Rosario: una fiesta con artificiales

En las modalidades spinning y baitcasting, gran cantidad de piques y el desafío de enfrentar a un río Paraná con niveles altos.

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Visitamos la Cuna de la Bandera, pero esta vez no fue para recorrer el monumento histórico ni otros atractivos culturales, sino para relevar sus cualidades piscatorias, principalmente la captura de dorados con artificiales en las modalidades baitcasting y spinning. Rosario es una ciudad muy pintoresca, ubicada a no más de 290 km de la Capital Federal y con un óptimo acceso mediante una autovía que nos deposita rápidamente en su casco urbano. Por su parte, el delta rosarino es realmente muy amplio y con muchos sectores óptimos para practicar la pesca de dorados al golpe con artificiales. En este momento el río Paraná está bastante crecido, por lo que a los ya tradicionales sectores de buen rendimiento se suman varios minipesqueros que se llenaron de doraditos de todos los tamaños, divirtiendo de una manera muy amena a los aficionados que los visitan.

En el recorrido hacia los pesqueros vamos a encontrar correderas, desagües de campos, árboles semisumergidos, raigones, lagunas y algunas pequeñas barrancas que aún recorren sectores del río. Y entre otros detalles que saltan a la vista, a muchos de los pesqueros clásicos los vamos a notar desfigurados debido a la crecida del Paraná, cambiando fisonomías y apariencias de los lugares que recorríamos de otras maneras. A favor del momento que se está atravesando en cuanto a la altura de las aguas, puede decirse que se generan varios minipesqueros con el solo choque de la correntada en puntas de islas, árboles o construcciones abandonadas. Debemos tener mucha precaución en el momento de la navegación y observar atentamente por dónde pasamos con la embarcación: las trampas naturales están a la orden del día. Por ese motivo recomendamos contratar algún guía o baqueano que conozca mucho el sitio elegido para los intentos.

Preparando los equipos

Con mis compañeros de turno nos juntamos para saber qué debíamos llevar en cuanto a equipos. Fue fundamental consultarlo a Pablo Costa Gonta, nuestro guía para este relevamiento, quien nos indicó paso a paso lo que íbamos a hacer y los elementos imprescindibles para no fracasar en la salida. Para pescar en baitcasting optamos por cañas de entre 14 y 17 libras de potencia (1 libra: 453,592 gramos), en largos desde 1,80 a 2 metros. Los reeles del tipo “huevito” o de bajo perfil, cargados con hilo multifilamento de 40 libras. Para la prácticas en spinning elegimos cañas un poquito más largas, pero no superiores a los 2,10 m. En este caso los reeles serían frontales medianos, con buen registro de freno y cargados con el mismo tipo de multi que los anteriores. A todo el conjunto de cañas y reeles sumamos varias cajas de señuelos con diferentes modelos para cubrir todas las profundidades, líderes de acero, pinzas para cambiar anillas y triples en caso de ser necesario, anteojos, gorras con viseras y unas ganas tremendas de pescar.

Junto a mi amigo Gustavo Miroglio emprendimos el viaje en una mañana fría y de mucha niebla, por lo que debimos transitar con sumo cuidado,  total teníamos un día entero por delante. Llegamos muy tempranito a la guardería Tifón, donde Pablo ya nos esperaba con su embarcación lista en una de las cómodas amarras del lugar. Muy rápidamente cargamos nuestros petates y comenzamos con la navegación, que según el guía nos llevaría más de una hora. La idea era probar en dirección a la ciudad de Victoria, para en el regreso ir tocando todos los pesqueros posibles hasta el puerto rosarino. Durante el traslado íbamos armando diferentes equipos y seleccionando los señuelos que pensábamos podían rendir.

Luego de cruzar lo que parecía un gran desborde, entramos a un ancho arroyo que en su parte central marcaba una hermosa corredera que se perdía en un campo inundado. Arribamos con el menor ruido posible, mientras Pablo bajaba el motor eléctrico de proa para ir acomodando la embarcación de manera tal que pudiéramos pescar cómodos y recorrer lugares sin producir sonidos evitables. Hicimos unos pocos lances y el primer juvenil de dorado dio sus muestras de gran cazador tomando un Bomber Model A de color blanco. El guía nos indicaba dónde debíamos tirar y junto a Gustavo tratábamos de responder de la mejor manera, colocando los artificiales bien cerca de los palos o cayendo fuera de la correntada para enfrentarla de forma transversal con los artificiales.

A toda orquesta

Luego de algunos piques más nos movimos a otros pesqueros. Así llegamos a una costa con verdes camalotales, donde se marcaba claramente un cambio de agua. Como sabíamos que los piques se producirían en el corte de agua, tirábamos unos cuantos metros dentro de la franja más clara, atentos a la navegación del señuelo. Muchas veces los dorados lo seguían hasta atacarlo casi pegado a la embarcación, haciendo más difícil la clavada. De esta manera pudimos tener varios piques, logrando desanzuelar unos cuantos doradillos sobre la lancha.

Prácticamente en el momento del retorno dimos con un arroyito donde extrañamente pinchamos casi en su desembocadura y sacamos dos rayas enormes que hicieron muy complicado su acercamiento, pero se pudo. Tocamos un par de boquitas de arroyos pescando con Fat Free Shad y DT 10 con muy buenos resultados. Ningún porte extraordinario pero buena cantidad. Nos habíamos quedado con las ganas de probar en algunos pesqueros no tradicionales que habíamos visto durante la navegación, por lo que cerca del mediodía volvimos y no nos defraudaron: a todos les pudimos sacar algunos pescaditos, que muchas veces golpeaban el señuelo pero no concretaban.

Cierre a puro pique

Siempre retornando hacia el puerto, pescamos nuevamente algunos desbordes con correntada donde enganchamos varias veces los señuelos en los raigones y pastos, sin obtener respuestas positivas. Improvisamos un almuerzo a bordo, acomodamos un poco las ideas y ya estábamos listos para encarar la última parte del relevamiento. El guía nos anticipó que íbamos a intentar en diferentes salidas de agua y que en cada una sacaríamos tres o cuatro pescados. No se equivocó en nada. El señuelo Shallow original (o con algunas variantes en sus paletas) fue la vedette junto a los Rattling y los X-rap de 10 cm. La pesca terminó a toda orquesta, con un festival de piques. No tuvimos suerte con los grandes dorados que pueden salir allí, pero la diversión está asegurada si utilizamos equipos livianos y logramos tener piques en lugares inusuales donde un tiro preciso lo puede estimular. Rosario, bandera y dorados.

Nota completa publicada en revista Weekend 538, julio 2017.

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