Una villa que atrapa

Esta localidad de la provincia de San Luis es apta para visitarla durante todo el año. Su particular clima asegura unas vacaciones sin sobresaltos y recibe a los visitantes con un variado abanico de propuestas. Galería de imágenes.

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La ciudad Villa de Merlo, en la provincia de San Luis, es muy conocida por su microclima; un sitio tranquilo en el que se respira aire puro, donde la naturaleza se encarga de regalarle un marco único. Las montañas cambian de color según la orientación del sol, una gran vegetación oxigena cada rincón del entorno y en pocos minutos se puede estar disfrutando de un mate con amigos  junto a una cascada.  Pero, más allá de la belleza orgánica del lugar, Merlo posee una importante infraestructura hotelera, gran variedad de restaurantes y parrillas, espacios culturales,  imperdibles casas de té y, fundamentalmente, muchas opciones para realizar turismo aventura.

En el corazón de la montaña

La infraestructura de la Villa está pensada para recibir a grandes contingentes de turistas, esto facilita las cosas a la hora de buscar excursiones y salidas divertidas. Una vez elegido el operador hay que decidirse por alguna de las tantas opciones que Merlo ofrece. Las siguientes son altamente recomendadas.

Si la idea es realizar un trekking intenso atravesando caminos con piedras, arroyos y pequeñas cascadas, visitar el Salto del Tabaquillo resultará inolvidable. La excursión sale temprano en la mañana, tiene una duración aproximada de 5 horas y demanda cierta exigencia física. Los guías de la zona son muy capacitados y demuestran conocer cada centímetro del terreno, esto es importante ya que lo que sigue es pura adrenalina. Después de caminar durante 2 horas se asciende hasta la cascada mayor: un salto de 18 m. Cuando se llega al pie es necesario ponerse casco y arneses para escalar por las rocas hasta la parte más alta. Llegar a la cima es tomar contacto puro con la montaña. El descenso se hace con rappel y es vital estar relajado para disfrutar de la bajada con las cuerdas. El tramo final, unos 10 m, no tiene pared de apoyo, lo que asegura diversión, buenas fotos y muchos gritos victoriosos.

Otra aventura recomendada es visitar el circuito ubicado en el Mirador de los Cóndores. Tres tirolesas, puentes colgantes y escaladas, delinean un espacio no apto para aquellos que sufren vértigo. La sensación de caminar a varios metros de altura sobre una quebrada es excitante; el viento le aporta más emoción al recorrido, mientras los puentes oscilan levemente hacia los costados. Los guías son muy experimentados y cuentan con equipos de última generación, lo cual brinda tranquilidad. Este circuito puede ser realizado incluso por niños mayores de 8 años. El dato: llevar ropa cómoda, zapatillas y algún abrigo.

También se puede practicar senderismo en la Reserva Provincial Natural Mogote Bayo. Son 250 hectáreas y es factible visitar diferentes circuitos. Las caminatas son tranquilas y se realizan con guías de turismo que van describiendo las diversas especies de flora y fauna que conviven en la zona. Desde algunos puntos se observa una panorámica de toda la Villa de Merlo, incluso de pueblos cercanos como Carpintería. En el final del recorrido un simpático grupo de llamas se dejan fotografiar en su hábitat natural.

Un lugar con poesía

“… Y también este oficio que me vino por arterias de música y de sueño y me ha dado la dicha de sentirme boca del Hombre y corazón del Pueblo”, escribió Antonio Esteban Agüero, el gran poeta de Merlo que llegó a convertirse en la voz de una región. Sus letras, su obra y sus anécdotas ocupan un lugar muy importante en el recuerdo popular de la ciudad. Para celebrarlo se creó la Casa del Poeta, un museo y centro cultural montado alrededor de su propia vivienda. De impecable presentación, con un microcine donde se proyecta un corto sobre su vida y las habitaciones adaptadas con nuevas tecnologías para acercarse de manera amena a sus escritos, este lugar es perfecto para tomarse un par de horas y descubrir su rico patrimonio intelectual.

Otra linda escapada es visitar el imponente Algarrobo Abuelo, un enorme árbol que tiene más de 1.200 años, ubicado en Piedra Blanca Abajo. Sus antojadizas ramas se extienden a lo largo y a lo ancho de un cantero que intenta contenerlo, pero él se burla y abre sus brazos más allá de los límites.  Este espécimen es testigo de la historia y supo ser venerado por los indios comechingones.

Próxima parada: los restaurantes. Si algo tiene bueno Merlo es su oferta gastronómica. Posee una amplia variedad de restaurantes, parrillas, cervecerías y casas de té, preparadas para recibir al turismo. Hay para todos los gustos, eso es lo mejor. Aquellos que quieran una cocina gourmet pueden optar por Giorgio; este restó ubicado en la céntrica Avenida del Sol ofrece cocina de autor y muy buena atención. Algunas de las exquisiteces de su carta son la Bondiola de cerdo en salsa agridulce con puré de papas a las hierbas frescas, o la brochette de langostinos y salmón rosado con papas naturales sazonadas al aceite de oliva y pimentón español.

En otro plan, ideal para ir de noche, sugerimos visitar la pulpería Lo de Urquiza. Este lugar fue declarado patrimonio histórico de la ciudad y se encuentra justo enfrente de la tradicional plaza Sobremonte. Es una esquina mágica, quedada en el tiempo, donde suena jazz en vivo y se come muy rico. Pastas caseras, cervezas artesanales y platos generosos son sus diferenciales.

Esto es así: uno no se puede ir de Merlo sin pasar por el restaurante Mirador Cabeza del Indio. Ubicado en Pasos Malos, este comedero criollo recibe a sus visitantes con sus hornos de barro humeantes, enormes discos con carnes y vegetales en plena cocción, vinos de la zona y artesanías. Por si fuera poco, desde sus mesas se obtiene una hermosa vista del valle. Pollos de campo, chivitos, papas, batatas, zapallos asados y empanadas de carne, son algunos de los imperdibles que ofrece el lugar. Optimo destino para visitar un mediodía de sol.

Una alternativa es salirse del circuito tradicional y cenar en el Faustina Restaurante del Epic Hotel, el único 5 estrellas que tiene la ciudad. Para destacar es el chivo fondant con emulsión de morrones y vegetales al rescoldo o el delicioso salmón blanco con hinojo, manzana, ratatouille de quinoa y tomates asados. No hace falta estar alojado en el establecimiento para ir al restó.

Estamos invitados a tomar el té

¡Merlo tiene hermosas casas de té! Merlín es una de ellas. Emplazada un tanto escondida si no se conoce la zona, hay que visitarla. Montada en Piedra Blanca Arriba, posee ricas tortas y buen café con leche. También sirven almuerzos y cenas, y hasta es posible hospedarse en sus cabañas.

Delicias del Bosque es otro bello espacio con mesas en su jardín donde se puede saborear los blends de té que sus dueños elaboran. Tortas artesanales, generosos tostados y  una gran cantidad de licuados frutales son parte de la carta.

Ángel Azul suma su aporte a la ciudad. Establecido sobre un terreno irregular que tiene un estanque con peces, vegetación y una gran terraza, ofrece más de 20 variedades de tortas artesanales. Aconsejamos probar las preparaciones sin harina, como la torta de naranjas. ¡Imperdible! Al finalizar la visita por Merlo queda la sensación de haber vivido experiencias muy diferentes en un mismo lugar. Un destino muy gratificante a elegir para las próximas vacaciones.

Nota completa publicada en revista Weekend 542, noviembre 2017.

 

 

 

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