Thursday 25 de July de 2024
CAZA | 20-06-2024 10:00

Experiencia reciente de caza menor: pocas perdices, muchos mosquitos

En la primera salida del año relevamos un campo ganadero de la zona de Carmen de Areco. Si bien al cupo de perdices se llega en el día, hay menor población de ejemplares que otras temporadas. Y liebres ni una.
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Parecía que no iba a llegar, pero la nueva temporada de caza menor 2024 dio inicio el 3 de mayo en la provincia de Buenos Aires. Y obtener el permiso para salir al campo ese mismo fin de semana fue complicado, porque si bien la resolución ministerial estaba, la página web para tramitarlos recién fue habilitada el lunes 6, con subsecuentes caídas producto del tráfico, los sistemas, la tormenta solar o vaya uno a saber qué. La cuestión es que recién pude salir al campo el domingo 12 de mayo, y rumbeé hacia un tambo en los alrededores de Carmen de Areco, donde no hay sembradíos ni agroquímicos. Allí me encontré con Enmanuel Casal y su perra pointer –Chiqui– de 7 años, y alistamos las escopetas: una Sportman de un caño calibre 16 cargada con cartuchos de 26 g, munición 7, y una Remington semiautomática calibre 20, lista con cartuchos 26 g, munición de 7,5. Chalecos, gorro, agua para hidratarnos y un baño de repelente en crema en las zonas de piel expuestas y de aerosol sobre la ropa.

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Tras la autorización previa del propietario del campo, salimos a los cuadros netamente  ganaderos. Las pronunciadas lluvias de abril y mayo los había dejado muy barrosos. Y lo  primero que llamó nuestra atención fue la gran cantidad de pisadas que tenían: las pezuñas de las vacas hicieron grandes marcas en el suelo, una al lado de otra, con lo cual resultaba difícil caminar. Pero no sólo eso: sobre la base de la huella quedó retenida la humedad, lo que se tradujo en caldo de cultivo para los mosquitos, que había de a cientos de miles, a tal punto que formaban una cortina casi constante la cual, sumada a los pozos, dificultó la caminata.

En busca de otras pasturas

Tras un rato de recorrer el área, decidimos buscar cuadros menos transitados y con mejores pasturas, porque en ese terreno pisado no encontramos ejemplares de nada: era imposible que aquí proliferara un nido de perdiz o una cuna de liebres. Optamos por avanzar un par de hectáreas hasta llegar a un terreno más nivelado, con el pasto más bajo, porque en general todos estaban con pasturas altas y verdes debido a la falta de heladas (raro en esta época). Sin embargo, nos llamó la atención no ver ni una liebre en todo este recorrido.
Fue recién cuando llegamos a los pastos achaparrados que las perdices comenzaron a asomarse cerca y con un vuelo relativamente bajo que facilitaba el disparo. Ello nos permitió los aciertos con un solo cartucho. Estimábamos risueñamente que tras cada disparo abatíamos una perdiz y 50 mosquitos, porque la cantidad era terrible. El cupo de seis perdices se logró rápidamente, apenas en media jornada matutina, pero llama la atención lo disminuida que se encuentra la población cinegética en esta zona. Si bien los ejemplares eran de buen tamaño y desarrollo, la abundancia no es igual que en épocas pasadas, quizá producto de las sequías del año pasado. 

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Para que esta nota tuviera un fundamento más empírico respecto del resto de la provincia, me contacté con otros cazadores conocidos, quienes me compartieron sus propias experiencias. El primero fue Ariel Schiavone, quien junto a Miguel Larrotonda fue a Ayacucho. Y el segundo resultó Gino Osso, quien con un grupo de otros tres cazadores visitó Rauch. El resultado fue que estos últimos, con escopetas 12/70 y cartuchos de 28 o 32 gramos cargados con municiones número 8, en dos días de cacería apenas abatieron 32 perdices, muy por debajo del cupo que era de 48 ejemplares (seis por día/cazador). Por su parte, Ariel y Miguel, con escopetas y cartuchos similares, coincidieron con los resultados de mi salida: perdices hay, pero la población cinegética disminuyó, más allá de los yerros que se puedan cometer por falta de training.

Para quienes planifiquen su salida a partir de esta nota, digamos que de hacerlo sin perro es prácticamente imposible lograr una buena cacería, porque si algo falta es abundancia de perdices. ¡Y liebres no vimos ni una! Sólo Ariel cazó la única que tuvo a tiro. Tenemos por delante dos meses más. Esperemos que la situación mejore, y si no lo hace, la actividad cinegética igual está asegurada, porque cazar no es sólo abatir piezas y llevarlas a la cacerola, sino que es estar cazando, con todo el folclore que ello conlleva.

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Horacio Gallo

Horacio Gallo

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