Miércoles 3 de marzo de 2021
INFORMATIVO | 04-11-2020 11:36

Tutankamón: se cumplen 98 años del descubrimiento de su tumba

Tras numerosos intentos fallidos, finalmente el 4 de noviembre de 1922 el arqueólogo británico Howard Carter halló el lugar donde descansaba la momia del joven faraón egipcio que murió a los 19 años de edad, tras reinar tan solo nueve. La leyenda de su maldición.
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El 4 de noviembre de 1922 el arqueólogo británico Howard Carter halló la tumba del faraón Tutankamón en el Valle de los Reyes, en Egipto, rodeada de un tesoro de incalculable valor que estaba en perfecto estado de conservación. 

La historia cuenta que, cuando los investigadores que habían rastreado El Valle de los Reyes creyeron que ya no se podían encontrar allí más tumbas que las que ya habían descubierto, Carter decidió hacer un último intento en una expedición que contó con el apoyo económico de lord Carnarvon. Así, tras varias semanas de arduo trabajo, finalmente logró dar con el mausoleo del joven faraón que murió a los 19 años de edad tras reinar solo 9, en lo que fue, y sigue siendo, uno de los mayores hitos en la historia de la arqueología mundial. 

A raíz de la virginidad de dicha tumba se pudo estudiar mucho sobre este personaje legendario y conocer con más profundidad la cultura antigua de Egipto, sus rituales y cultos. Además, se logró recoger una muestra de ADN que permitió saber que Akenaton fue su padre y que Neferti no fue su madre.

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En el interior de la tumba, que bue bautizada con el nombre de KV62, por ser la sexagésimo segunda que se encontró en la zona, se encontraron cuatro pequeñas cámaras, 5.000 objetos preciosos, cientos de vasijas, armas, vestidos y hasta comidas que debían acompañar al faraón en su paso al más allá. Todos estos objetos actualmente están exhibidos en el Museo Egipcio de El Cairo.

La cámara sepulcral estaba recubierta de oro, que se introdujo desmontada y contenía otras tres encajadas en su interior. En el espacio comprendido entre las paredes y la capilla se encontraban los remos, representando que el muerto podía navegar al más allá. Delante de las puertas de las capillas se depositó un vaso de perfume de alabastro, con aplicaciones de oro y marfil.

Finalmente, en la última capilla hallaron un gran ataúd de cuarcita con tapa de granito rojo que contenía otros sarcófagos. El último de ellos, de oro macizo, conservaba el cadáver momificado del faraón, su rostro estaba cubierto con una máscara de oro con incrustaciones de cornalina, lapislázuli, turquesas y otras piedras preciosas (que hoy se puede admirar en el Museo de El Cairo).

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La maldición de Tutankamón: mito o verdad

Con la muerte de lord Carnarvon, en 1923, comenzó la llamada “Maldición de  Tutankamón”. Leyenda, mito o realidad, lo cierto es que habría provocado el extraño deceso de 30 personas (algunas versiones hablan de 60) que tuvieron alguna relación con el descubrimiento. Justamente, el primero fue lord Carnavon, quien murió en El Cairo cinco meses después del hallazgo, como consecuencia de la picadura de un mosquito, seguida de una neumonía. La leyenda cuenta que, al momento de morir, se apagaron todas las luces de El Cairo a la misma hora en Inglaterra, en su castillo de Highclere, su perra terrier Susie dio un fuerte y largo aullido y murió.

Sorpresivamente, otros trabajadores y familiares de Carnarvon también sufrieron extraños y repentinos decesos. Entre ellos su hermana, lady Elizabeth Carnarvon, quien falleció en 1929, tras ser también picada por un mosquito. 

Un día después de radiografiar a Tutankamon, el estudiante Archibald Douglas Reid comenzó a sentirse mal y encontró la muerte mientras estaba en Londres, disecando otra momia. Igual destino corrieron el conservador de arte egipcio del Museo Metropolitano de Nueva York, Arthur Mace, que abrió la tumba junto a él, y el magnate norteamericano de los ferrocarriles George Jay Gould, quien falleció por una neumonía tras pescar un resfrío en la tumba.

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Por su parte, mientras el secretario de Carter, el capitán Richard Bethell, tercer barón de Westbury, murió en circunstancias poco corrientes en el Bath Club en 1929: una noche de noviembre se acostó sano y no despertó más, su esposa se suicidó en 1956 y su padre, Lord Westbury, se arrojó al vacío desde un séptimo piso en Londres. Un día más tarde, el carruaje fúnebre de Lord Westbury arrolló a un pequeño niño londinense

En 1939, la emisora radial estatal de El Cairo quiso celebrar el Año Nuevo musulmán con las trompetas encontradas en la tumba de Tutankamon, pero el camión que las transportaba cayó por un barranco y su chófer perdió la vida en el acto. Una vez en la emisora, el músico que se disponía a tocar la trompeta real ante los micrófonos falleció repentinamente de un ataque al corazón.

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Muchos años más tarde, más precisamente en 1970, la maldición pareció resurgir de entre sus cenizas cuando el por entonces jefe del Servicio de Antigüedades, Mohamed Mahdi, murió atropellado tras firmar el contrato para la primera exhibición internacional del ajuar de Tutankamón, dos años más  tarde. En ese tiempo el doctor Gamel Mehrez, director del Departamento de antigüedades del Museo de El Cairo, intervino para el envío por barco de los restos de Tutankamón a Londres para ser exhibidos, acabó sus días víctima de una hemorragia cerebral. Y, meses después, su antecesor, que en 1967 había firmado un acuerdo para exhibirlos en París, murió por la misma causa.

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Luis Rodriguez

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