A pedal entre Manzanares y Capilla del Señor

Todos los detalles de una excelente salida de un grupo de bikers donde desbordó la camaradería. Nota con video.

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Una de las claves en el auge del cicloturismo en nuestro país son los grupos que se vinculan mediante redes sociales para efectuar salidas de diversos niveles y dificultad, la mayoría gratuitas. Después del invierno frío y lluvioso que tuvimos en Buenos Aires, quería respirar aire fresco en una salida tranquila, por lo que me comuniqué con Eric Bernales, de San Miguel Cicloturismo (SMC). La idea era prenderme con ellos para conocer la zona de Manzanares y Capilla del Señor, que tienen relevada en su totalidad.

En las épocas de transición, como la de otoño e invierno que ya se va, mantener el equilibrio térmico es clave, ya que durante el día hay una gran amplitud térmica que nos afecta en nuestro rendimiento físico y en la salud si nos llegamos a enfriar. Personalmente llevaba calzas cortas, bermudas, jersey de ciclismo y una campera liviana (ambos de telas respirables), más un rompevientos con aireación en sitios claves como los laterales y parte interna de las mangas. Y el cuello multifunción, infaltable como siempre para proteger garganta y filtrar el aire helado.

Empecé a rodar con todos los “cierres levantados” y a medida que los músculos tomaron temperatura comencé a abrirlos. Pero al toque tuve más motivos para levantar calor: el camino de tierra empezó a tomar consistencia barrosa hasta transformarse en una deliciosa pista de mousse de 500 m de largo. Y para darle más emoción, alguna chata había dejado unos huellones terribles; así que fue cuestión de poner la transmisión liviana, embocarle a la huella y rogar de no caer.

Recorrido duro pero divertido

Nos tomó su tiempo pero lo que sería el primer tramo de barro lo pasamos bien. Lo divertido fue que 15 km después topamos con otro y tuvimos que bajar de las bicis y hacer trekking por un lindo trecho. En cuanto pudimos montar seguimos por el costado pastoso del camino, muy complicado por la cantidad de ramas y yuyos. Y lo peor pasó: desde 15 m escuché el “crac” metálico de algo roto y una pata de cambio claudicó. Una rama había sido la causante de la rotura y Ezequiel se puso a repararla al instante.

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Pedaleando en grupo, todo el tiempo se aprovecha. Mientras se reparaba la bici, algunos nos quitamos algo de ropa, comimos turrón y en breve seguimos rodando. Alternando sectores de tierra dura y otros con barro y huellones, cruzamos las rutas 6 y 192 para encontrarnos, en las cercanías de la estación Etchegoyen, con un tramo terrible de barro, más complicado porque el terreno era arcilloso. A diferencia del barro común que sale despedido en cuanto rodamos, esta mezcla infernal se adhiere a las ruedas, al cuadro y la transmisión. No hay otra solución que sacarlo o cargar la bici.
Así que Victorinox en mano empezamos a tallar espátulas con ramas cercanas y alivianar nuestras monturas. La verdad que nos llevó un buen rato, pero el clima de camaradería lo hizo tolerable. Por suerte sería el último tramo bravo, después de eso todo resultaría light y en cuanto tuvimos camino franco salimos a pleno. Ocurre que al ir en terreno pesado las piernas se cargan y al rodar sin tanta resistencia se liberan y salimos disparados sin darnos cuenta.

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Casi al llegar a Capilla nos topamos con una larga caravana de cuatris y motos que frenaron su marcha para no levantar polvo y saludarnos al pasar. Un rato después entramos a la centenaria ciudad y nos encaminamos a la estación de FF.CC. Mitre para almorzar. La mayoría ya llevábamos nuestra vianda, un minimercado y verdulería nos proveyeron de los faltantes y luego de elongar arrasamos con toda la comida.

Sol en el horizonte

Con los amigos de San Miguel Cicloturismo tenemos muchas rodadas juntos. Ellos nacieron como grupo en el 2012 y desde entonces efectúan varias salidas semanales gratuitas, de distintos niveles y exigencias, con grupos de entre 13 y 25 bikers por propuesta.
Pero no solo fomentan el uso de la bici, la utilizan para efectuar colectas y llevar las donaciones a instituciones necesitadas de la zona. Con muchos coordinadores, todos enlazados con handies y con miles de kilómetros rodados, las salidas con “Los SMC” son una garantía de satisfacción para mí y muchos bikers más.

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Sin sobremesa para escaparnos de la fiaca, montamos nuevamente y Seba, el “navegador oficial”, nos llevó a visitar varias casonas centenarias y el nuevo parque sobre el arroyo De la Cruz, antes de tomar la ruta 39.
Pero por un breve tramo bajamos a nuestra amada tierra y enfilamos hacia la zona de Pilar, con un sol delicioso que nos permitió –después de meses de frío– sacarnos los rompevientos y quedar solo con el jersey. A un ritmo de 20 km/h pasamos de pedalear en zona de countrys al asfalto de un Parque Industrial, por lo que extremamos los recaudos por los camiones. Con el uso de los handies nos alertábamos con un “coche desde atrás” a “camión de frente” y el grupo se amuchaba.

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Desandamos los últimos kilómetros con el sol cayendo en el horizonte, disfrutando la camaradería. Visto desde afuera, formábamos un mix complejo: 18 bikers de ambos sexos, de entre 25 a 71 años, con profesiones diferentes y distinto nivel económico, con miles de kilómetros pedaleados o recién estrenando bici, con mtb’s rígidas, semirrígidas o doble suspensión, algunas nuevas y otra de 1998, hasta parece imposible que un grupo tan variado y muchos sin conocerse hayan desarrollado un feeling tan cercano en 80 km de pedaleada. Es la esencia del cicloturismo.

Nota publicada en Weekend 528, septiembre de 2016, ¡buscala en tu kiosco más cercano!bike-manzanares-5

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