Friday 14 de June de 2024
PESCA | 03-02-2024 10:00

Después de la tormenta, El Pescado

Por primera vez visitamos este arroyo, próximo a La Balandra, en La Plata. Un ámbito público con tarariras de hasta 2,5 kg que se pescan desde la orilla. Lluvia o sudestada es fundamental antes de ir.
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El desafío de buscar ámbitos cercanos y de libre acceso nuevamente dio resultados positivos: por primera vez visitamos el arroyo El Pescado, situado en el partido de La Plata a muy pocos kilómetros de la autopista, más precisamente en la localidad de La Balandra. Se trata de un curso que vierte sus aguas en el Río de la Plata a la altura de lo que los pescadores denominamos Palo Blanco, una referencia muy conocida, ya que durante varias temporadas fue noticia en el ambiente debido a la falta de agua a causa de las escasas precipitaciones, cuando siempre se trató de una zona muy rendidora. Sin embargo, en el último tiempo sus niveles se fueron incrementando gracias al aporte de las lluvias y de la sudestada que afectó la región a fines de diciembre, lo que llevó a los desbordes tarariras magníficas en una época de marcada escasez de la especie. Y allí fuimos junto a nuestro amigo y referente local Hugo Di Marco, además de la compañía de otro especialista como Laureano Peralta, y de mi padre, Alberto, fanático de la pesca en general y de las taruchas en particular.

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Arribamos al arroyo El Pescado a las 10 de la mañana, con un día que se presentaba muy caluroso y sin viento. Dejamos nuestros vehículos a la vera de la Ruta Provincial 11, bajo la sombra de unos eucaliptos, y armamos los equipos: unos con carnada y otros (de la margen izquierda de la ruta) con artificiales. 

Amplio y gratuito 

La idea era probar este ámbito de más de 700 m de costa para pescarlo sin entrar en propiedades privadas cercadas con alambre. Y bien que valió la pena: bastaron apenas 30 minutos para dar con las primeras tarariras. ¿Los engaños? Señuelos del estilo ranas artificiales con antienganche, lastradas con plomos de 5 gramos para que profundizaran al ras del fondo y tentarlas por si se encontraban aletargadas.
Antes de concurrir es importante destacar que la especie está en veda por el segundo desove y solamente se puede pescar los días sábado, domingo y los feriados, siempre con devolución obligatoria y permiso de pesca de la provincia de Buenos Aires. 

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Esta limitación rige desde el 1 de diciembre y va hasta el 1 de febrero, ya que la especie se encuentra anidando para reproducirse y se la pesca porque ataca por instinto para defender los nidos que tanto el macho como la hembra protegen, por lo que se tornan muy agresivos. La táctica es ir tirando y recogiendo despacio cada 5 metros, en busca de los lugares más efectivos.
Con semejante diversión el mediodía llegó pronto, y en el haber ya teníamos varios ejemplares devueltos, tanto con señuelos como con carnada y boyas Plop. Así que nos merecíamos el premio:  juntarnos los 4 para almorzar una rica parrillada que Gustavo cocinó mientras nos augurábamos un excelente 2024. Como no podía ser de otra forma, intercambiamos ideas y comentarios del lugar, y charlamos también acerca del ejemplar más grande de la mañana, que superó el kilo y medio de peso y lo pescamos utilizando dientudo fresco como carnada y una boya Plop de madera con brazolada corta, a no más de 20 cm de profundidad, con un anzuelo ecológico del tipo offset para su correcta devolución.

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Esperamos hasta las tres para volver al ruedo. Tras hidratarnos y descansar un rato, salimos todos juntos para el mismo lado: hacia el lugar del río que por la mañana había resultado más efectivo por la cantidad de piques. Nuevamente artificiales antienganches al agua, decisión casi unánime por la vegetación y la cola de zorro que tenía el arroyo en una zona de desborde tipo explayado con buena profundidad, que nos permitió lances más largos y certeros, lo que generó un raid de piques de todos los tamaños. Como salían tantas, para probar también las engañamos con carnada y boyas, y tampoco le hicieron asco. El resultado era el mismo. Se las veía combativas y furiosas. Y también de muy buen porte: llegamos a pesar una que en el bogagrip acusó 2,600 kilos, pero por la contextura consideramos que erramos varios piques que superaban los tres kilos y que se nos escaparon de los señuelos a causa de que la misma vegetación genera obstáculos que favorecen al pez. 
La cola de zorro, por ejemplo, facilita que el anzuelo se enrede y la tarucha se desprenda. De todas formas estábamos más que satisfechos: llevábamos más de 18 piques concretados y devueltos al ámbito, por lo que a las seis de la tarde emprendimos la retirada. Habíamos descubierto un lugar a pocos kilómetros de la Capital Federal que estaba muy bien poblado de robustos ejemplares.

El dato

Antes de visitar El Pescado, recabar información del lugar, porque resultan fundamentales las precipitaciones previas y/o sudestadas que le aporten agua y alimento para que el pique se mantenga. No sólo se trata de desbordes, sino también de que se críen en el lugar ranas, tosqueros, camarones, mojarras y bagres de portes chicos que se extraen de allí para utilizar como carnada, ya que son alimento habitual de las taruchas. 

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Otro dato fundamental es ir con ropa fresca y de manga larga. Hace mucho calor, no hay sombra y el sol pega fuerte. Infaltables: repelente para los mosquitos, pañuelos tipo buff, sombreros de ala ancha y mucho cuidado: nosotros sufrimos picaduras de orugas de penacho, que son frecuentes en estos ámbitos vírgenes y que se deben a la gran vegetación y árboles de la zona. Finalmente, considerar que se trata de un lugar público, por lo que no hay servicios de ningún tipo: tomar las precauciones necesarias para que el día de pesca sea agradable.

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Gustavo Frontoni

Gustavo Frontoni

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