Viernes 23 de abril de 2021
TURISMO | 17-03-2021 08:49

Pompeya recibe pocas visitas por la pandemia (pero sigue abierto)

Volvió a abrir sus puertas en enero pasado con ingreso acotado pero no llegan nunca a ese cupo por la falta de turismo. Apenas los propios italianos se acercan a redescubrir el sitio histórico. La ventaja es poder ver todo sin que moleste la multitud de otros tiempos.
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Durante varios minutos el guía apostado en la entrada a las  ruinas de Pompeya despotrica contra la mafia, las oficinas de turismo dudosas y las reglas por la pandemia de coronavirus que cambian constantemente: ”La situación es un desastre”, critica. El guía trabaja aquí durante siete horas diarias. “Pero no viene casi nadie”, acota. Mattia Buondonno está de acuerdo con su colega. El italiano lleva a los turistas por las excavaciones de Pompeya desde 1991. 

Incansablemente cuenta sobre la urbe que quedó sepultada por la lava y las cenizas a causa de la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C. Desde que comenzaron las excavaciones en 1748, la antigua ciudad romana es una de las principales atracciones turísticas en el sur de Italia.

Pompeya, situada a los pies del Monte Vesubio cerca de Nápoles, ha abierto nuevamente sus puertas el pasado 18 de enero bajo estrictas medidas de higiene debido al coronavirus. Los visitantes solo pueden entrar en el recinto por la puerta de la plaza del Anfiteatro y deben seguir una ruta predeterminada. Cada 15 minutos se admite un máximo de 500 turistas. Pese a todo, las nuevas normas también tienen sus ventajas.

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En los buenos tiempos, antes de la pandemia del coronavirus, Buondonno solía hacer tres visitas guiadas al día. Ahora, solo unos pocos visitantes recorren las calles de adoquines de la ciudad de la Antigua Roma. La mayoría son italianos que aprovechan la oportunidad única de visitar esta ciudad sin las masas de turistas.

¿Quién tiene los frescos más bonitos?

Frente a la famosa casa de Julia Felix, por ejemplo, antes había que hacer una larga fila. Ahora no se permiten los grupos de excursiones en autobús y cruceros y solo unas pocas personas pasean por la galería con columnas que rodea el jardín de la gran villa romana. La paz y tranquilidad permiten hacerse una idea de lo que era la lujosa vida de los ricos.

De la pared caía una cascada hacia un estanque, mientras que en los escalones de mármol alrededor se arrellanaban las finas damas y los caballeros sobre cojines. Casi todas las paredes e incluso los techos y las columnas están cubiertas de frescos. ”Las familias competían para ver quién tenía los frescos más bonitos”, explica Buondonno.

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Para los patricios pudientes, la villa representaba el símbolo de estatus de la familia. La Casa del Fauno Bailarín, por ejemplo, tenía 3.000 m2. En comparación, la Casa de los Amantes parece muy modesta. Estuvo cerrada al público durante 40 años tras el terremoto en Irpinia, se convirtió desde su reapertura en febrero de 2020 en uno de los puntos culminantes de la visita a Pompeya.

Debe su nombre a un grafito poético. Los amantes -según está escrito en un fresco- llevaban una vida como las abejas, es decir dulce como la miel. Lo más inusual es el pórtico de dos pisos alrededor de un patio interior, que en ningún otro edificio se conserva en tan buen estado. ”Al igual que muchas casas restauradas después del gran terremoto en Pompeya del año 62 (17 años antes de la erupción del Vesubio), la Casa de los Amantes también está pintada según la última moda”, explica Buondonno. Es decir, según el último de los cuatro estilos que los arqueólogos distinguen en Pompeya.

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Pesas de plomo para fortalecer el cuerpo

Una de las visitas que no deben faltar es la exposición en la Gran Palestra, el antiguo gimnasio de Pompeya. En el patio, los atletas levantaban pesas de plomo, corrían o hacían gimnasia y después se refrescaban en la piscina, por la que corría agua del acueducto. Por su parte, las numerosas tabernas “Thermopolium” tienen un aspecto asombrosamente moderno. Los mostradores con los huecos redondos para las ollas calientes se pueden ver en cada esquina.

Recientemente, los arqueólogos han excavado un restaurante callejero que se mantuvo especialmente bien conservado. El mostrador de ladrillo está decorado con frescos de patos y gallinas. Además, dentro de las vasijas de arcilla los expertos encontraron huesos de pato y restos de cerdos, cabras, peces y caracoles. Y en una de las paredes del establecimiento hay un dibujo de un perro con la inscripción: “Nicia cinaede cacator” - “Nicia es un cagón desvergonzado”.

dpa

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