Miércoles 6 de julio de 2022
PESCA | 14-06-2022 20:52

Pesca y caza ilegal en la Amazonia, trasfondo criminal tras las muertes de un periodista y un indigenista.

Un hecho gravísimo que expone en toda su dimensión la catástrofe ecológica del Amazonas brasileño. Dom Phillips y Bruno Pereira habían desparecido luego de ser amenazados. Ahora, la noticia menos deseada: la confirmación de sus asesinatos.
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Dom Phillips, experimentado periodista británico de 57 años de edad, colaborador del diario The Guardian, entre otros medios internacionales, y Bruno Pereira, de 41 años, investigador brasileño especialista en tribus de la Amazonia, desaparecieron el domingo 5 de junio en el Valle del Javarí (Vale do Javari), donde tenían por objetivo realizar un trabajo de investigación sobre los esfuerzos de conservación, en una región que es zona liberada para la depredación del que, posiblemente, sea el tesoro natural más valioso del planeta por su diversidad.

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El contacto con Phillips y Pereira se perdió mientras navegaban por el río Itaquaí en ruta a la ciudad de Atalaia do Norte, en el municipio norteño del mismo nombre.

Tras días de búsqueda sin demasiadas urgencias ni el consecuente despliegue logístico, en un marco de constantes tensiones con el gobierno brasileño encabezado por Jair Bolsonaro y en donde hasta hizo falta la intervención de la justicia para movilizar personal y equipamiento, se logró el miércoles 8 el arresto de Amarildo da Costa de Oliveira alias “Pelado”, que en realidad había sido capturado por otra causa. Seis días después, el pasado martes, caería su hermano Oseney. Ambos individuos, de 41 años de edad, ligados a una red de pescadores y cazadores furtivos, con vínculos en el narcotráfico.

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Hace unas horas, en conferencia de prensa, Eduardo Fontes, jefe de la policía regional, dio la novedad que nadie quería escuchar. Dijo que uno de los dos hombres capturados en relación con las desapariciones había confesado el asesinato tanto de Phillips como de Pereira.   

De acuerdo a las pesquisas, ambos habían sido amenazados el sábado 4 cuando un grupo de hombres vinculados con la pesca ilegal en la zona, viajó por el río hasta el límite del territorio indígena y apuntó sus armas de fuego contra una patrulla dirigida por la Unión de Organizaciones Indígenas del Valle del Javari (UNIVAJA), que es una asociación local de indígenas. Paulo Marubo, presidente de UNIVAJA, le dijo a Associated Press que el periodista alcanzó a fotografiar a los individuos en ese momento.

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El hecho provocó preocupación y generó firmes reclamos en todas las latitudes, tanto de gobiernos como de organizaciones comprometidas con la protección del medio ambiente, la seguridad de los periodistas y los derechos humanos. Simultáneamente se sumaron figuras de relevancia mundial como el legendario 10 de Brasil, Edson Arantes do Nascimento "Pelé", o la banda de rock irlandesa U2.

Siempre de acuerdo a lo expresado por el funcionario policial, la ubicación de ambos cuerpos estaba a una hora y cuarenta minutos en bote desde la ciudad fluvial de Atalaia do Norte y otros 3,1 km a pie dentro el denso bosque Amazónico.

Los cadáveres fueron cargados en botes escoltados por tropas del ejército, que emprendieron el regreso por el río Itaquaí hasta Atalaia do Norte, donde los exploradores habían comenzado su desafortunado viaje final.

Un ecosistema privilegiado. 

El Valle del Javarí es un gigantesco territorio selvático de unos 85.450 m2 que es hábitat de varias tribus, entre las que se incluyen aquellas que jamás fueron contactadas por la civilización.

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Una zona que sufre la tala ilegal, incendios intencionales y simultáneamente es invadida por pescadores y cazadores furtivos, además de buscadores de minerales. Por si fuera poco, por ser frontera entre Brasil, Colombia y Perú, es parte importante de rutas del narcotráfico internacional.

