Sables en la noche

En Santa Catarina, Brasil, capturamos peces sables al atardecer, tanto con cebos naturales como en spinning, bait cast y jigging. Sus hábitos y características.

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Las maderas del casco crujen con cada vaivén de las olas mansas del atardecer. Es lo único que se escucha después del ruido del ancla perforando la columna de agua justo entre dos afloramientos rocosos, a metros de la abrupta orilla del morro que bordea la bahía de Tainha. La concentración es máxima a bordo. Es que el tiempo es corto y hay que aprovecharlo a pleno. Los sables (Trichiurus lepturus), como buenos cazadores de medias luces, se activan al atardecer. Hay una estrecha ventana de piques que, aproximadamente, arranca una hora antes de la puesta de sol y se prolonga hasta un par de horas luego del ocaso. A veces se extiende un poco más ese lapso forzado por las luminarias de los barcos o las luces químicas que atraen los cardúmenes de sardinas y manjubas (anchoitas), especies que buscando alimentarse de plancton se arriman al sector iluminado. Tras ellas vienen los sables como certeras saetas. Basta observar lo hidrodinámico de su cuerpo para desplazarse rápido, el tamaño de sus ojos para sacar partido de los momentos de poca luz y el tamaño de sus quijadas colmadas de agudos dientes caniniformes, para comprender algo de sus hábitos de cacería.

Las excursiones de pesca que parten cada tarde de Canto Grande, en el municipio de Bombinhas, en el estado brasileño de Santa Catarina, lo hacen un par de horas antes del atardecer, como para navegar y llegar con tiempo a los pesqueros más estratégicos de la península. Casi todos los destinos son reparados a los vientos y al oleaje, así que se trata de una pesca bastante confortable, apta para compartir con menores y para quienes suelen marearse con aguas agitadas.

Espectros en la oscuridad 
Los sables son cazadores y nada selectivos, por eso los cebos a emplear y las estrategias son variadas. Desde la pesca con carnadas naturales hasta el empleo de artificiales de spinning y bait cast de media agua (e incluso sub superficiales) y hasta jigs.

Para disfrutar al máximo de esta especie de verano, que tiene su pico de máxima actividad entre diciembre y marzo de cada año, lo indicado es poner en juego equipos relativamente livianos para el mar. Como por ejemplo varas de 6 a 6,6 pies (1 pie = 0,3048 metro) del orden de las 8 a 17 libras (1 libra = 0,453 kilo) de resistencia. La diferencia entre pescar y sacar pescados del agua impone cierta sutileza. Casi la misma diferencia que hay entre oír ruido o música.

Actuando con cebos naturales se pueden usar tanto reeles frontales como rotativos de bajo perfil (huevitos) cargados con multi o monofilamento. Con la precaución de que cuando se utiliza multifilamento la estrella del reel deberá estar un poco menos ajustada, ya que el hilo de multifibra no estira ni amortigua los fuertes tirones que puede dar un sable grande luego de la clavada.

El aparejo es simple y de un solo anzuelo Nº 5/0, vinculado al nailon que viene del reel mediante un cable de acero de 20 cm y 20 a 30 lb para evitar los cortes que puede provocar la poderosa y agresiva dentellada de los sables.

Nota publicada en la edición 523 de Weekend, abril de 2016. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

19 de abril de 2016

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