Lunes 26 de febrero de 2024
PESCA | 23-04-2023 15:00

Ráfagas de piques constantes cerca de Chascomús

A pocos kilómetros de la Capital Federal, laguna La Nueva es un ámbito casi virgen que está poblado de pejerreyes que llegan a los 55 cm. De yapa, tarariras de más de 3 kilos. Dos especies codiciadas en tiempos de escasez a causa de la sequía.
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Laguna La Nueva es un ámbito muy cercano y atractivo para los porteños, debido a que se ubica a solo 140 km de la Capital Federal. Se trata de un espejo de casi 170 hectáreas con una particularidad que hoy es la más buscada: se encuentra con abundante cantidad de agua y muy bien poblado de pejerreyes en estado salvaje, es decir, muy combativos. Un detalle más: también aloja tarariras de gran porte, por lo que se puede realizar una doble jornada piscatoria con excelentes resultados. En síntesis: en estos momentos La Nueva (o San Jorge) tiene lo que casi ninguna otra laguna puede ofrecer: agua, pejerreyes y taruchas.
Desde la morfología, el lugar está rodeado de espadañas y juncos emergentes que conforman un magnífico laberinto de calles de aguas cristalinas que permiten practicar la pesca deportiva de ambas especies mencionadas, a las que se suman dientudos, bagres y una hermosa cantidad de aves migratorias y otras variedades de la fauna autóctona: flamencos rosados, nutrias, patos silvestres y cormoranes, lo que suma un extra a la actividad y al paisaje. 
En esa geografía se mueve Luis Lynch con sus tres embarcaciones trucker: único concesionario habilitado en el predio y a quien hay que contactar en caso de ir en busca de estos matungos que quedaron exentos de los desastres que todavía ocasiona la sequía. Fue él quien premeditadamente nos dio la primicia de la temporada para este relevamiento. Los intentos en otros lados fallaron y son contadas las lagunas bonaerenses que permiten pescar algo. La mayoría están con poca o nada de agua y, aunque lleguen las lluvias, tardarán en recuperarse a pleno. Así que aún con días calurosos viajamos hasta Chascomús para intentar tarariras con cebos naturales y pejerreyes de 900 g o más, según nos habían prometido.

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A las 7 de la mañana nos encontramos con el guía Carlos Pérez, uno de los referentes de este ámbito y gran conocedor de la laguna. El opera semanalmente con aquella gente que pacta una guiada al espejo y la encuentra en el lugar indicado por teléfono: la estación de servicio que se ubica justo en el Km 120 de la Autovía 2. Luego del transbordo (optativo) de vehículo, subimos el puente de la ruta y ahí nomás, a la derecha, tenemos la entrada al pueblo de Chascomús y hacia la izquierda el camino rural de unos 17 km que lleva al campo privado donde se ubica la laguna La Nueva.
En el cómodo trucker de más de 7 m de eslora acomodé los equipos y abordé junto a Alberto, mi padre, quien me acompañó en esta ocasión. Como no es una laguna de mucha profundidad y la merma de agua también la afectó un poco, transitamos con un motor de 15 HP a fin de cuidar el lugar. La capacidad máxima habilitada en el espejo es de 4 pescadores embarcados. No se permite pescar de costa ni hacer fuego (para comer un asado, por ejemplo). Tampoco dejar residuos de ningún tipo: todo lo que se lleva, regresa.
Arriba de la embarcación, mientras navegábamos, armamos los equipos. Para pejerrey: cañas del estilo del Río de la Plata, de 4,20 y 4,30 m, reeles con multifilamento de 0,17 mm de diámetro y líneas de 3,50 m tres boyas chupetonas medianas de colores combinados –amarillas y negras– o estilo españolas. En cuanto a anzuelos, tamaño 1.0 de la Serie 5103 de buena marca. Un detalle muy importante a tener en cuenta es que el pejerrey de este ámbito tiene boca más chica que el de Río de la Plata, por eso hay que estar atento a la medida de los anzuelos y los engaños, que en esta ocasión fueron mojarras de tamaño mediano. Los equipos para tarariras quedarían para después.

Líneas al agua

El primer lugar que visitamos fue un juncal situado a donde moría el viento. En este espejo es clave que haya ráfagas de más de 20 km/h para que los piques se activen mejor. Así llegó la primera captura a manos del autor de esta nota: un robusto ejemplar de 700 gramos que dio una pelea sorprendente. Copo mediante pudimos izarlo a la embarcación, y a partir de ese momento cada 10 minutos íbamos capturando una pieza, no sin este truco: cada dos o tres ejemplares atrapados en el mismo sitio, cambiábamos de lugar mediante el botador de la caña del motor apagado para no hacer ruido.

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Con 10 piezas de más de 800 gramos todas seleccionadas, y algún que otro dientudo y bagre que también habíamos pinchado, decidimos hacer filet de dientudo y combinarlo con mojarra para ver si podíamos sacar algún ejemplar que superara el kilo de peso. Nuevamente cambiamos de lugar debido a que el viento era cada vez más fuerte del sector Este, a veces con ráfagas que superaban los 30 km/k. El sitio elegido fue el ojo del centro de la laguna, lugar propicio para realizar un garete y dejar que la embarcación derivara. Por tener el sol de frente cambiamos las boyas por otras de color negro mate y enseguida tanto Alberto como Carlos tuvieron una ráfaga de piques instantáneos y constantes de ejemplares que superaban el kilo de peso. En solo tres pasadas de garete cosecharon más de 14 piezas seleccionadas. 
Tras el almuerzo, a eso de las tres de la tarde, visitamos el último lugar que nos quedaba. El guía decía que era el más profundo de la laguna, de aguas claras y fondo de conchilla, alimento propicio para el pejerrey. Anclamos a unos 100 metros de la costa y decidimos tirar las líneas, que apenas tocaron el agua activaron un frenesí de piques contÍnuos de piezas increíbles que muchas veces venían en dobletes. ¡Hasta las tres cañas tuvieron piques al unísono!

La sorpresa del final

Un párrafo aparte merece la pesca de tarariras, una especie que no estábamos decididos a buscar, ya que está en la etapa final de desove en esta época. Pero debido a que tuvimos varios cortes de brazoladas en los sectores de juncales y corridas bruscas cuando nos arrimábamos a los callejones, armamos equipos de cañas cortas, de no más de 2,70 m de largo, con boyas del estilo Plop, líder de acero de 30 lb (1 lb = 453.5 g) y anzuelos 5-0. Como carnada, los mismos dientudos que habíamos pescado, pero cortados en tres partes. Ese combo nos permitió levantar tres piezas muy sanas de más de 2,5 kg de peso, las cuales fueron devueltas a su hábitat por la restricción que se está dando con esta especie en extinción.

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Podemos afirmar que la laguna La Nueva está muy bien poblada de piezas y portes que pueden sorprender tanto al pescador de pejerrey como a los amantes de la tararira. Sin duda, un magnífico ámbito gracias a la escasa presión de pesca y la organización que lleva a cabo su concesionario. Con la llegada del frío y la baja de las temperaturas otoñales, seguramente tendremos una excelente temporada de flechas de plata, al punto que me animo a anticipar que podrá ser uno de los espejos vedette del corredor de la Autovía 2, tanto por calidad como cantidad, a lo que se suma un entorno de inmensa tranquilidad y seguridad que no todos los pesqueros ofrecen.

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Gustavo Frontoni

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