Viernes 23 de abril de 2021
CAZA | 18-12-2016 18:10

¿Albinismo o leucismo?

De que se trata esta curiosa coloración que afecta a muy pocos ciervos.

Por lo general, se considera erróneamente albino a todo animal que presenta plumaje o pelaje más claro que el común de la especie. Sin ingresar en complejas disquisiciones científicas, basta enunciar que los animales albinos carecen de melanina, razón por la cual sus ojos, piel, pelo y plumaje son más o menos blancos, pero en todos los casos,

los ojos son rojos o rosáceos.

El ejemplar similar al albino, pero que conserva el color de ojos normal de su especie, tiene leucismo, que es una particularidad genética proveniente de un gen recesivo. Lo opuesto al leucismo es el melanismo, que se caracteriza por el exceso de melanina. Esta anomalía resulta frecuente en felinos manchados como el leopardo, el jaguar y el gato del pajonal, a los que se denomina con el término genérico de “panteras”.

Tuve ocasión de ver en La Pampa gatos del pajonal negros, a los que los lugareños denominaban panteras. También pude ver en un campo de Unanue, de la misma provincia, y en Monte Comán, Mendoza, jabalíes reconocidos como albinos, pero que al conservar el color oscuro en los ojos, resultaron casos evidentes de leucismo.

Hace unos pocos días recibí fotografías de una cierva colorada, que presentó un pelaje similar al de los caballos tobianos: combinaciones de sectores del pelaje pardo alternado con pelaje blanco, evidente caso de leucismo. Gastón Valicenti es operador del campo abierto “Las Toscas”, habilitado para la caza mayor, ubicado en la zona de Carro Quemado, La Pampa. Nos explicó que el manejo de la fauna impone periódicos raleos de hembras, para evitar que la superpoblación de éstas provoque la saturación de los harenes y la consiguiente reducción de la brama o competencia por la reproducción. Una ley natural impone que se reproduzca el animal de mayor calidad genética, el que reúne su harén expulsando a los machos inmaduros o recesivos por edad o defectos causados por enfermedades. La caza de trofeos, es decir, machos calificados, produce un desiquilibrio entre los géneros, razón por la cual se deben llevar a cabo raleos de hembras para evitar que todos los machos, aún los recesivos, transmitan genes defectuosos en detrimento de la calidad de la especie.

Nota completa en revista Weekend edición 531, diciembre 2016.

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Marcelo Ferro

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