Viernes 27 de enero de 2023
PESCA | 22-02-2017 09:30

Salmones del Toltén

Hermosa pesca en el río Toltén, uno de los cursos chilenos que los salmones chinooks eligen para remontar y desovar. Claves para enfrentar a una de las especies más atractivas.
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Nos definimos como un grupo de mosqueros de Buenos Aires y Neuquén que –juntos– recorrimos muchos parajes de la Patagonia Argentina en busca de las increíbles truchas de nuestro país.

Hace unos 4 años, mirando unas publicaciones de un diario de la zona del Valle de Río Negro, nos impresionamos con una nota referida a los salmones chinook del río chileno Petrohué, que vuelven al curso en el que nacieron (luego de permanecer años en el mar) a desovar y cumplir su ciclo vital, y que lo hacen aproximadamente en marzo o abril.

Proyecto en marcha

En aquel momento, poco conocedores de esta pesca, nos pusimos en contacto a través de e-mails con expertos pescadores de la zona, como Patricio Rondini (máximo referente de mosca de la región con respecto a los chinook) y Arturo Saffores y Carlos Binder, afamados guías y ahora amigos, con quienes actualmente compartimos la salida en marzo/abril de cada temporada. Dos años atrás pescamos esos monstruos, viviendo sensaciones que no olvidamos jamás y que nos hicieron prometernos volver año tras año.

A su vez, la zona sur de Chile es muy vasta en la subida a los ríos (runs) de este tipo de salmones monstruosos. Así ocurre, por ejemplo, en el mencionado Petrohué, o más al norte en el Toltén y el Trancura, entre otros cursos de agua de la zona que esas bestias remontan.

El año pasado El Grupo (como nos llamamos entre nosotros en broma) conformado por Guillermo G. Fischer, Adrián Pelletieri y quien escribe decidió conocer el río Toltén, del que tanto nos habían hablado. Con ese objetivo nos pusimos en contacto con el gran Juanjo Ortiz, un cántabro radicado en Chile, gran pescador y guía, y ex rider de canotaje en su cercana juventud.

Rumbo a Chile

El 13 de diciembre pasado nos dirigimos al río Toltén, bajándolo a unos 90 km de Pucón. La idea era flotarlo para dedicarnos al chinook dos días, reservando uno para pesca fina de truchas fario (marrones) en el afamado y alejado río Enco, otro paraíso.

Aprestamos nuestros equipos mosqueros: cañas # 8 (mínimo aconsejado), reeles con buenos frenos y líneas de hundimiento súper rápido, que permitan bajar las pesadas moscas verde flúo y amarillas con sculpin head y lomo de rabbit, con cortos leaders que faciliten su profundización en esas aguas correntosas. Adicionalmente llevamos cañas de spinning por si, cansados de castear esos gatos que más pesan si están mojados, había que tirar fierros.

Así pasamos el primer día, pescando los tres en dos botes mosqueros, pero con solo unos piques de algunas marrones que tomaron esas moscas y un pique de salmón fallido. No somos supersticiosos, pero el martes 13 hizo de las suyas…

En la jornada siguiente hubo que cambiar de estrategia. A media mañana, cansados de castear todo el día anterior y hasta ese momento, buscamos suerte con los fierros. Arrancamos con unos spinners y también con señuelos del tipo caimán pequeños, de tonos blancos, en cañas de spinning de 10-25 libras (1 libra: 0,453 kilos) con reeles frontales cargados de multifilamento.

El premio final

La modalidad que se utiliza la definiría como una suerte de spinning al garete, buscando que los señuelos profundicen luego de su lance algo río arriba o a 90º para que, una vez tensada la línea, comenzar a hacerlos realizar su tarea. Las moscas se trabajan igual que en zonas profundas, salvo en franjas bajas donde hay que castear 45º río abajo para, directamente, empezar a stripear o “arrancar pescando”, para evitar el enganche en piedras o palos del fondo.

Y luego de intentos y constancia, ahí sí se dio el pique. Los señuelos lograron irritar a los chinooks que nos regalaron la emoción de algunos piques fallidos. Alrededor del mediodía, tanto Adrián como Guillermo obtuvieron su salmón, ambos de lindas dimensiones, y que devolvieron al río a cumplir su ciclo vital reproductivo (remontar el curso y sus afluentes y desovar para luego morir).

Promediando el día, yo seguía insistiendo tratando de lograr el salmón esperado. Y en el “tiempo de descuento”, luego de mostrar el lomo sobre el sector del río en el que estaba, un chinook gigante mordió el señuelo bajando la caña con dos tremendos cabezazos, casi al lado de los palos de la costa. Así comenzó la lucha digna de un ejemplar de ese tamaño, brindándonos un festival de saltos (como si fuera un dorado) hasta que pude extraerlo del agua. Es de destacar que en este tipo de pesca los créditos los obtiene tanto el pescador como el que maneja los remos del bote, que tiene que traspirar como un vikingo para ir o volver contra la corriente para evitar también que el salmón corte el sedal o se desprenda del artificial, o que directamente estalle la caña. Gracias a Juanjo Ortiz por tanto empeño.

Era un monstruoso ejemplar, prácticamente imposible de levantar para la foto, menos de pesarlo ya que se corría el riesgo de lastimarlo. Luego de tomar la consabida imagen para la posteridad y la familia, volvió al río como un torpedo, con la misma fuerza con la que luchó, quedando para siempre en nuestras retinas.

Nota completa publicada en la edición 533 de revista Weekend, febrero 2017.

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