Martes 2 de junio de 2020
PESCA | 20-03-2019 19:00

Patíes en la profundidad de los canales

Nos embarcamos para recorrer el Río de la Plata hasta la isla Martín García. Una jornada de piques y diversión en compañía de niñas pescadoras.
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La llevada firme y en forma lateral nos avisó que teníamos el pique de uno de los monstruos del delta, un patí gigante. El pescador lo dejó comer, que se sintiera a gusto, sin resistencia alguna y, en el momento justo, firme cañazo y la vara toda doblada confirmando que se trataba de un buen ejemplar. A los pocos minutos, y demostrando toda su vigorosidad cerca de la lancha, pudimos levantarlo para sacarnos las primeras fotos y devolverlo rápidamente a su hábitat. La pesca de patíes gigantes en el Río de la Plata atrae buena cantidad de deportistas debido a su gran porte, que llega a alcanzar hasta 20 kg. Es un animal muy noble y a la vez el que mayores disgustos nos puede traer al momento de finalizar la pesca, porque varias veces aprieta la carnada sin ser clavado y, al llegar a la lancha, abre la boca, suelta el cebo y se va dejándonos una sensación amarga por no poder finalizar la captura.  
Si bien el patí es un pez que habita todo tipo de espacios en el río, llámese desbordes, arroyos, bancos de arena y demás, los mejores lugares para intentar la pesca de los gigantes son, sin duda, los canales y las profundas canaletas o depresiones que encontramos en diferentes sectores del Delta y el ancho Río de la Plata. Los lugares más comunes para este tipo de pesca son los canales Buenos Aires y Del Infierno, que pasan al sur y al norte de la Isla Martín García, respectivamente. Otro sector propicio es la llamada Depresión del Palo 4, un lugar mucho más cercano que los anteriormente mencionados. Como para nombrar otros pesqueros cercanos, la boca del Miní, del Barca Grande y el Canal Petrel suelen dar buenas sorpresas con esta especie.

Con anguila o morena viva

Los equipos a utilizar para este tipo de pesca son cañas de 2,10 a 2,40 m de largo con acción de punta, reeles rotativos cargados con nylon monofilamento de 0,40 mm o hilo multifilamento de 30 lb (1 lb =  453,592 g). El aparejo es muy sencillo: cuando hace falta enhebramos un plomo corredizo de 20 a 40 g en la madre que viene del reel y atamos en un esmerillón una brazolada de 1 m de largo de 0,60 mm de grosor, con un anzuelo Nº 5/0 al 8/0. Otro aparejo que suele utilizarse para que el plomo no corra directamente sobre la madre del reel es poner el plomito corredizo entre dos esmerillones con 60 cm de nylon y de ahí sacar la brazolada. Cualquiera de las dos posibilidades será efectiva. Atar anzuelos en tándem no es una mala opción, sirve para acomodar mejor la carnada de anguila.
Es fundamental que el cebo sea anguila o morena viva, aunque la primera es la mejor opción. También se suele encarnar con postas de sábalo, sabalitos vivos y rara vez con algún tipo de bagre, una opción poco utilizada y que no da los mejores resultados. 
Nuestro querido estuario Del Plata tiene un llamador especial a la hora de juntar compañeros de pesca, pero en esta oportunidad hicimos algo diferente y nos fuimos con tres hermosas niñas pescadoras: Mica Bittolo, Martu Mica y Agus terremoto Mica quienes, acompañadas por sus padres y el guía Adrián De Brito, hicieron que pasáramos una jornada inolvidable. Nos juntamos en la guardería muy tempranito y, con la embarcación totalmente equipada y lista, comenzamos la navegación muy placentera hasta nuestro primer destino, que sería la canaleta o depresión que corre a la altura de los palos 4 y 5 del derrotero a la isla Martín García. 
La mejor manera de pescar patíes es gareteando, dejando la embarcación a la deriva y tirando un ancla de capa para hacerlo a menor velocidad. Encarnamos algunas cañas, casi todas sin plomo corredizo salvo una a la que colocamos un plomito redondo de 20 g, y encarnamos con morenas del tipo botellonas y otras con anguilas, arrojando unos 10 o 20 m y haciendo derivar la línea. Los primeros piques fueron de patíes chicos, algo que no queríamos; también picaron moncholos y algunos bagres blancos, hasta que la caña de Adrián se arqueó de manera pronunciada en la clavada y pudimos traer el primer pescado que superaba los 10 kg: un hermoso ejemplar de patí. Satisfechos con la pesca realizada y estando muy cerca de zonas para buscar dorados, decidimos intentarlo con carnada natural y señuelos, obteniendo varios doradillos y algunos dorados de buena calidad, que rozaron los cinco kilos. 

Brillos al garete

Primero tocamos sectores de piedras y, utilizando las modalidades de spinning y baitcasting, fuimos arrojando señuelos con formato de banana y paleta Nº 2, consiguiendo algunos ataques de doradillos que algunos fueron izados a bordo con el bogagrip y devueltos al agua, mientras que otros se desprendieron de los señuelos en el salto. Llegamos hasta un sector del río donde podíamos garetear con morena viva sobre unos bancos de arena y veriles de una pequeña canaleta. Cambiamos las cañas por los equipos un poquito más pesados y, encarnando de cola a cabeza las morenas, arrojamos en diferentes direcciones para que la líneas derivaran sin engancharse.  
De repente y sin pensar que picarían tan rápido, tuvimos la primera corrida de un doradito de unos tres kilos, que dio una linda pelea. Insistimos de la misma manera en toda la zona y pudimos obtener más de una docena de piques, llegando a capturar siete dorados más. Realmente fue una jornada muy exitosa y llena de alegría con la compañía de las niñas pescadoras. Así está el Río de la Plata hoy, con mucha vida y con ganas de que lo tratemos bien. 

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Julio Pollero

Julio Pollero

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