Sábado 15 de mayo de 2021
INFORMATIVO | 07-12-2020 14:00

Tumbas de Micenas: quién y cómo logró descubrirlas hace 144 años en Grecia

A pesar de no contar con ninguna formación científica, un afortunado e inquieto joven alemán se convirtió en el primer arqueólogo aficionado en pasar a la historia al protagonizar uno de los más importantes hallazgos arqueológicos del siglo XIX. ¿De quién se trata? 
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Nacido el 6 de enero de 1822 en Mecklemburgo oriental,  Alemania, al cumplir 8 años Heinrich Schliemann recibió como regalo de su padre, un libro ilustrado de Historia Universal.  Al hojearlo con suma curiosidad, de pronto, encontró una imagen en la que se veía a Eneas huir con su padre e hijo entre las llamas que abrasaban la ciudad de Troya que lo marcó tanto que. a pesar de que todos le aseguraban que ese lugar no existía, él se propuso demostrarles que Homero había sido, además de un excelente poeta, un soberbio historiador y que Troya era una ciudad real.

Así, entre 1871 y 1890, Schliemann excavó la colina de Hissarlik, en la actual Turquía, siguiendo las observaciones de “La Ilíada”.  Y, una mañana de 1873, logró el descubrimiento arqueológico más importante del siglo XIX: tras ver algo que brillaba radiantemente entre las rocas, envió por su segunda esposa, Sofía Engastromenos, y una, vez desenterrado el tesoro de Príamo, la adornó con las joyas que alguna vez luciera Elena de Troya.

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Tras sacarlo ilegalmente del país, se lo regaló a los alemanes. Sin embargo, en el caos de la Segunda Guerra Mundial, el tesoro cayó en manos de los rusos, y, actualmente, se exhibe en el Museo Puschkin en Moscú. Lamentablemente, el aficionado arqueólogo estaba equivocado, ya que, muchos años más tarde, se comprobó que el tesoro de Príamo pertenece, en realidad, a una civilización desconocida, cerca de 1.250 años más antigua que Troya.

Al dar por descubierta Troya y no poder volver por Turquía, comenzó su nuevo sueño: descubrir la ciudad de Micenas y sus tumbas. Deseo que logró transformar en realidad el  6 de diciembre de 1876 y que constituye el hallazgo más famoso jamás logrado en la Grecia de la Edad del Bronce. Además, los millonarios tesoros que había en sus interiores, aún al día de hoy continúan siendo los más admirados de todos los entierros prehistóricos.

El círculo de tumbas de fosa vertical descubierto por Schliemman recibió el nombre de “Círculo A”, en tanto que las descubiertas en 1951 por un grupo de arqueólogos griegos, fueron llamadas “Círculo B”.

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Las misteriosas y millonarias tumbas

Se trata de un conjunto de 24 enterramientos compuesto por 14 tumbas de pozo (shaft graves), 9 cistas y una tumba de cámara excavada en la roca y cubierta con piedras talladas en aproximación de hiladas que daba lugar a una suerte de techo a doble vertiente.

El "Círculo A" estaba compuesto por 6 profundas tumbas de fosa vertical, así como también por otras inhumaciones anteriores. Era el punto central de un gran cementerio prehistórico que se extendía hacia abajo, a lo largo de las laderas ubicadas al oeste de la población de la ciudad de Micenas. En tanto que el "Círculo B", situado fuera de los muros, es mucho más grande, pobre y antiguo. Del total de 24 tumbas, 14 son verdaderas fosas verticales.

Gracias a las excavaciones realizadas en la segunda de las áreas mencionadas, pudo determinarse cómo fueron hechas las Tumbas de Micenas. En el lecho rocoso se excavaba un pozo rectangular que llega a tener hasta 4 metros de profundidad. Después, los trabajadores hacían paredes artificiales formadas por piedras pequeñas o por ladrillos contra las murallas de roca, hasta la altura de la cintura del hombre, y extendían una capa de guijarros sobre el piso.

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Al cadáver se lo hacía descender sobre una piel o por medio de cuerdas. Su atavío funerario se completaba con piezas de oro y, especialmente, con mascarillas del mismo metal que seguramente recibían su forma sobre el rostro mismo del muerto.

Luego, se colocaban vigas a través de la parte superior de las paredes interiores para sostener un techo de ramas unidas con barro y, después, se llenaba con tierra la parte superior de la excavación casi hasta la superficie; se celebraba alguna ceremonia fúnebre consistente en comer carne y beber vino, se arrojaban sobre la tierra los huesos y las copas rotas.  Por último, se cubría todo con tierra hasta formar un pequeño montículo y se ponía una estela funeraria cuando se trataba de una tumba importante. Como estas tumbas contenían varios cadáveres, en cada entierro posterior había que ir abriendo la tumba desde arriba, colocar el nuevo cuerpo y rehacer el trabajo.

A las tumbas se accedía a través de un corredor o dromos y el lugar contaba con 6 profundas fosas con sus muros de mampostería, además de varias tumbas del Heládico Medio, que se extendían colina abajo y muchas de ellas destruidas como consecuencia de los daños ocasionados por la construcción de las fosas principescas del Micénico Antiguo.

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Una de las más ricas, la tumba IV del Círculo A, contenía más de 400 objetos, a repartir entre los 5 enterramientos (tres hombres y dos mujeres): 3 máscaras, 2 coronas, 8 diademas, 1 collar, 3 brazaletes y 2 anillos, todo en oro; 27 espadas y otros 16 pomos, en bronce, marfil, oro, alabastro y madera; 5 dagas y 6 pomos más; 16 cuchillos y 5 navajas de afeitar; 7 vasijas de oro, 11 de plata, 22 de bronce, 3 de alabastro, 2 de loza y 8 vasos cerámicos, 2 ritones de oro (rhyta), 3 de plata y 2 más de huevo de avestruz; un peine de oro y marfil; una figura de plata de un escudo en forma de ocho; dos sellos de plata; 683 láminas de oro recortadas en varias formas y repujadas; botones y cintas de tahalíes en oro; 38 puntas de flecha, 92 colmillos de jabalí (restos de cascos de guerra); 1 hacha; 1 tridente; 2 piedras de afilar; nudos sagrados minoicos de loza; 9 cuentas de amatista del Peloponeso y 1.290 cuentas de collar de ámbar báltico; un tablero de juego de loza y cristal; e innumerables restos de tejidos, vasijas metálicas deshechas, remaches, clavos, alfileres, fragmentos de marfil y de espadas de bronce, además de fragmentos de objetos en madera.

Schliemann murió el 26 de diciembre de 1890, a los 68 años, en Nápoles y ,gracias a sus valiosos descubrimientos, actualmente sigue siendo venerado en todo el mundo como uno de los más grandes arqueólogos de toda la historia.

at Luis Rodríguez

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