Grandes pejerreyes en La Tablada

Anticipo de temporada. El pesquero de la laguna Salada Grande, cercano a Gral. Madariaga, brindó flechas de plata en cantidad y de grandes portes.

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Este mes, en el que damos paso a una de las estaciones más propicias para iniciar esta temporada de flechas de plata como es el otoño, nunca fue mejor recibido.
El lugar elegido fue la laguna Salada Grande, donde relevamos un hermoso y legendario espejo de agua, ambiente tan arraigado en el recuerdo de miles de pescadores.

El viaje

Desde Ciudad de Buenos Aires, nos separan aproximadamente 320 kilómetros del pesquero La Tablada. Partimos por la autovía 2 y luego ruta 63. En la rotonda de Gral. Conesa desviamos hacia ruta 56, en cuyo mojón indicador del Km 57, sobre mano izquierda, nace un camino ancho de tierra en buen estado. Desde allí recorremos 15 km hasta llegar al pesquero.

Ubicada en dirección sudoeste sobre la llanura de la provincia de Buenos Aires, esta laguna compartida por Gral. Madariaga y Gral. Lavalle tiene una cubeta original de 8.000 ha con una profundidad máxima de 4 m en épocas normales.  Sus costas de barrancas bajas, tosca y suaves declives y un fondo de barro, tosca y conchilla, componen un ambiente ideal para el pescador. La fauna ictícola de este espejo lacustre está compuesta por pejerreyes, tarariras, bagres, dientudos y carpas. También es considerada una de las reservas de avifauna más grandes del país. En los juncales y totorales ribereños se pueden observar grandes comunidades de cisnes de cuello negro, garzas, gallaretas, macas, espátulas, biguás, junqueros, etc., como así también otras especies de animales tales como nutrias y carpinchos. Tiene la característica de poseer grandes extensiones de juncales raleados y otros cerrados con callejones importantes, donde es posible encontrar una buena población de pejerreyes de lomo negro. Por lo tanto,
el silencio es una condición indispensable en estos sectores para tener éxito.

Salida del pesquero

Junto a Rubén Lezano, guía de La Tablada, y su hijo Alejo, compartimos un desayuno rememorando anécdotas. Rubén se encuentra regenteando el predio y nos contaba el intenso trabajo que realizó para poner en funcionamiento las instalaciones. Hoy ofrece botes en alquiler, bajada de lanchas, guardería propia y servicios de guía. En estos momentos el espejo se encuentra con muchísima cantidad de pejerreyes. Y también brinda una buena pesca de tarariras, con muy atractivos portes, que se pueden conseguir con líneas con carnadas, línea plop (ambas con bajada de acero) y también con diferentes señuelos de superficie a media agua.

Luego de habernos puesto a tono sobre cómo venía el panorama, dimos comienzo a la salida de pesca. Por un sendero de juncales navegamos unos 2.000 metros hasta la laguna abierta. Rubén nos indicaba los diferentes claros. Y observando el movimiento de pejerreyes, decidimos hacer una parada en este primer lugar, donde realizamos un garete de este a oeste.

Los equipos y la carnada

Las cañas utilizadas fueron telescópicas de 4,20 m y de cinco tramos, reeles con multifilamento del 0,18 mm. Las líneas con boyas chupetonas en diferentes colores. Durante toda la jornada nos dieron muchísimo resultado las chupetonas negras con verde limón, con una longitud de 12 cm y un diámetro de 0,26 mm. Las boyas muy livianas en poliuretano marcaron diferencia a la hora de los piques, porque el pez se encuentra muy remiso al momento de tomar el cebo, da toquecitos y en muchos de los casos juega con las boyas y el pilotín.

El aparejo utilizado estaba compuesto por tres boyas y un largo total de 2,50 m, madre del 0,30 mm, nailon con brazoladas 0,25/0,28 mm, anzuelos N°1 y 2 que anduvieron en perfectas condiciones y, al final de la línea, un microesmerillón para colocar puntero. Las carnadas utilizadas fueron mojarras vivas medianas, dos por anzuelos enhebradas de cola a cabeza, y filete de dientudo fileteado en tiras finas, que se pueden obtener de la misma laguna debido a que está muy bien poblada de estos dientones.

La pesca

Con todo preparado para iniciar el garete, comenzamos con los primeros lances, derivando muy suave con el viento que nos iba empujando la embarcación. Aparejos al agua y alineados a la vista, esperando que los flechas tomaran nuestras líneas. Y no se hicieron esperar. Cuando Alejo concretó la primera pieza, nos dimos cuenta de que la jornada sería de las buenas. El ejemplar acusó 28 cm, y fue devuelto luego de tomar las fotos de rigor (recordamos que la medida mínima es de 30 cm, con una cuota diaria de 15 ejemplares por pescador).

Continuando con la jornada y contentos por la cantidad de movimientos que teníamos, seguimos pescando y Rubén logró la siguiente pieza. Picó muy suave, con llevadas de un lado hacia el otro hasta el momento de la clavada. Explosión en el agua, resistencia y fondeando casi todo el aparejo, lo que nos daba la pauta de que venía un matungo robusto y combativo. Y en el momento de izarlo a la embarcación lo confirmamos: era un ejemplar que superó los 40 cm y pesó 650 gramos.

Estábamos en el lugar indicado pescando en una profundidad de 1,80 m, pero todos los piques los obtuvimos entre 10 y 25 cm. El agua en esta profundidad es mucho más fría y de hecho los pejerreyes de mejores portes los conseguimos acá. El pique se fue poniendo cada vez más intenso y tocó mi turno: veo que mi aparejo comienza a deslizarse. Una de las boyas iba de derecha a izquierda y al ver cómo lomeaba en la superficie concreté el pique luego de haberlo dejado comer bien y no apresurarme. Era un gran pez con lomo ancho y robusto en su totalidad, acusando 43 cm y 820 gramos. Así fuimos dando con varios ejemplares de estos portes y la mayoría de los piques se nos dieron bien en superficie.

Recorriendo la laguna

Antes de dar fin a la jornada, con Rubén y Alejo optamos por recorrer un poco el ámbito y probar en diferentes callejones y limpiones. El callejón de Urrutia fue nuestro destino. Cuando empezamos a llegar a la zona veíamos cantidad de corridas y bulos en superficie. Decidimos parar el motor de la embarcación, botar unos 200 m y anclarnos.
Líneas al agua. Los piques vinieron uno tras otro, con pejerreyes de 32 a 44 cm tomando firme la carnada. Algo a tener en cuenta es la boca de los pejerreyes: no es muy grande, por lo que recomendamos usar anzuelo N°1. Tras seguir recorriendo lugares y en su mayoría con piques firmes, ninguno quería irse. Pero la jornada iba culminando, había cumplido con lo esperado y lo que nos contó Rubén al comienzo se dio tal cual. No dejen de visitar este ámbito que promete jornadas inolvidables de pesca, logrando la cuota con facilidad y con calidad.

Nota completa publicada en la edición nº 534 de revista Weekend, marzo 2017.

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