Cómo son las nuevas horquillas para mountain bike

Nuevas bicicletas que están entrando a nuestro país cambian la tradicional horquilla de 65º por una de 68º. Diferencias. Nota con video.

Por

Después de varios años de disfrutar mi Merida TransMission llegó la hora de reemplazarla, y lo hice siguiendo el concepto “all mountain”, con un Merida One Twenty. El tema es que las similitudes quedaron ahí, es decir, en el concepto y en que ambas tienen dos ruedas. Es resto: aluminio de la vieja contra carbono de la nueva, rodado 26 vs 27,5; 140 mm de recorridos de suspensión contra 120 de la actual… Todos son cambios radicales.

Pero a pesar del menor peso, diferencia de rodado y un poco menos de altura y recorrido de suspensión, el principal cambio al rodar fue en el ángulo de avance de la rueda delantera. ¿Por qué? Porque un par de grados de inclinación en el diseño del cuadro permiten que la horquilla vaya más acostada, lo que varía radicalmente el comportamiento de la MTB.

Primero afecta directamente la posición de brazos y cuellos, algo que se puede trabajar con un stem con más ángulo y con un manillar ancho y de doble altura; pero al sentarse y empezar a rodar la diferencia es notoria. En teoría, un ángulo de dirección de 70-71° torna la bici muy nerviosa, ideal sobre todo en competencias, mientras que una MTB con inclinación de 65° o menos es más lenta de reacciones, pero mantiene mejor la trayectoria en lo recto y en descensos prolongados.

Un ángulo de 68° como tiene mi nueva adquisición está a mitad de camino entre ambos mundos: es nerviosa pero muy ágil y en senderos veloces se nota la sensibilidad que tiene al llamarla. Obviamente que si somos demasiado bruscos con el manillar, esa viveza de reacciones puede jugarnos en contra y terminar en el suelo. Ello se percibe también al saltar y caer con ambas ruedas a la vez, ya que el aterrizaje es más suave, aunque en ello también colabora la flexibilidad del cuadro de carbono.

La horquilla más lanzada respecto de su antecesora hace que prácticamente no podamos soltar el manillar, cuando lo común en recorridos largos es que sigamos pedaleando “sin manos” en algunos trechos fáciles para descansar unos minutos brazos y hombros. Pero con este ángulo de ataque… a olvidarse: apenas soltamos el manillar empieza a cabecear en forma incomoda. La única solución es tirar el cuerpo bien atrás para compensar, pero ojo si pisamos una piedrita con la rueda delantera porque la situación se puede complicar.

Cómo va en lo áspero

Más que bien. En trepadas de montaña de ángulo constante por ripio no se sienten diferencias, aunque sí en sendas técnicas y empinadas, donde exige tirar el cuerpo más adelante para dar tracción a la rueda delantera e, incluso, pararse sobre los pedales para ese último envión. Pero es algo que fluye naturalmente y uno lo realiza sin darse cuenta.
Aparte de las sendas rápidas, lo más notable es como baja… Realmente increíble. Veloz, sensible y segura, hasta hace parecer que la bici anterior tenía una quilla de 90°. Obviamente que en terrenos técnicos tendremos que sacar la cola del asiento y tirar el cuerpo hacia atrás, pero da una sensación de confianza superior: esa misma seguridad hace que bajemos mucho más rápido pero, a la vez, con estabilidad superior.
El hecho de probar muchas bicis aceleró mi proceso de sentir esta nueva geometría, ya casi estandarizada en modelos de enduro o free-ride. Pero no es difícil aclimatarse: ¡cualquiera se acostumbra a lo bueno!

Nota completa publicada en revista Weekend 534, marzo 2017.

Mirá el video:

Guardar

Temas en este artículo: , ,

Deja un comentario