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El río volvió a nacer con gloria

Surubíes y dorados en el Paraná, en la zona de La Paz, en una nueva temporada para este ámbito tan particular. Galería de imágenes.

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Buscábamos un buen ámbito para realizar una pesca de surubíes y el diccionario imaginario de posibles destinos nos llevó al tradicional pesquero de La Paz, un lugar del río Paraná que siempre nos depara buenas y grandes sorpresas.

 

Las últimas semanas daban cuenta de un pique casi nulo, con el río muy alto, con mucha suciedad en suspensión y con todos los pesqueros más visitados cubiertos por la vegetación que bajaba desde el norte. Consultados nuestros amigos Adrián Béliz y Aníbal Bahler sobre cómo estaba la pesca, nos graficaron con mucha precisión: “Algo de surubí hay. Dorados no existen en mil kilómetros a la redonda”. Igualmente nos resolvimos a encarar la travesía.

 

Queríamos intentar la pesca con todas las modalidades posibles y para ello era imprescindible contar con varios equipos diferentes para cubrir las distintas alternativas.

 

Por las condiciones del río, la modalidad que más trabajo nos daría para capturar algún dorado u otra especie sería el fly, para el que necesitaríamos llevar cañas hasta 9 pies (1 pie=0,3048 m) para líneas 6 y 8; líneas de flote y otras de hundimiento rápido de hasta 300 grains; moscas en colores vivos (amarillo, rojo, naranja y negro) y líderes para atar entre las líneas y las moscas.

 

Para el bait casting y spinning emplearíamos equipos tradicionales para la pesca de la zona, que si bien no se caracteriza por los tamaños siempre aporta buena cantidad. Aunque, obviamente, no debemos descuidar el factor sorpresa en cuanto a la posibilidad de dar con algún buen ejemplar.

 

Las cañas no deben superar 1,80 m para poder trabajar tranquilos los señuelos, y si necesitamos lograr distancia podemos llevar alguna de 2,10 m. Reeles huevitos medianos con capacidad para 100 m de nylon de 0,35 mm o multifilamento de 40 libras (1 libra=453,59 g).

 

Siempre decimos que no hay que dejar ningún señuelo en casa, pero esta vez nos inclinamos más por los de profundidad debido a la altura del río y la escasa visibilidad. Sólo íbamos a poder unificar la pesca de trolling y la realizada a la espera con carnada natural, ambas usando cañas de hasta 2,50 m con acción de punta y reeles de tapa redonda con capacidad de carga de hasta 200 m de nylon o multifilamento.

 

Por lo conversado, el agua del río estaba sucia aún. Las posibilidades de pesca se daban mayoritariamente sobre los ríos principales, y en contados lugares se podría ingresar a alguna laguna interior o al corazón de la isla Curuzú Chalí para intentar desde allí.

 

Un domingo al mediodía partimos con destino a la ciudad de La Paz. Cuando llegamos al puerto paceño vimos arribar algunas embarcaciones con otros guías de la zona y fuimos a su encuentro para ver cómo había sido el día de pesca. Las respuestas no fueron alentadoras, pero teníamos cifradas esperanzas en la experiencia de nuestros guías.

 

 

Estar pescando

 

 

Arribamos a la Posta Surubí para charlar con Adrián y Aníbal y programar los días de pesca. Nuestros amigos nos dijeron que la cosa estaba difícil, pero que no tuviéramos dudas de que íbamos a pescar y podríamos plasmar nuestro objetivo que era mostrar que la pesca estaba resurgiendo en el río Paraná.

 

Acomodamos todo en las cómodas habitaciones del lugar y cruzamos de vereda para cenar plácidamente en el Restó La Canoa, donde analizaríamos los pasos a seguir durante la jornada siguiente.

 

Eran las 7 am cuando desde la ventana de nuestra pieza vimos bajar a los guías cargando –entre otras cosas– los baldes con carnada viva (morenas y cascarudos). Ahí nos dimos cuenta de que nuestra pesca había comenzado, porque lo importante no es pescar, sino estar pescando.

 

Cargamos todo en ambas lanchas y salimos a cubrir diferentes pesqueros, pero con la idea fija de dar con los buenos cachorros de surubí que andaban por la zona.

 

Remontando el riacho Espinillo hicimos una parada en la corredera de Arzuaga, para ver si estaban los dorados. Probamos con carnada y artificiales pero seguían sin aparecer. Desde allí directo a una zona profunda con algunos veriles en la boca de Las Mulas… y comenzó nuestra buena jornada de pesca.

 

Encarnamos los anzuelos 9/0 con mamachas (morenas grandes) y otros con cascarudos para darle variedad. En la lancha de Aníbal, con un cascara de carnada levantaron el primer surubicito, que no tendría más de 3 kilos. Un buen comienzo del día. Toda la pesca se daba gareteando la zona y volviendo a remontar sobre el lugar.

 

Escuchamos un sapucay y nos dimos cuenta de que algo bueno se había prendido nuevamente: esta vez Pablo Sacco daba cuenta de un cachorro de unos 9 kg de peso. En nuestra lancha seguíamos en cero, hasta que Adrián Béliz frotó la lámpara y comenzó una sucesión de piques que nos demandaron toda la atención para darnos cuenta cómo estaba comiendo el surubí.

 

 

Técnica eficaz

 

 

La idea era arrojar el aparejo hacia el centro del río, y por causa de la deriva y la fuerza de la correntada (emparejada por el motor eléctrico que llevábamos en la proa) nos dirigíamos hacia la costa. Hay que apoyar el pulgar en el carrete y mantener contacto con la salida del nylon para evitar quedar enganchados en algún raigón sumergido.

 

Tuvimos un par de horas de piques continuos, con surubíes atigrados que tomaban con vehemencia la carnada natural y salían disparados hacia la profundidad. Realmente muy divertida la pesca y estábamos por demás satisfechos con los portes obtenidos. Todo esto sucedía solamente a la mañana, y nos quedaba intentar con los dorados luego de la parada técnica del mediodía en la isla.

 

Transcurrido el almuerzo, seguimos río arriba buscando aguas claras para probar con los dorados y llegamos hasta el Ingá, para luego entrar en el Guayquiraró, curso donde se veía menos suciedad en suspensión y con más posibilidades de pesca. Le entramos haciendo trolling a la zona y no obtuvimos ni una sola respuesta.

 

Luego intentamos con bait y spinning y seguíamos sin ver ni un dorado. Se probó también con fly y sólo se cobró un doradillo de unos 3 kilos. Difícil era lo único que se escuchaba decir entre los pescadores. Desde allí nos dirigimos hacia el interior del río Guayquiraró, donde se pudieron capturar dos ejemplares más, no muy grandes.

 

Uno picó haciendo bait, destacándose el guía Víctor Vicco con gran habilidad para manejar los señuelos, y el otro con carnada natural. En resumen, La Paz está ideal para la pesca del surubí, obteniendo buena cantidad y calidad para la zona. Y los dorados, con el correr de los días y acomodándose un poco más el río, tendremos mejores respuestas.

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 488 de Weekend, mayo de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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