Viernes 17 de septiembre de 2021
PESCA | 28-07-2021 13:30

Tarariras y pejerreyes: emociones “encadenadas”

Pese a las bajas temperaturas, Chis Chis, Tablillas y Adela permiten encontrar en sus bajos el combo perfecto de flechas de plata y grandes dientonas.
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La consigna era ambiciosa: pescar pejerreyes y tarariras invernales, sabiendo que esta especie se aletarga en tiempos fríos. Pero también convencidos de que en algún momento del día se siguen alimentando. La experiencia indica que muchas veces pescando pejerreyes en bajos, damos con tarariras que lucen bien gordas en tiempos en los que hacen poco gasto energético, a diferencia de su período reproductivo primaveral, cuando consumen más energía y lucen flacas.
Por eso hablamos con el guía Joaquín Balisa, quien parte desde la estratégica Chis Chis (a la que accedemos íntegramente por asfalto desde el Km 144,200 de Ruta 2), para salir a buscar “el combo perfecto” de pejes y tarus en una misma jornada, algo que venía logrando en días previos a nuestra visita.

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Un pesquero, tres lagunas

Salimos concretamente del parador La Amistad, pegado a la Ruta 2, junto a mi compañero Martín Docampo y el guía, a buscar pejerreyes en el canal que une Chis Chís con Adela, para luego ir por tarariras en rendidores bajos de laguna Las Tablillas, que el guía tiene bien estudiados.
La elección de la cancha de pejerrey no fue casual: veníamos de cuatro días de viento sur y la laguna estaba muy revuelta, con aguas turbias, por eso Joaquín decidió ir a buscar reparos. Navegamos una media hora hasta el ancho canal que une dos grandes espejos como Adela y Chis Chis y anclamos a unos 100 metros de la costa, en la zona llamada La Tapera.
Entendiendo que el pejerrey usual de estos ámbitos es de 20 a 35 cm, salvo algunas felices excepciones, optamos por equipos sutiles, con cañas finas de 4 metros y líneas de boyas pequeñas. Otra opción, si la vista no ayuda, es usar boyas un poco más grandes pero armar líneas tramposas donde la brazolada salga de una boya yo- yo pequeña y le demos a la boya grande una corrida de 15 a 20 cm, regulada con nudos corredizos. Cuando el peje evidencia su presencia en la boya grande, ya estará tragado (esto no es literal si usamos anzuelos grandes, del Nº 1, donde podremos sacar pequeños pejes de la boca y devolverlos).

Primeros lances

Los piques no tardaron en llegar. No era un festival, pero sí había acción constante. Logramos pejerreyes de 20 a 30 cm, con la característica de presentar un lomo bien ancho, ausencia de parásitos y una vitalidad excepcional. Esto es signo de un agua buena que le provee los alimentos necesarios (zooplancton principalmente), que al escasear en tiempos fríos los invita a tomar alimento sustituto (las mojarras que nosotros les ofrecemos).

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A propósito de encarnes, una sola mojarra, acorde al tamaño del anzuelo (medianitas), basta. También rinde adosar un filet de dientudo para voluminizar el cebo y tentar flechas mayores. Aunque esta vez toda la pesca de flechas fue parejita: entre la medida y los 30 cm. Cabe consignar que al llegar al pesquero vimos una incesante actividad de botes que nos hacía pensar que íbamos a tener compañía siempre, pero en la zona donde estábamos no vimos una sola embarcación. Y quizás esta navegación extendida que nos separó de otras lanchas nos permitió visitar una zona de pesca con menos presión y mejores rindes.
Con una veintena de pejerreyes logrados, cerramos la etapa pejerreycera a las 11 de la mañana, para ir en busca del segundo objetivo del día: la tararira. Un verdadero desafío en una jornada en la que la máxima iba a ser de 16 grados.

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En busca de las dientonas

“Acomoden las cosas y abríguense que vamos a navegar un poquito”, sugirió el guía Balisa. Y le hicimos caso. Con mi compañero Martín nos sentamos de espaldas al viento mientras la lancha de fondo plano iba a toda velocidad hacia el claro grande de Chis Chis, para luego aminorar la marcha en el angosto canal que nos hizo desembocar en Las Tablillas.
Ya en el espejo destino, el guía no fue directamente al punto sino que hizo un gran rodeo saliendo al claro grande y girando en U hacia los bajos elegidos. “Está muy baja y hay palos clavados que son un peligro”, explicó. Ya entrando en un bajo muy poblado de juncos, aminoró la marcha buscando señales. Es decir, las estelas de barro que dejan las tarariras en fuga cuando se asustan con el motor. Vimos pocas. “¿Habrán pasado la red?” se preguntó el guía, sabiendo que los eternos furtivos de Chascomús hacen de las suyas en los distintos ámbitos.

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Llegamos a la costa y armamos aparejos de flote con boyas con rattlin (esféricas rellenadas con munición de forma casera o las Doble-T con palito que ya vienen con rattlin de fábrica). En una madre de 1,50 metros pusimos una brazolada a 50 cm de la boya y otra al metro y medio, ambas rematadas en leader de acero de 30 libras y un buen anzuelo taruchero. La carnada:  filet de pejerrey y dientudos enteros.
Caminamos por las costas, tirando y recogiendo sin éxito entre las 11 y las 2 de la tarde. Volvimos a la embarcación para almorzar. Sugerí tirar las cañas mientras recuperábamos energía y dejar las boyas quietas un rato. Así lo hicimos y, en medio del almuerzo, mi boya comenzó a desplazarse lentamente. Clavé una soberbia tararira que empezó una lucha endemoniada. Logramos izarla y el ejemplar, de unos 2,5 kilos, lucía en excelente estado, bien gorda y sana. Primeras fotos tarucheras tras el festejo y el ejemplar, al agua.

Antes de que caiga el sol

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Cerca de las 3 de la tarde se activaron. Joaquín logró otra magnífica taru y con Martín metimos un par más, destacándose un ejemplar que pasó los 3 kilos. Volvimos a caminar a ver si las movíamos, pero solo erramos un par de piques. Al parecer, no estaban tan cerca de la costa ni tan cazadoras como para correr una boya en movimiento. Otro era el cantar si desde la embarcación ganábamos unos metros tirando y le dejábamos detenida la carnada. De hecho, un paisano que pescaba a fondo cerca nuestro, tirando a unos 70 metros de la orilla, logró seis tarariras que sacrificó para consumo. También las buscamos en bait, con gomas y cucharas, pero no hubo suerte en esta oportunidad.
Así las cosas, cerramos la jornada contentos de haber logrado el objetivo: el combo ideal está disponible en Las Encadenadas. Solo hay que hacer bien los deberes y pescar adecuándose al comportamiento invernal de cada especie.

Mapa de la zona

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  • Pesquero La Amistad: Km 144,200 de Ruta 2. Baños, proveeduría, alquiler de botes y motores. $ 200 la entrada. Tel: (02241) 15444358.
  • Carnadas: El Biguá, de Jorge López. Km 71 de Ruta 2. Mojarras chicas para pejerrey y grandes o dientudos enteros para tarariras. Tel.: (02241) 15538099.
  • Guía de Pesca: Joaquín Balisa hace salidas llevando hasta 4 pescadores en cómoda lancha tracker partiendo de La Amistad. Tel: (02241) 15588413.

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Wilmar Merino

Wilmar Merino

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