Off road bajo el cielo calchaquí

Una caravana de seis camionetas Toyota recorrió la zona de los Valles Calchaquíes en Salta, trepando hasta el Abra del Acay en la Ruta 40. Una travesía repleta de paisajes inolvidables. Galería de imágenes.

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La ciudad de Salta nos recibió con un cielo gris de lluvia, pero que no empañaba el intenso verde de sus cerros. Siempre bella, nos esperaba para transformarse en punto de partida de una recorrida que nos llevaría hasta casi tocar las nubes. Ya saliendo del casco urbano nos encaminamos con rumbo a Cafayate, pasando por Cerrillos, El Carril, Chicoana y La Viña, como enhebrando el rosario de pueblos sobre la RN 68.

Más adelante en el itinerario, un miembro del grupo recordó que por allí cerca, al costado de la ruta, se encuentra el puente que se hiciera famoso en la película “Relatos Salvajes”, en la historia de Leo Sbaraglia. Es curioso como este sitio se está tornando en un hito en el camino, gracias al film y a la particular historia que narraba.

De a poco el verde va dejando paso a terrenos más áridos e intensamente coloridos. En la zona de la Quebrada de las Conchas sorprenden las formaciones talladas por la erosión. El tinte rojizo de la montaña contrasta con el azul del cielo. Las caprichosas siluetas desafían la imaginación, invitando a descubrir un sinfín de figuras.

La Garganta del Diablo y el Anfiteatro son paradas obligatorias. Contornos impresionantes y un verdadero festín para las fotos. El Anfiteatro también es conocido por la acústica que se genera en sus tubulares paredes. Allí se han ofrecido varios conciertos y en el lugar es común encontrarse con músicos.

En Cafayate casi siempre hay sol. Pero esta vez el cielo estaba teñido del color del torrontés: todo dorado. El aire olía a primavera. Su fisonomía fue cambiando con el aumento de los viñedos, que se esparcen entre las fincas. El auge de los vinos de altura comenzó a generar nuevas rutas para este cultivo, acompañando la ya larga tradición del torrontés en la zona.

Cafayate tiene una magia especial. Tal vez sea el duende del vino, ese que se desata en época de vendimia en la fiesta de La Serenata… Y también son el sol, los cantores y los poetas, que por estas tierras parecen brotar en cada esquina.

Una noche cálida nos recibe en la galería de la Finca El Retiro, con deliciosas empanadas que lucen su tono dorado de horno de barro, servidas en fuentes talladas de madera. Luego es el momento del  asado, acompañado por los vinos de la Bodega El Porvenir.

Por la ruta 40

A la mañana siguiente la Travesía Toyota, integrada por tres camionetas SW4 y tres Hilux, se encaminó por la RN 40 con rumbo norte hacia Animaná y San Carlos, en medio de extensos viñedos. El río Calchaquí acompaña a la ruta a lo largo de casi todo el recorrido.

La inmensidad de los Valles Calchaquíes se despliega con su máximo esplendor. El terreno es cada vez más árido y las formaciones exóticas de las montañas parecen salidas de un cuento.

Vamos en busca de la Quebrada de las Flechas. En el Km 4.380, la RN 40 se abre paso entre paredes afiladas. El sol juega con ellas a su antojo, pintándolas de mil reflejos según la hora del día. El paisaje es absolutamente mágico.

Después de sacar muchas fotos seguimos hasta Molinos. El pueblo es muy bonito y con históricas construcciones de adobe, que visten sus calles de esquinas sin ochavas. Se destaca la iglesia San Pedro de Nolasco, cuyo origen se remonta al siglo XVII. En el dintel de la entrada está escrito el año de la primera reforma: 1692.

Por la RP 42 arribamos a la zona de El Colte, en Seclantás. Allí el viento mueve suavemente los tejidos de telar que cuelgan a la entrada de las casas. Bajo la generosa sombra de un algarrobo descansan los telares a la espera de las magistrales manos que se mueven entre la urdimbre. Ponchos, chales y mantas visten de color el Camino de los Artesanos.

