#Weekender: otra forma de disfrutar de Nazca

La ciudad peruana tiene grandes atractivos arqueológicos que nos permiten conocer a las antiguas civilizaciones de la región.

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Las líneas de Nazca es uno de los mayores atractivos turísticos del Perú, por fuera del Valle Sagrado y Machu Picchu. Por lo tanto, es natural que sea uno de los principales motivos que tiene el viajero para llegar a dicha ciudad. Este habría sido nuestro caso, si no hubiéramos conocido a un guía y antropólogo que nos hizo la siguiente propuesta: el primer día visitaríamos los puquios de Cantalloc, la Aguja y Los Paredones; mientras que el segundo lo dedicaríamos al centro ceremonial de Cahuachi. Todos lugares de un gran valor arqueológico.

Nazca, situada en el desierto costero peruano, fue la sede de una cultura preincaica que floreció más de un milenio atrás. Para sobrevivir a la extrema aridez, esta civilización construyó los puquios de Cantalloc, primera parada propuesta por nuestro guía. El puquio es un pozo de forma espiralada, que tiene como fin captar los lechos de agua subterránea. En la actualidad hay treinta y dos funcionando; nosotros tuvimos la suerte de ver agua en el fondo de uno.

Dejamos atrás el acueducto y seguimos con nuestro itinerario. Más adelante nos topamos con una loma, por la que ascendimos hasta alcanzar un lugar de una increíble vista panorámica, desde el cual se podía ver el geoglifo de La Aguja

Piedras, adobe y huesos

Un geoglifo es una marca trazada en el suelo o en la ladera de un cerro mediante la acumulación de piedras, cuyo color la distingue del fondo sobre el que se apoyan. La Aguja consiste en una línea y un trapezoide que dan la idea de la aguja y el ojo. Según diferentes investigadores, estas marcas están relacionadas con la ubicación de aguas subterráneas.

Tras disfrutar de este curioso paraje, fuimos conducidos hasta Los Paredones, un antiguo centro administrativo incaico. Entre las edificaciones que todavía se mantienen en pie, pudimos apreciar cómo los incas adaptaron su cultura al desierto. En vez de bloques de piedras, las construcciones eran principalmente de adobe .

Después de este recorrido llegó lo más interesante de la visita. Al lado de Los Paredones hay una vivienda modesta, a la que fuimos conducidos por el guía. Tras saludar a los propietarios, nos invitaron a pasar a un galpón común y corriente, como los que se utilizan para guardar herramientas. Pero en su interior no había herramientas ni nada por el estilo, solo había restos humanos, algunos incluso hasta dentro de vasijas. También había niños, con sus ropas conservadas gracias a la sequedad del clima; pero lo más impactante estaba en la parte más alta del galpón: un cráneo humano del que salían tupidos cabellos, divididos en dos larguísimas colas. Todo esto había sido encontrado en la zona.

Así dimos fin al primer día de nuestro tour. El segundo, como ya se ha dicho, estaba reservado al centro ceremonial de Cahuachi.

Las líneas son lo más conocido de Nazca, pero hay que tener en cuenta que no fueron construidas por extraterrestres, como se intentó hacer creer en algún momento. Lo hizo una civilización que vivió en la zona y cuyo centro político y religioso era Cahuachi.

Para llegar tuvimos que adentrarnos en la pampa, un desierto apenas interrumpido por viviendas aisladas y bosquecillos de huarango, árbol de la familia del algarrobo. La ruta a seguir consistía en huellas difíciles de ubicar para quien no era del lugar.

En un alto en nuestro camino, tras subir una loma, encontramos en el piso restos de huesos, cerámica y textiles. Despojos de los saqueadores de tumbas, mejor conocidos como huaqueros.

Luego de soportar el desierto y el sol, llegamos a Cahuachi y a su Gran Pirámide, que es el centro ceremonial más grande del mundo. Para dar una idea de su tamaño, desde 1983 el CISRAP (Centro Italiano de Estudios e Investigaciones Arqueológicas Precolombinas) está excavándolo, pero hasta ahora sólo descubrió el 2 % de su estructura.

Terminamos la visita y retornamos a Nazca para almorzar y disfrutar de la exquisita gastronomía peruana. Después dimos lugar al reparador descanso, en donde se asentaron las vivencias del viaje y se dio forma a una conclusión final: tras conocer las líneas de Nazca, estimado lector, dedíquese a conocer los otros atractivos de la zona. Seguramente superarán su imaginación.

Por Andrés Mogni

Nota completa en Revista Weekend del mes Septiembre 2018 (edicion 552)

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