Friday 24 de May de 2024
PESCA | 13-09-2023 15:14

Cuenta regresiva para el inicio de la temporada taruchera

Es una de las especies más deportivas y la reina de las lagunas bonaerenses cuando se afirma el calor. Para llegar a adultas, deben enfrentar muchas adversidades. La importancia de devolverlas al agua. Por: Luis Osvaldo Ventimiglia.  
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Hoy hablaremos un poco de la tararira, especie que cuando comienza la primavera y calienta un poco el agua de lagunas, canales, ríos y embalses, comienza a activarse. Habita en muchos países latinoamericanos, entre ellos, en la Argentina, donde la disfrutamos. Pasan mucho tiempo en reposo y se alimentan, luego de invernar, de una dieta muy variada que incluye peces, pájaros, roedores, anfibios, insectos y camarones, entre otras tentaciones que se encuentran. Son muy violentas a la hora de cazar, con mandíbulas muy fuertes y dientes potentes, muy filosos. De cabeza cuadrada, con aspecto prehistórico y muy territoriales, llegan a vivir entre ocho y doce años, aunque se han detectado en las Amazonas, de hasta veinte años de edad. Es puro músculo nadando, lo que la hace muy veloz, y la encontramos en colores muy variados, que van en la gama de marrones, verdes hasta azuladas.

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Su veda se extenderá en la provincia de Buenos Aires desde el primer día de noviembre de este 2023 hasta el 31 de diciembre. Durante este período se puede pescar los sábados, domingos y feriados con devolución obligatoria e inmediata en el lugar de captura de todas las piezas logradas. Sin embargo, antes de esa fecha y posterior al 1 de enero del 2024, se podrán sacrificar tres piezas por pescador, siempre que superen la medida mínima que es de 40 cm. Aquí, vamos a hacer un punto y aparte, y explicar las razones por la que invitamos a todos los pescadores a que se sumen al lema: “Tarucha siempre al agua”, es decir, devolver el cien por ciento de las piezas de esta noble y combativa especie. 

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En principio, hay que mencionar que la tararira desova, en promedio, cuatro veces menos que el pejerrey, sin contar con que este último se siembra en casi todas las lagunas, cosa que no sucede con las Hoplias. A su vez, hay que contar la problemática natural que tiene la especie, lo que contaremos a continuación: la tararira, con la llegada de la primavera, el aumento de la luz solar, y la temperatura tanto del ambiente como del agua, arranca con su comportamiento reproductivo inicial, llamado “cortejo sexual”. Allí el macho mantiene sus aletas erguidas y se roza constantemente con la hembra, en la superficie del agua. En una zona predeterminada, comenzará a excavar y allí realizar el nido, de forma redonda y generalmente rodeado de vegetación para su protección. Ahí, la hembra desova y el macho fecunda sus huevos. Tras este acto, el macho se queda cuidando el nido, con movimientos constantes de las aletas oxigenando el agua, mientras la hembra defiende el nido de posibles agresores, un poco alejada del mismo.

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Al pasar los días, eclosionan los huevos y los padres se alejan. Nacen miles de alevinos de color bordo intenso, los cuales tienen el vitelo, que es el reservorio alimenticio. Allí, ya en este estado, comienzan a ser atacados por sus primeros depredadores: insectos y larvas del agua, luego de unos días, vendrán los segundos enemigos naturales, otros peces, ya sea palometas, dientudos, panzones, mojarras, carpas y pejerreyes que hacen de ellos un excelente menú. Más tarde, la tercera escala de depredadores comienza a atacar a las pequeñas taruchitas, ellos son, los plumíferos, patos, garzas, caracoleros y bichos feos que se aprovechan de su estado aun indefenso. Ya con el correr del tiempo, aparecen los colores que permiten a la especie camuflarse, por las células cromatóforas y ahí sí, con el camuflaje ideal, mandíbulas letales y su velocidad para nadar, se invierten los roles y ella se convierte en cazadora/depredadora, pero lamentablemente a esta instancia solo el 0,5% de los alevines ha logrado sobrevivir. Allí, en ese momento, queda el último paso, estas juveniles taruchas deberán llegar a la adultez reproductiva sin ser pescadas por cañas que no devuelven y/o redes, para poder reiniciar el ciclo de reproducción. Todo esto, suponiendo que sequías, heladas o contaminación lo permitan y no interrumpan drásticamente alguna de estas situaciones provocando mortandades como ha habido.

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Por todas estas razones, los invitamos a devolver a esta deportiva especie en su totalidad, porque, aunque parezca mentira, corre peligro de extinción. Logremos con esto que nuestros hijos y nietos puedan llegar a pescar taruchas en el futuro y disfrutar de la pesca y devolución de las mismas.

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