El Terito Guzmán deja por un momento su telar para sacar un cabrito del horno de barro. Una larga mesa de colorido mantel lo espera, mientras las empanadas salteñas hacen la previa en el patio.

Cachi está a tan solo un puñado de kilómetros. Hacia allí vamos. La idea es llegar alto, bien alto con rumbo norte. Allí los poblados son pequeños yescasos. En el camino es común toparse con pastores que arrean sus cabras y ovejas. Así pasamos por Palermo Oeste, paraje Pueblo Viejo, El Rodeo, El Sauzalito, La Poma y El Trigal.

A medida que vamos ascendiendo se comienzan a ver manadas de vicuñas. El camino trepa en zigzag subiendo hasta casi llegar a los 5.000 metros en el Abra del Acay. Es el punto más alto de la ruta 40. El cartel dice 4.895 msnm. Aunque algunos aseguran –según les indica el GPS– que es un poco más: 4.985.

La vista es gigantesca a esa altura. Una gran apacheta (montículo de piedras que los viajeros colocan a modo de altar a la Pachamama, para pedir por el viaje y para agradecer haber llegado hasta ese sitio) marca que estamos en un punto especial: el más elevado del camino.

 

Atardecer en Cachi

 

De regreso, las cálidas luces del atardecer perfilan los espinosos contornos de los cardones, que entre cerros y antiguas sepulturas se acomodan al costado del camino en las proximidades de alguna pequeña iglesia de paredes blancas. Las ruedas de la caravana elevan un polvo que tiñe de esmerilado sepia el retorno.

Cerca de la plaza de Cachi, las mesas en las veredas buscan conversadores. Una antigua Land Cruiser, muy bien equipada para la aventura, denota que viene de muy lejos. Salió de Europa y sigue sumando kilómetros e historias por toda América.

Por las noches, las estrellas tapizan el cielo en este rincón salteño. ¿Será por eso que hasta tiene un ovnipuerto? Sí, un lugar para que aterricen ovnis. ¿Y por qué no? Desde luego quisimos conocer esta curiosidad ni bien supimos de su existencia. Y nada mejor que hacerlo de la mano de Antonio Zuleta, que de esto sabe mucho.

A rodar

Un poco de off road para despuntar el vicio y adentrarnos por antiguos caminos olvidados, recorrer el lecho de algún río, entre piedras y vadeos, sumando adrenalina y destreza que los vehículos sortean con éxito. Resulta muy bueno aprender cómo resolver diferentes situaciones. Primero es importante evaluar bien el terreno, para luego actuar. Siempre teniendo en cuenta que debemos regresar y estamos en zonas aisladas.

Los sinuosos caminos bordean las laderas de la montaña como colgados del precipicio. El entorno es realmente atractivo. Al fondo y a lo lejos, con su hermoso color verde esmeralda se ve la Laguna de Brealito, conocida por sus múltiples leyendas y mitos sobre extraños seres que la navegan.

Saliendo desde Cachi por la RN 40 hacia Payogasta, se toma la RP 33 para llegar al Valle de Lerma. El camino serpentea entre los cerros dibujando infinidad de arabescos, que pueden divisarse desde el mirador. La Cuesta del Obispo es otro de los maravillosos tramos del recorrido. Llega a 3.348 msnm en Piedra del Molino, y allí las nubes se apoyan en los cerros como si fuesen ponchos cubriendo sus laderas. De a poco el paisaje se va poblando de verde y el itinerario se pespuntea de ceibos en flor a medida que llegamos al Valle de Lerma.

Sin dudas, el circuito elegido para esta Travesía Toyota es de los más bellos del país. No sólo por los paisajes de intensos colores, sino también por su cultura, sus aromas, sus sabores y sus soprendentes texturas, todo ligado a nuestros orígenes y a la Madre Tierra. Una naturaleza que enamora y emociona.

Dicen los que saben, que si uno vio a la Pachamama en los cerros, no podrá dejar jamás de volver. Y exactamente así me pasó desde la primera vez que llegué a estas tierras de ensueño.

Nota completa publicada en revista Weekend 543, diciembre 2017.

 

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