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La demanda de pescado en la región aumentó con el crecimiento de las poblaciones del área amazónica conocida como Tres Fronteras: Tabatinga (Brasil), Leticia (Colombia) y Santa Rosa del Yavarí (Perú). Ante la disminución en la cantidad de peces del Amazonas, los del Vale do Javari  están entre los más deseados, muchos de ellos especies en peligro de extinción. El más codiciado por el sabor y abundancia de su carne es el “bacalao del Amazonas”, arapaima o pirarucú, o como le dicen los peruanos: paiche, que puede llegar a superar los tres metros de largo y los 250 kilos (el segundo en porte a nivel mundial para aguas dulces, solo por detrás del esturión beluga).

En cuanto a la caza se reconoce que siempre existieron furtivos que se internaron en la reserva indígena. La novedad es que ahora, al igual que los pescadores ilegales, son auténticos grupos organizados, equipados con armas alejadas de lo antiguo, casero o precario, seguramente provistas por socios del narco, y con un nivel de impunidad y agresividad inusitado. De hecho a Amarildo da Costa Oliveira, en el momento de su captura se le encontró gran cantidad de drogas y munición de uso restringido.

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Impunidad criminal

En 2019, Maxciel Pereira dos Santos, que trabajaba con la Fundación Nacional del Indio (Funai) para acabar con la pesca ilegal en el Valle del Javarí, fue asesinado a tiros en Tabatinga. Según Human Rights Watch, citando cifras de la Comisión Pastoral de la Tierra, una organización sin fines de lucro afiliada a la Iglesia Católica, entre 2009 y 2019 más de 300 personas fueron eliminadas en Brasil en medio de conflictos por la tierra y los recursos en la Amazonia.

Durante 2020, Global Witness, la ONG internacional que tiene oficinas en Washington, Londres y Bruselas, clasificó a la nación sudamericana como el cuarto país más peligroso para el activismo ambiental.

La deforestación de tierras públicas del Amazonas brasileño tuvo un incremento del 56,6 % en promedio por año desde el inicio del gobierno de Jair Bolsonaro, según un estudio publicado por la ONG Instituto de Pesquisa Ambiental (IPAM) en febrero de este año. En el trienio 2019-2021 fueron destruidos 32 mil km2.

El Instituto Brasileiro do Meio Ambiente e dos Recursos Naturais Renováveis (IBAMA), en español Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables y el FUNAI, organismos de control fundamentales, vienen sufriendo constantes recortes en sus presupuestos incluso anteriores a la gestión de Bolsonaro. Por caso, durante el 2017, gobierno de Michel Temer, el IBAMA sufrió una quita en su partida de un 47%.

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Se hace necesario exigir al gobierno brasileño que, de ahora en más, los investigadores y periodistas que se adentren en el Amazonas, sean protegidos de manera cercana por pequeñas unidades de operadores militares o policiales especializadas en combate en la jungla. Un protocolo que habrá que confeccionar tomando en cuenta las particularidades de estudio de campo de los especialistas.

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No es un dato menor que las fuerzas armadas de Brasil tienen, bajo la órbita específica del ejército, justamente en Manaos, el Centro de Instrucción de Guerra en la Selva (CIGS) – Centro Coronel Jorge Teixeira, uno de los más prestigiosos a nivel internacional donde se prepara personal tanto local como extranjero.

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 "Tristeza não tem fim, felicidade sim" (tristeza no tiene fin, felicidad sí), escribió Vinicius de Moraes como estribillo de la canción “A felicidade” (la felicidad), que compuso junto a Antonio Carlos Jobim en 1958. Palabras que, por estas horas de tanto dolor y ante tanta vocación humana por la autodestrucción, resuenan como una verdad inapelable en la inmensidad verde del Amazonas.

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Héctor Velázquez

Héctor Velázquez

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