Tuesday 25 de June de 2024
PESCA | 03-03-2024 10:00

Tres ríos fantásticos para buscar truchas con flycast

En la zona de San Martín y Junín de los Andes (Neuquén), relevamos ámbitos con diferentes características, pero con buenas truchas silvestres dispuestas a tomar estrímeres, ninfas y moscas secas. Todas las estrategias para vivir excelentes jornadas en Aluminé, Malleo y Pichi Traful.
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Qué emocionante es estar pescando en la Patagonia. Pero no estoy todavía ahí. Mientras me siento frente a la morsa y aseguro un anzuelo para empezara a atar, pienso en eso. En lo lindo que va a ser cuando esa mosca vuele por el aire, caiga al agua y con fortuna seduzca a una trucha. Doy una, dos, tres y más vueltas con el carrete de hilo a la pata del anzuelo y siento que estoy pescando, por más que esté a miles de kilómetros de un río de montaña, con aguas cristalinas y truchas salvajes. Esa especie de realidad paralela me abstrae y me transporta. Me oxigena los días y la vida. La mosca está lista, aplico cemento, corto el hilo, aflojo la morsa y en un pestañeo caigo en la cuenta de que ya estoy ahí, con las botas de vadeo en el agua, sintiendo el viento sureño en la cara y el corcho de la caña en la mano. Con Nahuel Moral y Daniel Pappalardo en el río, atando esa misma mosca en el extremo del tippet. La vida pasa rápido pienso. 

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Habíamos llegado a San Martín de los Andes la noche anterior, y temprano recorrimos en camioneta los 62 km hasta el acceso al Lof Mapuche Painefilu. Y por ese camino de ripio que bordea el Malleo durante unos 18 km llegamos a la desembocadura de este curso en el Aluminé. Allí bajamos el drift boat de los Moral y comenzamos la flotada, aguas abajo, pescando ambas márgenes del río según Nahuel direccionaba el bote en uno u otro sentido a fuerza de remo. Una embarcación muy cómoda y muy estable para dos pescadores. Con equipos de potencia #6, jugándonos a dos puntas, uno con línea de hundimiento con líderes de 5 a 6 pies (1 pie = 30,48 cm) terminados en tippet 1 y 2 X y estrímeres medianos; y otro con línea de flote, líder de 9 pies, tippet 3X y ninfas grandes. 

Primeros lances

Como el agua venía con un cierto grado de turbidez debido a precipitaciones en los días previos, decidimos intentar de esas dos maneras, para ver cuál rendía mejor. Así fuimos lanzando hacia los sauces de la orilla, las barrancas, ramas, piedras y todo tipo de obstáculos orilleros que representaran un posible sitio de acecho o simplemente donde pudiera haber una trucha al resguardo de la corriente. Los salmónidos son oportunistas y aún sin estar en actitud alimenticia, si un potencial bocado entra de buena manera en su espacio, no dudan en aprovechar la ocasión y atacarlo. Las marrones agregan a su vocación cazadora su consabida territorialidad. Dos motivos para morder nuestra mosca. 

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Con similares resultados –dos truchas medianas por caña–, resolvimos desembarcar en una pequeña isla e intentar al vadeo. Actuamos así desde las orillas y desde las aguas del islote. Con líneas de hundimiento y estrímeres en anzuelos #6 dimos con las dos arcoíris más grandes de la mañana. La turbidez, que es un factor que le imposibilita a la trucha detectar la mosca de lejos, también le impide vernos en las horas de mayor iluminación solar, así que ésta desventaja a la hora del pique puede jugar a nuestro favor al momento de no delatarnos. Las dos tomaron en forma similar, en las juntas de agua que se producen cuando dos corrientes de distinta velocidad se unen. Una, una Kristal Bugger oliva, y la otra una Marabou Muddler (una mosca que además de buena silueta, su cabeza de pelo de ciervo le produce una atractiva vibración en el agua, ideal en casos de poca visibilidad por turbidez). Evidentemente, los peces están expectantes en esos lugares a la espera que un alevino o de cualquier pequeño organismo sometido a la fuerza del torrente pase por allí.
Por la tarde sólo actuamos con líneas de flote, con ninfas y moscas secas. En determinados sectores fuimos deteniendo el bote para pescar más concienzudamente, en especial en algunos remolinos con mucha resaca de hojas y palitos, donde las truchas acostumbran a buscar comida, y donde las moscas secas fueron atacadas una y otra vez. Humpy, Stimulator y Parachute Royal Coachman resultaron las más atacadas.  
La boca del Catan Lil, en el Aluminé, sector en el cual este último cambia de nombre y pasa a llamarse Collón Cura, fue el último lugar dónde actuamos y donde capturamos la última arcoíris, ya que José Luis nos esperaba con la camioneta y el tráiler para emprender el regreso de este gran día de pesca.

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Para la segunda jornada resolvimos pescar el Malleo de orilla y vadeando, y sumar al equipo de pescadores a José Luis Moral. Para ello hicimos el mismo viaje del día anterior, pero luego de pasar la entrada del Lof Mapuche, y tras unos kilómetros, fuimos buscando sectores del Malleo por los que caminar sus orillas e intentar en sus aguas. Con equipos #4 y #5 y líneas de flote, probamos en los sectores donde por alguna razón el agua se acelera, se vuelve turbulenta y suma oxigenación. Con las mayores temperaturas del verano, las truchas buscan mayor concentración de oxígeno en el agua. Con ninfas pequeñas y perdigones, e indicadores de pique (strike indicators), fuimos logrando capturas en prácticamente todas las colas de las correderas que probamos. También las pequeñas moscas secas hicieron de las suyas por la tarde, momento en el cual todos nos divertimos mucho acertando y errando clavadas. 

Escuela en el agua 

Ninguna trucha de gran tamaño capturamos, todas eran chicas y medianas, pero en cantidad y en virtud a los equipos más livianos que estábamos utilizando, la diversión y el placer deportivo estuvieron garantizados. Un río escuela que vale la pena visitar y dedicarle tiempo, y si se va con un guía experimentado, se puede aprender mucho.
Un pronóstico de mucho viento en toda la región nos llevó a buscar un ámbito más protegido y reparado, el elegido fue el Pichi Traful, a unos 57 km hacia el sur de San Martín de los Andes por la Ruta 40. Con equipos de potencia #6 y líneas de flote y sinking tip, fuimos caminando sus orillas y vadeándolo en el último tramo, el que va del puente de la ruta hacia su desembocadura en el lago Traful. Su proximidad con la ruta y la mayor presión de pesca y presencia humana hacen que este tramo, que tiene algunas buenas truchas, entrañe un desafío adicional que vale la pena. Tanto Daniel como Nahuel lograron capturar una arcoíris cada uno de las que dan envidia. Prueba de que los peces están, circulan y permanecen en este tramo del río. 

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Tres jornadas, tres ríos, montones de situaciones de pesca, algunas lindas truchas, nuevas anécdotas y los ojos, la mente y el corazón llenos de paisajes, vivencias, aprendizajes y momentos felices compartidos con amigos. Suficiente para alimentar ese realismo ilusorio donde coexiste el mundo real en el que efectivamente estamos, con uno irreal y mágico que nos espera en las aguas de la cordillera sureña. Que no será el realismo fantástico de Franz Kafka, pero que sirve para fantasear cuando nos sentamos frente a la morsa y empezamos, no ya a simplemente atar, a pescar y a soñar.

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Alejandro Inzaurraga

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