Wednesday 28 de February de 2024
PESCA | 04-02-2024 10:00

Río Paraná: bogas del Palmas

En un río presionado y en donde las noches son una franja a tener muy en cuenta, las grandes damas del río dicen presente en aguas profundas.
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El Paraná de las Palmas es un río de humores. Con mucha presión humana marcada por industrias en sus orillas y una fuerte carga de navegación fluvial, la pesca en este curso de agua cercano no es fácil, pero tiene sus vericuetos para lograrle trofeos en las cuatro estaciones. Y este verano que está a pleno, la mejor opción es tentar sus grandes bogas, que en ocasiones pueden llegar a los 6 kilos. Pero, como dijimos, es un río cambiante, caprichoso, donde a una jornada de aguas calmas y pique exitoso le sucede otra con río bajando fuerte y una superficie tapiada de islas de camalotes que hace insufrible todos los intentos.
Esta variabilidad hace que los pescadores de la zona estén atentos a la condición del río para aprovecharlo cuando sea oportuno. Su cercanía a los ámbitos de pesca permite que los locales puedan aprovechar ambas franjas, diurna y nocturna, pues en los intentos con los omnívoros (bogas y carpas, que son parte del menú habitual) rinde muy bien en los dos horarios.

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El visitante, en cambio, deberá estar en contacto con su guía de confianza y dispuesto a un viaje veloz ante el ansiado “venite” de nuestro referente amigo. Y tras varias salidas canceladas a último momento, llegó la llamada de nuestro guía local: Fabio Rodríguez, popularmente conocido como El Pupi, quien guarda su lancha en el Boat Club de Campana, y hacia allí fuimos. 
Se sumó a la partida otro gran pescador vecino, pues es de Zárate, el creador de líneas Alep, Alejandro Pérez. Y precisamente en la confección de aparejos y plomos a usar está una de las tantas claves de esta pesca que se viene dando muy bien.

Los equipos

Para batallar con bogas de hasta 6 kilos o carpas de dos cifras se usan cañas potentes, de mínimo 25 libras (1 lb = 0,493 kg) de resistencia, de 2,10 a 2,50 m, preferentemente para rotativos (aunque no quiere decir que con frontal no se pueda) acordes al largo de una línea que se extenderá para mejores resultados entre el metro cincuenta y el metro ochenta. A menos que el agua corra poco, que es la situación menos frecuente, no acortaremos ese largo. Las líneas se hacen con un rotor en T del que sale una brazolada rematada en un esmerillón. A dicho esmerillón le atamos tres bajaditas con anzuelos de muy buena calidad. Pueden ser los Maruseigo 18 o un Chinu 1/0 o 2/0. En mi caso fue el Mustad Big Gun en número 4 (o 2 si hay pescado de tamaño considerable). Estos anzuelos grandes son los que garantizan no perder el pescado en una actividad que suele ser de pocos piques y no hay que errar. Las tanzas de brazoladas deben ser del 0, 60 como mínimo. Si en el reel tenemos multifilamento, que sea del 0, 20, nunca más grueso, para cortar bien el agua en una pesca a profundidad. Pero debemos sí o sí empalmar una salida de 6 a 8 m de nailon para amortiguar el impacto de los cabezazos y buceos de las bogas. Si usamos multi directo, probablemente desgarremos su labio al clavarlas o en la pelea. 

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Los guías, por lo general, prefieren nailon del 0,35 o 0,40. Pero la diferencia sustancial es que, con el multi, se usa menos plomo, mientras que con nailon es probable que tengamos que utilizar plomadas de hasta 180 g; con multi podemos bajar hasta 50 g. Otra ventaja a favor del multifilamento es no agarrar tanta mugre. Y hablando de plomos, el uso de plomadas con ganchos de alambre permite pescar con menos peso que si no los tuviera. La pesca se hace buscando profundidades de 8 a 17 m, con mayor regularidad entre 12 y 15 m. Fondear aquí requiere de un ancla tipo grampín bien pesado, con no menos de 60 m de cabo. Con menos soga no vamos a anclar en buena profundidad.
Se usa para cebar una bolsa de cebolla llena de maíz (normalmente se le echa un tacho de 20 litros) y esa bolsa, con un par de tajos para que desgrane, se baja a una profundidad que esté a 3 o 4 m arriba del ancla. Eso va cebando por debajo de la lancha. Otra alternativa es tirar un muerto (peso) bajo la lancha, con la bolsa atada. Ahí la tenemos más cerca, pero este método tiene el inconveniente de que si se acaba el maíz, no nos enteramos, y entonces la bolsa se levanta y es generadora de enganches cuando uno está peleando un pescado. Otra tercera opción es tirar el bidón del ancla y mandarnos río arriba unos 80 m, para ir tirando el maíz en forma de abanico y deseando que fondee en la zona de pesca. Pero este método es más aleatorio, mientras que los anteriores focalizan mejor la concentración de granos.
Tras la ceba, viene la espera. Normalmente, cuando empieza a parar el agua y se comienza a mover en creciente, el pique se activa. Cuando baja es más difícil y además se suma el inconveniente de los camalotes y basuras del fondo, que empiezan a enredarse en las líneas de pesca. Es por eso que, de noche, donde suele darse la creciente, pueden hacerse mejores pescas, pero ésto no es por la luz sino por la marea.

Encarnes

Lo ideal es usar como carnada maíz bien podrido, llenando el anzuelo de granos enhebrados por la parte blanda. “A veces lo ponemos a remojar en julio para que esté listo para noviembre”, cuenta Alejandro Pérez, que lo deja fermentar “al rayo del sol”. 
También hay momentos en que se usa una masa de harina y semitín, pero casi siempre los pescadores la evitan por ser muy apreciada por los bagres. Por el mismo motivo se evitan carnadas que en otros lados rinden pero aquí resultan demasiado tentadoras para los bigotudos, como el salamín, el corazón o las postas de sábalo. Si con maíz se prenden bagres igual, con estas carnadas alternativas la presencia de indeseados bagres se multiplica. Usando sólo maíz, carpas o bogas serán por lo general las que piquen. 
Contar con un copo grande es fundamental, casi tanto como la pericia de quien lo opera –que normalmente es el guía– para saber el momento exacto en el que hay que hacer el boneteo, como le dicen los locales a la acción de copear una pieza.

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Por último, en cuanto a lugares, cabe destacar que en la primera mitad del verano, normalmente la pesca está más recostada del lado de la ciudad, mientras que a fin de temporada la zona de islas, cruzando el río, será más rendidoras. Además de los clásicos de embarcados como “los 500” o el área frente al Campana Boat Club, se pueden hacer exitosos intentos costeros en el muelle público de Campana (de acceso libre y ubicado en el paseo costanero), en el muelle del Boat Club (exclusivo para socios) o en la costanera de Zárate. Otra opción es efectuar el cruce hasta el pesquero del Negro Flores, sobre la costa de enfrente a Campana, donde hay un extenso muelle cebado.

Los meses fuertes para la pesca de bogas son noviembre y diciembre (que en esta temporada fueron muy irregulares desde lo climatológico) y luego febrero y marzo, cuando la temporada ya está bien instalada (y si hay calor, hasta fines de abril). Así que, vaya agendando Campana como destino de pesca, que lo mejor está por venir. 

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Wilmar Merino

Wilmar Merino

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