Expedición Atlantis: el hombre pudo

A 30 años de la mítica expedición, recordamos los momentos más emotivos junto a su capitán, Alfredo Barragán.

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Cinco amigos se lanzaron a efrentar el bravo Atlántico y se bañaron de gloria. FOTO: Félix Arrieta y Alfredo Barragán. [ Ver fotogalería ]

El trucker de la marina venezolana se sacude con las olas, los pocos ocupantes están tan inquietos como el mar. Hace horas que buscan un mástil en el horizonte, sin demasiado éxito. La angustia se siente con fuerza en la panza, las palabras van y vienen por la radio, pero no aparecen. A lo lejos, un palo y alguien arriba sacudiendo la mano con fuerza. “¡Son ellos”, gritaron e impulsaron la embarcación con violencia.

Minutos más tarde, el cabinado se encontraba amarrado a los enormes troncos de madera balsa, de más de 6 m de diámetro. El abrazo entre los hermanos Federico y Alfredo Barragán dio la vuelta a la tierra, entre lágrimas celebraban de antemano la gran
hazaña. Perdidos en ese sentimiento, no escucharon la radio que a todo volumen gritaba preguntando si había alguien ahí.

Desde Dolores, el pueblo de los Barragán, llamaban queriendo saber si ambos se habían encontrado: “Dale Flaco, atendé la radio”, reclamaba a Alfredo, el mayor de los hermanos desde el sur de Buenos Aires. “No soy el Flaco, soy Federico, acá están todos bien, llegaron bien”. Cuatro años después de comenzar el proyecto, la expedición Atlantis se encontraba a un día de Venezuela y la gloria eterna.

Una idea, un sueño 
Hay quienes dicen que nada puede contener a los seres humanos emprendedores, y Alfredo Barragán es una de esas personas. Se considera un expedicionario con todas las letras (tiene con qué demostrarlo), y junto a algunos miembros del Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación (CADEI) navegó por primera vez el río Colorado desde la cordillera al mar, escaló el Aconcagua en varias ocasiones y hasta cruzó un mar en kayak.

Desde que leyó Kon Tiki, en su infancia, lo cautivaron las balsas. Aquella embarcación había llevado al noruego Thor Heyerdahl desde Sudamérica hasta la Polinesia, en 1947. El capitán de esa expedición sostuvo que los americanos habrían navegado hasta las costas de Oceanía en una precaria embarcación, impulsados sólo por los vientos y las corrientes predominantes del Pacífico.

Una idea similar golpeó a Barragán cuando conoció a las cabezas colosales de la cultura olmeca, que tiene rasgos africanos muy marcados. Entonces pensó que era posible que un grupo de africanos llegara, hace 3.500 años, impulsado por “esa cinta transportadora
que va de África a América: la corriente de las Canarias, luego la Norecuatorial, uno de cuyos motores son los vientos alisios”.

Fue en 1980 que se decidió por recrear esa navegación y al exponerlo ante sus compañeros de CADEI recibió el apoyo inmediato. A partir de entonces, todos dedicaron gran parte de su tiempo a construir ese sueño, una balsa de troncos sin motor ni timón, similar a la que habrían utilizado los africanos. Luego de cuatro años de intensa lucha, la balsa estaba lista y viajaba desde Mar del Plata, donde fue construida, hasta el puerto de Buenos Aires, desde donde la trasladarían a las Islas Canarias.

Nota publicada en la edición 509 de Weekend, febrero de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

9 de febrero de 2015

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