Viernes 23 de abril de 2021
TURISMO | 03-03-2021 08:02

Mina La Carolina: buscando oro en la oscuridad de sus túneles

Un pueblo de paredes y calles de piedra, fundado por Sobremonte, es la puerta de entrada a una explotación que lleva más de 50 años inactiva. Una aventura para toda la familia que vale la pena disfrutar. Video de la experiencia.
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Ubicado a 238 km de Merlo, San Luis, el pintoresco pueblo La Carolina es un paseo muy recomendable para hacer en familia o en grupo por la aventura que conlleva. Para llegar por las rutas provinciales 9, 20 y 148, cruzaremos varios riachos en superficie. Tan solo al entrar al pueblo de 300 habitantes uno siente que viaja al pasado, al momento en que el Marqués de Sobremonte (a cargo de Córdoba del Tucumán) fundó el emplazamiento al saber de la existencia de una mina de oro. Entre 1792 y la actualidad hay pocas marcas del paso del tiempo. Es que los propios vecinos se encargaron de colocar las lajas que forman el pavimento para mantener el espíritu original. También reconstruyeron la preciosa iglesia de piedra (a simple vista se puede ver la parte agregada) y mantienen una vida tranquila en casas igualmente revestidas en piedra. Incluso los riachos que lo atraviesan no fueron desviados y para cruzarlos a pie hay que subir a modernos puentes que ofrecen una vista desde la altura de una zona que bien merece un safari fotográfico.

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Pero hay una actividad imperdible para hacer: adentrarse 300 metros en la mina de oro Buena Esperanza y alcanzar la profundidad de la explotación iluminados apenas por los focos de los cascos, mientras se chapotea en el agua que se acumuló con el tiempo (por eso proveen de botas de goma). A lo largo de una hora y media el guía va contando todos los secretos de la explotación. Realmente es sobrecogedor y adrenalínico a la vez. Con una temperatura de 18 °C permanentes, sin animales ni plantas en el interior, el visitante tiene que evitar tocar paredes y techo para preservar el interior que lleva 56 años abandonado.

Excavada a pico y pala hasta encontrar las vetas (cosa que hacían de manera transversal a la formación de las capas de roca), se perciben los minerales que tiene por sus diferentes colores: manganeso, óxido de hierro y azufre. Está ubicada debajo del cerro Tomolasta y en la visita se pueden ver los pasillos hechos por la mano del hombre y hasta la vía de escape vertical, instalada hacia la cima del cerro. No hace falta mucho esfuerzo para retrotraerse a los tiempos de la extracción de minerales, desde la época de la colonia y que a partir de 1880 quedó en manos de británicos (como La Mejicana en La Rioja). Sabemos que siempre se trabajó en condiciones paupérrimas y que por eso los mineros tenían un promedio de edad era de 30 a 35 años al morir: en esos tiempos no existían botas de goma ni ropa impermeable, no usaban guantes, cascos ni protectores auditivos que, sumado a la mala alimentación terminó por diezmarlos. En 1945 se hundió la montaña y en 1955 se abandonó definitivamente la explotación. Hoy solo algunos pirquineros intentan encontrar en los arroyos aledaños algún gramo de oro.

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Excursión a la Mina La Carolina, Huellas Turismo: adultos  $ 700 y niños $ 400.

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Patricia Daniele

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