Wednesday 29 de May de 2024
PESCA | 29-04-2023 10:00

Hermosos surubíes de luna llena en Goya y con un Paraná caudaloso

Visitamos Goya en la previa a la Fiesta Nacional del Surubí. Debido al calor intenso, pescamos de noche en este río y en El Soto. Después de varios meses de sequía, el cauce había crecido y se encontraba irreconocible. Galería de fotos de una pesca inolvidable.
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Seguimos en modo mundial y para eso tuvimos que llegar a Goya, Corrientes, donde se realiza en estos días la edición número 46 de la Fiesta Nacional del Surubí, nuestro mundial de pesca, hasta el 30 de abril con numerosos shows musicales, elección de la reina, gastronomía en general, paseos y todo lo que ofrece el predio Costa Surubí. Pero la verdad es que queríamos saber cómo estaba el río Paraná a esa altura y así nos pusimos en contacto con Pedro Sa, presidente de Co.Mu.Pe. (Comision Municipal Permanente de Pesca), y con Javier Enrique, guía y propietario de Campamento La Amistad, quienes en conjunto se brindaron al ciento por ciento para que todo saliera de mil maravillas. Con Pedro veníamos hablando de todo lo que se está armando, del ambiente festivo y de cómo se preparaba Goya para recibir a más de 50.000 personas durante una semana. Y con Javier hablamos solamente de pesca, la situación del río, el pique y cómo va creciendo su lodge ubicado sobre el arroyo El Soto, lugar emblemático con las mejores comodidades. 

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Se terminaron las charlas y llegó el momento de preparar todo, buscar el día y llegarnos hasta este paraíso correntino. Obviamente, la idea era pescar solo surubíes en la cancha del concurso, para lo cual llevamos cañas de entre 2,10 y 2,50 m de largo de acción de punta, reeles rotativos y/o de bajo perfil cargados algunos con nylon de 0,45 mm y otros con multifilamento de 40 lb (1 lb = 0,453 kg). También varios plomos corredizos de entre 20 y 80 g, preferentemente redondos, y anzuelos 7/0 al 9/0 atados con cable de acero de 50 lb, no porque haga falta con el surubí, sino por la posibilidad de pique de algún dorado. Si se preguntan si se puede usar plomos con ganchito... sí, se puede, solo debemos agregar un mosquetón con esmerillón en el pedacito de nylon/chicote donde corre la plomada. Como carnada solo morena en todos sus tamaños: chica, botellona y mamacha. Teníamos el lugar, el parador y todo lo teórico para la pesca, solo nos restaba subir al auto y emprender el viaje. 
En esta oportunidad me acompañó mi amigo Luis Chichi Yañez. Y bien de madrugada, para esquivar un poquito, solo un poquito, el calor agobiante que nos venía azotando desde varios días atrás, emprendimos nuestro viaje. Sinceramente, no hubo mucho tráfico. Antes de llegar pasamos por Esquina a visitar a unos amigos y, sin hacer locuras, llegamos en tiempo y forma a la rotonda de ingreso de la ciudad de Goya. Nos pusimos en contacto con Javier y Pedro, fuimos hasta la guardería y cargamos los bártulos en las dos lanchas que nos llevarían hasta Campamento La Amistad. Es un viaje de 40 minutos aproximadamente, navegando el río Paraná y entrando al Guarapo para desembocar en El Soto. En esta oportunidad el Paraná estaba muy alto, casi irreconocible tras lo que venía viviendo a causa de la sequía. 

Días agobiantes 

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Hacía muchísimo calor, por lo que decidimos bajar en el campamento, preparar todo y esperar a que cayera el sol para salir a hacer una pesca nocturna. Todos los muchachos encargados de la isla nos esperaban con bebidas frescas y un fuego incipiente que prometía una rica cena para después de pescar. Mientras esperábamos el momento me puse a charlar un rato con Pedro Sa acerca de su programa Bitácora del Litoral, sinónimo de buenas vibras entre los pescadores. En eso escuchamos al guía decir: “¿Van a tardar mucho? Porque yo me voy a pescar...”. Subimos a las lanchas y fuimos a recorrer pesqueros sobre El Soto. 
Anclamos, encarnamos la morena y líneas al agua. Les cuento que mientras estábamos tirando la tercera caña ya nos había picado un lindo cachorrito de surubí, al toque. “Yo se los anticipé -nos decía Javier- hay mucho pique”. Así se fueron sucediendo varias capturas simultáneas, casi en espejo le pasaba lo mismo a otra lancha amiga que estaba cerca de nosotros. Pasado un rato, levantamos el ancla y nos fuimos hacia el Paraná para buscar alguna zona que nos permitiera anclar y tentar algún surubí. Como ya dijimos, el río estaba muy crecido y dificultaba encontrar buenos veriles. La luna iluminaba todo: estábamos pescando en una postal. Los piques fueron más esporádicos que dentro del delta, pero salieron algunos que llegaron al metro de largo y a unos 8 o 9 kg de peso. 

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No hacía ni dos horas que estábamos pescando y la verdad es que ya teníamos todas las fotos que necesitábamos, por lo que decidimos volver al campamento para una rica cena. ¡Ah! La cantidad de bichos que había durante la pesca no se las puedo explicar, insoportables. Solo los aguantamos por y para la pesca. Tras el regreso disfrutamos de una cena muy amena y uno de los pescadores que no había tenido mucha suerte y fue blanco de varias cargadas pidió salir un ratito más para revertir la racha. Así fue como nos cruzamos de orilla y al borde de la laguna La Colacha volvimos a tirar el ancla, a pelear contra los bichos y a encarnar para una nueva pesca. Enseguida volvieron a picar los surubíes, no eran grandes, pero sí abundantes, así que se avisora una hermosa fiesta. 

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Julio Pollero

Julio Pollero

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