de terreno para explotar, cultiva algodón se casa y tiene cuatro hijas. Todo parecía indicar que el pasado traspié con la ley le había servido de escarmiento, y se había convertido en un hombre de bien.

Tras la liberación de Claudio –del que su presencia en boliches y prostíbulos de la zona comenzó a ser habitual, siempre luciendo un llamativo poncho colorad – los hermanos vuelven a reunirse. Su historia nos indica que habían nacido en Corrientes, del matrimonio de Feliciano Velázquez y Tomasa Ortiz, pero que posteriormente la familia emigra al Chaco en procura de trabajo. Una vez en esa provincia se radican en La Verde, a orillas de la laguna La Escondida y con una población en ese entonces de unos  1.000 habitantes aproximadamente.

Los hermanos vivieron de hacer changas en obrajes y plantas elaboradoras de tanino –principal actividad del pueblo–, para luego dedicarse a vivir de la caza de carpinchos, nutrias y corzuelas. No obstante esa aparente vida de hombre de familia y trabajador de Isidro, se ve interrumpida en 1958, cuando es detenido por realizar caza furtiva en un campo privado. Posteriormente, en 1961. se lo acusa de un hurto, fugándose de la comisaría con la ayuda de su hermano, internándose ambos en el monte e iniciando un camino de violencia… sin retorno.

Al poco tiempo se los identifica asaltando un almacén en la localidad de Lapachito, oportunidad en que asesinan al propietario y a un cliente. A partir de allí, se enfrentaron a tiros con la policía cada vez que se los pretendía detener por haber cometido algún ilícito. 

En 1963 dos hombres completamente borrachos inician una reyerta dentro de un boliche, desafiando a pelear al parroquiano que se interpusiera. Avisada las fuerzas de la ley, la comisión policial es recibida a balazos cuando arriban al lugar, lo que deriva en un intenso tiroteo en el que los dos pendencieros son abatidos. En un  principio se cree que se trata de los hermanos Velázquez, pero posteriormente se constata que era Claudio acompañado de un tal Vega, un delincuente proscripto también de Colonia Elisa. Ante la muerte de su hermano, Isidro busca refugio en el monte, acompañado de algunos secuaces, para continuar así su camino delictivo. 

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Se mantuvo escondido –según algunos historiadores– en Formosa, para reaparecer al poco tiempo asociado a un violento y cruel personaje: Vicente Gauna, apodado “El Chiflón”, quien contaba para esa época un frondoso prontuario a pesar de sus 21 años.

Mientras que Velázquez aportaba algún dinero obtenido de los robos a los pobladores, no para hacer beneficencia, si no para pagar el silencio que le permitía permanecer oculto, Gauna no vacilaba en matar a cualquiera –empresario o peón– así sea por unos pocos pesos. La realidad es que Isidro no realizaba ninguna reivindicación social, sólo pagaba por protección y lo hacía con generosidad, mientras que Gauna obtenía lo mismo, gracias al temor que inspiraba su persona.

A los asaltos a pequeños comerciantes les sucedieron una serie de secuestros extorsivos de ganaderos y consignatarios, robos a empresas y bancos, que hicieron que su fama de delincuentes peligrosos transcendiera la provincia. El entonces Ministro del Interior –Guillermo Borda– estaba obsesionado con su captura, mientras que la Sociedad Rural del Chaco –que puso un precio a su cabeza de dos millones de pesos–, intentaba poner fin a sus andanzas gracias a esa cuantiosa recompensa. Una cifra impensada para la época.

Los carteles de “Vivo o Muerto” con el rostro de Isidro Velázquez, comenzaron a verse por muchas poblaciones chaqueñas. Casi siempre con leyendas manuscritas sobre ellos, con alabanzas a favor del delincuente y realizadas –sin duda– por habitantes de la zona. A esta altura de los acontecimientos, podemos observar que no sólo la audacia de Isidro Velázquez  no tenía límites, también su innecesaria violencia. 

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Cartel de “buscados” con el que la policía del Chaco procuraba la captura de los dos bandidos.

