Lunes 2 de agosto de 2021
PESCA | 07-04-2021 18:17

¿Para qué me sirven los lagos artificiales?

Hay embalses desde la Patagonia hasta la Puna y, aunque es muy difícil establecer un patrón común para la pesca, no dejan de ser nuevos espacios para despuntar el vicio, algunos con grandes presas.
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Los pescadores les tenemos cierto odio a los embalses. Sobre todo si hemos conocido cómo era antes el lugar en que se emplazan hoy. O si están desde hace poco tiempo y nos lo contaron cómo era quienes lo vieron. Sin embargo, muchas represas en todo el mundo se han convertido en excelentes pesqueros. 

La construcción de grandes presas en la Argentina ha servido para evitar inundaciones naturales, administrar el agua de riego y producir electricidad. Sin embargo, como toda obra artificial, el lago o embalse produjo cambios en el clima y el paisaje circundantes. Generalmente, forman espejos muy profundos, con aguas claras por decantación y frías. En muchos casos, el turismo que creó su instalación ha actuado en contra de la pesca deportiva, generando una gran presión. En otros casos, la distribución de las aguas por campos de difícil acceso formó interesantes reservorios para los peces.

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Al margen de las represas de Salto Grande (río Uruguay) y Yacyretá (río Paraná), más algunas otras pequeñas excepciones (como el Roggero en el nacimiento del río Reconquista, en Buenos Aires), la enorme mayoría de los diques se han levantado sobre cursos de montaña, esteparios o de considerable velocidad en el agua. Algunos peces se han adaptado perfectamente a la vida en el lago, como los dorados de El Tunal (Salta) o Río Hondo (Santiago del Estero). Otros han sido sembrados y lograron buena aclimatación, como los pejerreyes o las carpas en los diques del centro de la Argentina, así como en Cuyo y la Puna. También hay excelentes tarariras en algunos embalses cordobeses. En el caso de las presas de la cordillera patagónica, formaron lagos donde las truchas marrones han crecido hasta tamaños muy interesantes.

Si bien tienen características comunes, cada lago artificial es un mundo nuevo para descubrir, pues poseen áreas muy antiguas y profundas, y algunas más nuevas, de desborde. Dado que hay embalses de este tipo desde la Patagonia hasta la Puna, es muy difícil establecer un patrón común para la pesca y conviene que el pescador analice cada caso. Los pesque y pague son también lagos artificiales, aunque pequeños y su propósito no trasciende el de criar peces para la venta y la pesca deportiva. En Brasil alcanzaron un gran desarrollo de la mano de la piscicultura. Solo en los alrededores de la ciudad de San Pablo había más de 2.500 establecimientos a finales del siglo pasado.

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En la Argentina el desarrollo es muy pequeño. La provincia de Misiones es la que tiene más pesqueros de este tipo, quizá por la influencia que recibe de Brasil o por el clima cálido casi todo el año, ideal para la crianza de pacúes, tilapias y carpas. Hay algunos otros casos aislados, pero no tomó vuelo este tipo de pesquero en nuestro país.

Amamos los lugares naturales, tal como Dios los puso. Sin embargo, inevitablemente el progreso hace que cada vez sean más escasos y, entre otras barreras, aparecen los diques con sus lagos. De a poco algunos se fueron poblando muy bien. Sé, por ejemplo, de bogas grandes en el enorme espejo de Yacyretá. Es cuestión de tomarles la mano e ir aprendiendo a pescarlos.

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Néstor Saavedra

Néstor Saavedra

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