Sábado 12 de junio de 2021
TURISMO | 12-08-2014 16:28

Merlo: postales de la Costa Comechingón

Un recorrido diferente por los alrededores de Merlo, para descubrir los atractivos de Carpintería, Papagallos, Los Molles, Piscu Yaco, Bajo de Véliz y Santa Rosa de Conlara.
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Están ahí, desgranándose en un hilado invisible tejido a la falda de las sierras que llegan desde Córdoba. De día se establecen uno a uno como postas hacia Merlo, cada cual con su historia, su pequeña o gran actividad. De noche, son puñados de lucecitas iluminando el esplendor de las laderas sobre la vieja RP1, abandonada a su suerte desde que la autopista conecta destinos centrales promocionados por la provincia. Pero qué vamos a decir nosotros de lo ridículo que suelen ser los límites políticos, si hasta aseguran que un tramo de estas sierras fueron jugadas a las cartas entre dos viejos gobernantes provinciales. Apenas si nos atrevemos a disfrutar no ya de los grandes destinos, sino del camino a ellos, algo que enaltece la Costa Comechigones, y sirve para abordar la historia y las raíces puntanas que cada uno de estos rinconcitos atesora.

Hasta Carpintería 

Arranca la mañana de viaje, y el fresco invernal se presenta sin matices en Villa Mercedes. El silencio y los marlos rojizos marcan los campos de maíz ya pelados sobre el acceso a la RP1, donde la Costa comienza. La Punilla es el primero de sus pueblos, dedicado a la agroproducción como casi todo aquí. Viejas chatas, maquinaria agrícola y

silos visten los paisajes camino a Palo Verde, El Sauce y El Recuerdo, reflejo del campo argentino que bien iría en una zamba. Poco después llega la primera sorpresa, el extenso campo de palmeras caranday que se reparte desde el pavimento a la sierra y anuncia la

bienvenida a Papagayos. Villa Larca, unos arroyitos, ondulaciones y ya estamos sobre Río Seco, San Miguel, Villa Elena, Los Molles y por fin nuestra base: Carpintería. Allí nos han recomendado las cabañas de Posta Raíces, cuyos propietarios son dos santafecinos que un día, como quien no quiere la cosa, pasaron por aquí y se enamoraron de estas sierras. “Ya van unos años y todavía no hemos terminado de recorrerlas. Son maravillosas, mirá: desde acá nomás podés hacer parapente y ala delta, subir por la cuesta caminando hasta Cerro Blanco, que era lo que hacían los antiguos pobladores que cruzaban a la mina de Pueblo Escondido. También hay cabalgatas, un monasterio, la Piedra de Luz y hasta un trencito. Hacia el Sur tenés el dique Piscu Yaco, y un poco más lejos Bajo de Véliz y sus restos arqueológicos”, dice Carina, presentando un panorama tan genial como imposible para el tiempo que estaremos aquí.

El Bajo y sus historias

Santa Rosa de Conlara es vecina de Merlo al noreste, y punto de partida para llegar al Parque Provincial Bajo de Véliz, nuestra primera visita. Creado para resguardar los 12 kilómetros de formación de la Era Paleozoica –unos 286 millones de años atrás–, es un sitio de gran valor por sus paredones de laja San Luis, una suerte de hojaldre milenario que ha dejado rastros sorprendentes: en sus capas están las distintas etapas de la tierra, sus procesos geológicos y biológicos. Y en algunas de ellas se ha encontrado el insecto fósil más grande del mundo, una araña gigante de casi 60 centímetros de longitud.

Nota publicada en la edición 503 de Weekend, agosto de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

12 de agosto de 2014

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Pablo Donadío

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