Viernes 27 de enero de 2023
PESCA | 20-02-2017 09:30

Variada para soñar

El río Paraná, a la altura de la localidad de Itatí, brindó una excelente pesca con diversidad de especies y buenos portes.
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Los meses de verano son un tanto difíciles para elegir un destino de pesca en el norte de nuestro país por las altas temperaturas que habitualmente se dan en esta época, pero siempre nos damos maña para disfrutar de las jornadas y no sufrir en el intento, si no pasaríamos rápidamente del placer al suplicio.

La idea era llegar bien al norte de la provincia de Corrientes e intentar dar con la mayor cantidad de especies posibles, meta que logramos y de la mejor manera. Hablando con varios referentes y guías de la zona, nos inclinamos por elegir el pintoresco pueblo de Itatí, donde siempre la pasamos tan bien junto a grandes amigos y mejores pescadores. La ciudad es un encantador casco urbano casi colonial, que aún conserva algunas calles de tierra, casas antiguas y hasta “pulperías” a la vera de extensas playas de arena a orillas del Paraná. Y en algunos sectores el río posee frondosas arboledas, que nos dan alivio y mucha sombra cuando el sol aprieta en horarios pico de verano. En este pueblo correntino, casi todo gira en base a la pesca y a la religiosidad que brinda la hermosa basílica que lleva el mismo nombre de la ciudad. Son muchos los devotos de esta virgen que llegan hasta aquí para realizar sus ofrendas y agradecimientos.

Equipos variados

El intendente de Itatí, Roger Terán, y su equipo están siempre en contacto con los visitantes, brindando toda su hospitalidad y servicio ante cualquier requisitoria. Y también se interesó profundamente en nuestro trabajo y en el relevamiento que haríamos para difundir la pesca en este hermoso destino. Nuestra idea era poder dar con la mayor cantidad de capturas de diferentes peces y con los mejores portes posibles, empleando las modalidades acordes a la especie que intentaríamos pescar. Lo ideal es practicar baitcast y/o spinning, trolling y pesca a la espera con carnada, tanto para los grandes dorados y surubíes como para el pacú y la boga.

Es una gran variedad de equipos la que hay que llevar: siempre debemos estar preparados para todo y no dejar nada librado al azar. Para pescar en baitcast contamos con cañas de hasta 2,10 m, con una potencia máxima de 20 libras (1 libra = 0,453 kilos), reeles del tipo huevito con buen registro de freno cargados con multifilamento de 40 lb y líderes de acero de unos 30 cm. Si nos gusta más el spinning no varían las potencias de los equipos, pero sí la función de la caña. Utilizaremos reeles frontales de medianos a grandes.

Para realizar intentos en trolling y con carnada podemos emplear los mismos equipos, usando cañas de hasta 2,40 m de largo, con acción de punta y algo resistentes, reeles rotativos con buena capacidad de carga y variedad de plomitos corredizos, preferentemente redondos. Recomendamos siempre llevar reeles cargados con hilo y otros con nylon, y que las cañas no sean muy rígidas al momento de pescar en la modalidad trolling. También podemos agregar algunos líderes de hasta 70 cm de largo por la cercanía a las piedras en el momento de traccionar nuestros señuelos.

Muchas veces el multi es un tema en este tipo de pescas. Si bien al utilizar un diámetro más fino que el nylon nos permite llegar más rápido y cómodo a profundidad, tiene la particularidad de cortarse muy fácil con el menor roce en una piedra.

Comienzo de la aventura

Y llegó el día en que viajamos invitados por nuestro amigo Diego Goapper. Estábamos muy ansiosos por saber con qué nos encontraríamos, aunque sabíamos muy bien que venían saliendo pescados muy grandes, y a eso apuntábamos. Una vez instalados en el Hotel Antártida, a metros de la Basílica, nos reunimos con Diego y fuimos hasta sus cabañas a orillas del río para comenzar con nuestro día de pesca. Ya en la costa nos esperaban Angel y Patito sobre unas cómodos trucker, quienes serían nuestros guías.

Nos dividimos en dos grupos y río abajo comenzamos las primeras pasadas. Lucho Feinel y Gonzalo Pérez eligieron empezar con el bait y nosotros fuimos por la pesca con carnada. Anclados y recostados sobre la costa del “collar de ajos”, lugar tradicional en Itatí, salieron las primeras bogas y algún pacú. Los piques no eran firmes pero sí intensos, por lo cual había que estar bien atento para lograr la clavada. Una de las técnicas de pesca es hacer caminar la línea con pequeños tironcitos con la punta de la caña y largando nylon, y otro es a la espera con línea anclada. En los dos casos se dieron los piques sin distinción. Otra recomendación es empatillar los anzuelos con un pedacito de cable de acero por si pica un pacú mientras intentamos con bogas, cosa que a menudo sucede. Así, por ejemplo, se venían dando sostenidos piques de bogas hasta que uno de los tantos parecía que nos vaciaba el reel: el resultado fue un hermoso pacú de casi 5 kg.

Cubiertas las expectativas en el primer día de pesca y con una amenazante llovizna, decidimos parar para almorzar y retornar a la tarde. Desde la otra lancha nos contaban que habían obtenido algunos salmoncitos de río y dorados no muy grandes pero bien combativos, salvo una vaca de 12 kg que pinchó Gonzalo.

Con la caída del sol la idea era hacer unas pasadas a trolling e intentar con los grandes, y sinceramente tuvimos éxito. Obtuvimos varios dorados de dos cifras que tomaban el señuelo bien lejos de la embarcación y nos ofrecían resistencia nadando por los pedregales sumergidos de la zona central del río.

Caía la noche y el cansancio del viaje se hacía sentir, por lo cual decidimos parar para cenar y descansar, sabiendo que al otro día nos esperaba una jornada repleta de alegrías.

Hermosos dorados

Para la segunda etapa de nuestro viaje estaba anunciado mucho calor. Acordamos con los guías salir bien temprano, con las primeras luces del alba. Así fue que cerquita de las 6 am ya estábamos intentando pescar y lo hicimos con singular éxito. Fuimos derechito a probar en los bancos de arena que estaban súper tranquilos y se veía claramente la actividad de sábalos en superficie. Bastó arrojar un popper y un señuelo paseante para obtener un par de dorados de aproximadamente unos 8 kg cada uno. Recién habíamos arrancado nuestro segundo día y estábamos consiguiendo increíbles piezas. Como se dice en la jerga futbolera, salimos ganando desde el vestuario.

Nos movimos de lugar y fuimos en busca de los más grandes. Los surubíes nos fueron esquivos mientras realizámos el relevamiento (conseguimos uno solo), aunque intentamos lo imposible para pescarlos. Dorados había y muy grandes, solo teníamos que pescarlos. Para coronar todo este relato, en una de las remontadas vimos que la otra lancha había frenado la marcha y un pescador intentaba doblegar un gran pescado, que por uno de los pequeños saltos nos dimos cuenta de que era un doradazo. Corolario… pesó 16 kg. ¡Tremendo!

Felices y con una alegría que nos desbordaba dimos por finalizado nuestro relevamiento en un lugar soñado, donde durante toda la pesca nos sentimos protegidos por la hermosa imagen de la imponente Basílica de Itatí.

Nota completa publicada en la edición 533 de revista Weekend, febrero 2017.

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Julio Pollero

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