martes 15 de octubre de 2019
24-04-2019 13:36 | PESCA

Tarariras y doradillos invaden Baradero

Discreta en tamaño de piezas, la zona ofrece multiplicidad de ambientes prometedores: canaletas entre carrizales, piletones con pastos y correderas entre terraplenes. Ver galería de imágenes

La propuesta de hacer una pesca de tarariras y doradillos en aguas quietas logró, paradójicamente, movilizarme. Sucede que la crecida que hasta mediados del mes pasado afectaba el Delta Norte bonaerense, inundó algunos campos con terraplenes cercanos a Baradero, donde el ingreso de agua trajo mucha vida, ofreciendo una pesca de esteros a pocos kilómetros de Capital Federal. Si bien discreta en tamaños de dorados, la situación ofrecía multiplicidad de ambientes prometedores, con canaletas entre carrizales, piletones con pastos que llegaban a la superficie y pequeños pasajes de agua que armaban correderas pequeñas entre terraplenes.

El desafío era tentar a las especies cazadoras en parajes pletóricos de comida en abundancia: se veían por doquier mojarras, sabalitos y pequeñas forrajeras, dando cuenta de un ecosistema con buenos nutrientes para nuestros objetivos.

El sistema elegido para llegar al arroyo Romero fue el de un baqueano que lleva gente a pescar a las islas desde Baradero. Con él se combina punto de encuentro y hora de retorno. Afortunadamente, hay señal de celular en la zona, dado que no está lejos de la ciudad.

0424 baradero doradillos tararira

Hecho nuestro arribo al primer terraplén, bajamos con los anfitriones de la jornada: los amigos del grupo Pinchamostros, con quienes nos dispusimos a probar nuevos señuelos y gomas para montar en anzuelos offset buscando dorados, taruchas y palometas.

Puesta en valor

El arranque en esta ocasión fue con doradillos pequeños, de menos de un kilo, que cazaban en abundancia tomando señuelitos, cortos y gordos, que bajaban a media agua. Luego me propuse pescar tarariras, buscándolas con una cuchara número 3 traileda con anzuelo offset y gomas con lo que –tras abandonar la pureza del lenguaje por perder muchas cortadas por pirañas–, logré un hermoso doradillo de dos kilos que, pescando en estas aguas quietas, pude disfrutar en toda su bravura hasta agotar la pelea. El regalo vino al tenerlo entre mis manos: sus colores eran maravillosos, con pintas negras bien marcadas, cola y cuerpo de amarillo anaranjado intenso y aletas perfectas. Sin duda, el sedimento decantado de estos ámbitos lénticos permite que el dorado en su mímesis adopte los colores más bellos de la especie en estas “aguas negras”, que son precisamente las más transparentes pues el color está dado porque podemos ver el fondo.

Nos faltaban las ansiadas tarariras. Y allí intervino un viejo amigo, Daniel Suigo, guía local que se encontraba relevando el arroyo Pinto y otros puntos cercanos para llevar clientes extranjeros días después. Un llamado para saludarlo se transformó en un “decime adónde estás que voy a buscarte, tengo ubicadas las tarariras”. Y así, 20 minutos después mientras parte del equipo quedó en los terraplenes, fui con el gran Suigo en busca de la especie.

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Apenas 15 minutos de navegación bastaron para entrar en zona de fuego. Fuimos testeando pequeñas bahías desde la embarcación y, donde teníamos un par de ataques, bajábamos a tierra para seguir la faena hasta agotar cada pequeño ámbito. Tarariras de uno a 2,5 kilos fueron las usuales, en tanto ocasionalmente esa barrera se rompía con alguna fuera de molde que llegó a los tres kilos. Aquí sí, a río abierto, hubo menos presencia de palometas y volvimos a usar cucharas traileadas con anzuelos offset y gomas tipo Goziolure, Havoc, Yum, etc. Según el guía Suigo, con más de 25 años trabajando la zona, los bañados de los terraplenes se enfrían rápido al ser bajos y con aguas estancadas, en tanto en el río, y máxime con la gran creciente que hubo, el agua tardará bastante en enfriarse, por lo que de seguro la tararira seguirá siendo un plan de pesca todo abril y acaso se extienda la posibilidad de encontrarlas a los primeros días de mayo.

Dorados por taruchas

Así es el río, caprichoso y cambiante, que decide entregarnos o retacearnos sus dones. Esta vez, nos cambió el chip dándonos dorados en aguas tarucheras. ¡Y con señuelos tarucheros!, pero también mantuvo ausente a las taruchas de estos ámbitos, mientras que sí las encontramos en río abierto. Por eso hay que estar preparados para estos cambios de humor del Paraná. Lo bueno fue ver que, además de las clásicas tarariras, hay doradillos para hacer dulce, siendo esto una esperanza de futuras buenas pescas mientras seguimos disfrutando de su fiereza actual en equipos ultralivianos.

 

Baqueano: Pablo cuenta con una gran lancha tracker capaz de llevar hasta 10 personas a la isla, combinando regreso o asado isleño. Tel.: (03329) 15606269.

 

Podés leer la nota completa en la revista Weekend de abril de 2019, n° 559.

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Etiquetas: Baradero Buenos Aires Dorados Doradillos Tarariras
Wilmar Merino

Wilmar Merino

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