El cabo bravo de Santa Marta

La costa brasileña tiene un punto temido por todos los navegantes, donde los vientos suelen engañar. Galería de imágenes.

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Desde los tiempos de los descubridores de América, sean Américo Vespucio o Cristóbal Colón, los escribas ya mencionaban en sus relatos de viaje la dificultad que presentaba el cruce del cabo de Santa Marta. Un punto que los obligaba a desistir su rumbo sur hacia Sudáfrica o Europa por horas y, en algunos casos, días de navegación.

Y no es para menos, pues en ciertas ocasiones del año desciende la corriente cálida de Brasil desde el norte hacia el sur (meses de verano) o sube la corriente fría de Malvinas de sur a norte (meses de invierno). Pero lo cierto es que para estar seguro y cruzar el cabo de Santa Marta, se deben esperar las condiciones adecuadas y no largarse cuando a uno le plazca. Ya fueron muchos naufragios y abandonos de cruceros y veleros, creyendo que se trata de poner una fecha y partir a cumplir el sueño deseado.

Aquí la meteorología juega un gran rol protagónico y es estratégico respetarla a rajatabla. En los entrenamientos oceánicos del velero New Life, justamente el nivel más avanzado es el tramo desde Buenos Aires a Punta del Este, o La Paloma, Rio Grande do Sul, Florianópolis, trayecto que también se realiza de regreso. Tramo que bautizamos: “El mayor desafío del marino”.

Para alcanzar este nivel es necesario realizar otras clínicas de navegación oceánica, a fin de conquistar la mejor preparación psicofísica y audiovisual, vitales para demostrar la verdadera sangre del navegante. Es importante saber que se logra una puesta a punto de los tripulantes con horas de navegación y no leyendo textos náuticos, sentados frente al televisor o mirando videos en Youtube.

Reforzar el carácter

El desafío del marino es muy grande, por lo que se deben dejar los problemas de tierra para no trasladarlos a bordo. Para ello, en los cursos se realiza un trabajo muy importante, elevando la auto-estima del navegante y afirmando su confianza, lo que lo lleva a perder temor en la navegación, incluso a la noche y sus misterios.

Pero hay otro desafío a vencer a bordo: la convivencia. No todos estamos preparados para ceder. El ser humano está rodeado de muchos egoísmos, que para estos cruces debe dejar en el camino. Es fundamental integrarse a un equipo con un mismo rumbo y objetivo en común, porque una vez a bordo no hay paradas como en un colectivo para bajarse en la próxima esquina.

Para graficar la situación, mencionaré un ejemplo que sucedió en marzo de 2007, cuando navegábamos desde Florianópolis a Rio Grande do Sul. La meteorología indicaba que a las 15 horas tendríamos condiciones favorables para continuar rumbo sur a través de Santa Marta. La ansiedad me jugó en contra, y por aceptar comentarios de la tripulación de partir ya, me equivoqué en querer ganar una hora. Eran las 14 y al través del cabo de Santa Marta con condiciones de jeta no lográbamos alcanzar ni 2 nudos de velocidad. Las olas habían tomado forma de 3 a 4 m y si lográbamos apenas un nudo, en otros momentos sería cero.

Nota publicada en la edición 499 de Weekend, abril de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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