Dueño de un extraño sentido del humor, enviaba caricaturas a la policía, en forma de historietas que realizaba en cuadernos, donde se burlaba de ellos. Ante el ofrecimiento de la Policía de Corrientes a la del Chaco para colaborar en su detención, envió una misiva que decía: “Acéptenlos, para que engorden los mosquitos chaqueños. Nosotros no peligramos ni aunque se vengan todos los correntinos”.

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Hoja de unos de los cuadernos en los que Isidro Velázquez dibujaba historietas, burlándose de las fuerzas de la ley que pretendían poner fin a sus andanzas.

Pero en su otra faceta –la que mostraba ser un cruel delincuente– a mediados de 1966 asalta junto con Gauna el pueblo de Laguna Limpia y asesinan a su intendente, Antonio Ponzardi, después de robar en su casa. Posteriormente, en 1967, secuestran a los estancieros Agustín Guissano y Antonio Persoglia, cobrando por cada uno un rescate de tres millones de pesos.

Cerca de mil policías bien pertrechados cortan rutas y caminos, inspeccionan poblados y realizan extensas rastrilladas en pajonales. Ante una supuesta delación de que se encontraban en el partido de General Obligado –Provincia de Santa Fe– una patrulla se dirigió hacia esa zona, pero fue emboscada por los delincuentes y muere el agente Juan Ramón Mieres y es herido parte del personal.

Luego de estar dos semanas cercados en la zona, Velázquez y Gauna eluden a la policía, regresando a un terreno más conocido por ellos –el Chaco– donde protagonizan un enfrentamiento armado en la localidad de Lapachito y logran llegar a Quitilipi, donde una comunidad toba les brinda protección y alimentos.

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Vista parcial de la vitrina en las que se exhiben las armas de los bandidos, junto a sus prontuarios, que se encuentra el Museo de la Policía del Chaco.​

El diario La Razón del 16 de julio de 1967 publica la noticia del fallido intento por detenerlos, con el título “Mediante ayuda, los delincuentes Velázquez y Gauna habrían eludido el cerco policial”. Desde su escondite, comienzan a planear lo que ellos consideran que será su  golpe maestro: el asalto a la sucursal Machagai del Banco Nación. Para llevarlo a cabo abandonan Quitilipi, pero la Policía Federal –que ya había tomado cartas en el asunto cumpliendo órdenes del Gobierno Nacional– despliega un amplio operativo en  la provincia del Chaco.

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 Al más puro estilo Bonnie & Clyde. el Fiat 1500 que conducían los delincuentes al ser encontrados por hombres de la Policía Federal, es una prueba de la intensidad del tiroteo. 

Allí, en el paraje Pampa Bandera, a la vera de la Ruta 16 y en una zona de obrajes madereros y algodonales pegada al Impenetrable, son abatidos Vicente Gauna e Isidro Velázquez luego de un intenso intercambio de disparos. Corría el primer día del mes de diciembre de 1967.

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Una carabina Halcón Modelo 52 calibre .22 LR y un revólver Smith & Wesson Hand Ejector niquelado calibre .38 Spl, las armas que tenía Isidro Velázquez - al momento de su muerte – y un revólver similar pero pavonado junto a una carabina Winchester calibre .22 LR Modelo 62 A, las que utilizaba Vicente Gauna. 

El diario La Razón –en su edición del 3 de diciembre del mismo año– publicó: "El halo de leyenda que rodeaba a estos salteadores de la selva, como a los bandoleros de todos los países y de todas las épocas, los hacía acreedores del afecto y la simpatía de las poblaciones campesinas, que en no pocas oportunidades recibieron los beneficios de sus manos, sobre todo entre la gente más pobre. La gente de campo los ampara en su vida errante, de eternos prófugos de la justicia, los ayuda en la procura de abastecimientos y en oportunidades los oculta o les facilita los medios para ocultarse”. Dentro de la mochila de Isidro que estaba junto a su cadáver, se encontraron algunos cuadernos con las historietas que este dibujaba para burlarse de las fuerzas de la ley."

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Pablo Crespo

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