Sierras bien pobladas

Una salida a los pagos de Tandil permite llegar al cupo en medio día, pero exige al cazador demostrar sus destrezas deportivas. Cómo están los campos tras las lluvias.

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Cuando Horacio Gallo, fiel colaborador de Weekend en caza menor, me planteó la posibilidad de realizar una nota de caza de perdices debido a que él se encontraría en Europa, acepté encantado. Enseguida comencé varios preparativos y averiguaciones: cómo se presentaba el clima y las precipitaciones en la provincia de Buenos Aires, ya que en los meses de abril y mayo se relevaron varios caminos de accesos anegados y campos inundados, entre ellos, Tapalqué, Rauch, Las Flores, Carlos Casares, Ayacucho y General Belgrano.

Pensé entonces en una zona serrana, porque allí el agua tiene que correr, y me contacté con Sebastián Bedascarrasbure, de turismo de Tandil, quien nos proveyó de toda la logística; y con Jorge Torrado, guía de caza de la zona. Luego llamé a Carlos Daponte (cazador, tirador deportivo y amigo) para que me acompañara en esta experiencia.

Llegamos a Tandil el sábado por la tarde, nos alojamos en Las Pircas, y durante la cena en El Criollo ultimamos los detalles, a la cual invitamos a Gonzalo González (eximio cazador de la zona), a su hijo Baltazar (9 años) y a Matías Torrado, hijo de quien nos oficiaría de guía.

La mañana del domingo se presentó fresca, con 8 ºC, una brisa de 20 km/h y un sol que prometía imponerse durante todo el día. Nos equipamos con remeras térmicas como primera piel y botas de goma, ya que teníamos el dato que los riachos traían bastante agua. A las 8:45 llegaron nuestros anfitriones con las camionetas y los perros, dos atléticos y fibrosos bracos (Nacho de 10 y Bruno de 4 años), y una perra weimaraner (Laica, 4 años).

Media hora después llegamos al campo, zona de sierras, 30 km al sur de la ciudad por ruta 226, precisamente al paraje La Pesquería. Si bien algunos caminos de acceso al campo estaban con bastante barro, pudimos arribar sin dificultad.

Soltamos los perros y armamos las escopetas: tres calibre 12, una 16 yuxtapuesta, y una de un caño calibre 20. Emprendimos el camino hacia las sierras y poco después de cruzar el primer alambrado los dos bracos se clavaron tras una marca. Apuré el paso para asistir a los perros sacando la primera perdiz: el vuelo fue de fondo para el lado de las sierras, y la logré abatir con un cartucho de 28 g, munición 7.

Poco más adelante, sobre una falda, Laica presentó una marca precisa, pero el vuelo sería distinto al anterior: hacia afuera de la sierra y cruzado, por lo que hubo que realizar un tiro certero, que finalmente derribó la pieza.

Nota publicada en la edición 502 de Weekend, julio de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

03 de julio de 2014

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2 comentarios en esta nota

  1. Ricardo | 03/07/2014 | 12:05 PM

    Por que no se dedican a trabajos comunitarios, en vez de asesinar animales que ya casi ni existen?Si les gustan los tiros metanse en la policia del gran Bs As, o vayan a Afganistan.”deportistas”.

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