lunes 14 de octubre de 2019
22-04-2019 12:58 | PESCA

Claves para desafiar al arapaima del Amazonas

Las aguas del río Madidi, en Bolivia, nos dan la oportunidad de medirnos con esta particular especie. Qué debemos saber para tener éxito. Ver galería de imágenes

El ansia de descubrir y desafiar nuevas especies nos puede llevar a lugares inhóspitos. Este es el caso de la arapaima, un pez fuerte y difícil de tentar, que nos obliga a viajar hasta Bolivia, para sumergirnos en las aguas del río Madidi, en lo más hondo del Amazonas. Es una pesca poco conocida para nosotros, por lo que trataremos de entender todas sus claves para tener éxito.

El río Madidi es un curso que en época de lluvias estivales se conecta con las muchas lagunas que se forman a lo largo de su traza por meandros que se van embancando, ahí los peces circulan por la selva inundada y van del río a las lagunas. Cuando el agua empieza a bajar en otoño, se corta el flujo normal y las lagunas quedan incomunicadas y con muchos peces, entre ellos arapaimas, hasta la próxima estación húmeda. Los meses de mayo a junio las lagunas están bien nutridas pero no es fácil capturar arapaimas, tienen mucha comida. En agosto y septiembre comienza a afirmarse el buen pique, y octubre y noviembre son buenos meses, con grandes peces encerrados con hambre que ya se terminaron todo lo que había en la laguna. En diciembre comienza a llover y ya hay que esperar otra estación seca para recomenzar un nuevo ciclo.

0422 arapaima amazonas

El arapaima (Arapaima gigas) es un pez del que tenemos mucho que aprender. Esta especie puede llegar a los tres metros de largo y a los 250 kilos de peso. Es estilizado, fuerte, excelente nadador, pero muy celoso para picar y con una sutileza extrema a la hora de abordar un cebo. Lo que exige entender y descifrar que su estrategia de cacería es sutil, no violenta. Se mimetiza entre orillas vegetadas y espera la oportunidad de atrapar a un pez; no sale decidido a cazar, espera. Aborda a sus presas con la gran boca y las aplasta con su poderosa lengua ósea y luego las engulle. Por lo que su pesca además de paciencia, es de mucha atención, pica como un pez pequeño, apenas se siente y eso se debe a que, a pesar de su tamaño, es muy delicado para comer. Darle una prudencial corrida –que no es rápida– y clavar con firmeza es una de las claves para no fallar.

En aguas poco oxigenadas, cuando lo que absorbe por sus branquias es insuficiente, respira aire atmosférico por la boca; generalmente lo hace en períodos de unos 15 minutos, pero puede resistir 30 o más sin salir a boquear. Esta respiración auxiliar la logra ya que su vejiga natatoria está muy vascularizada y, en contacto con el aire, puede intercambiar gases cumpliendo una función similar a la del pulmón humano. Toma oxígeno del agua y del aire; a diferencia de otros peces, este vive en los dos mundos, arriba y abajo.

Demonio dulce y salado

Es interesante escuchar teorías y explicaciones diversas de la gente del lugar. Algunos lo califican como una mezcla de demonio de río con demonio de mar y hay leyendas que hablan de que remontó desde el agua salada hasta estos confines de la selva. Lo cierto es que no hace muchos años empezaron a ubicar al arapaima o paiche –como también lo llaman– en el río Madidi. Pero no lo pescan, prefieren peces más fáciles y más chicos, el arapaima les arranca todo, rompe aparejos, nailon y cañas, y no es negocio para un habitante de la selva exponer sus enseres que son los que le ayudan a conseguir el sustento con un pez tan brutal. Prefieren pescar en el río algún bagre, pacú, bentón (tararira), general (pirarara), chanana (jaú o manguruyú) o surubí, entre otros.

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Mucho por aprender

Sacar un arapaima es algo inolvidable. Difícil explicar lo inexplicable. Cuando la superficie del agua explotó en mil pedazos como un vidrio templado y aparece completamente fuera del agua esa mole de escamas grandes y cabeza antediluviana, a bordo del tronco ahuecado y convertido en canoa amazónica en que estamos pescando, se nos dispara el corazón como un potro desbocado inundando todo de adrenalina.

Por tratarse de un pez que gasta mucha energía durante el combate y se vale de un sistema de doble respiración, es preciso recuperarlo bien, por eso se aconseja no subirlo al bote. Otro cuidado que hay que tener son los cabezazos hacia los costados, que en el agua se amortiguan y son menos violentos.

Los aparejos deben ser potentes, cañas de 6 a 8 pies y de 60 o más libras de resistencia (1 lb = 453,59 g), reeles cargados con multifilamento de 60 a 80 lb y líderes de 40 cm de multifilamento suave y oscuro (no de acero, por que lo siente y rechaza el bocado), que puede ser de 120 a 150 lb y anzuelos del 8/0 al 10/0 –andan bien los ecológicos que se tragan menos y ayudan a la sobrevida de los peces–. Una de las mejores carnadas es el bentón (tararira), pero anda bien el sábalo o la yatorana (matrinchã).

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Nos queda mucho por aprender y descubrir de esta especie que, curiosamente, siempre prefirió los aparejos más sutiles y muchas veces nos puso en serios problemas para alimentar el bagaje de anécdotas e historias. Localizar un pez después de mucho buscarlo, lograr que pique, clavarlo bien y sentir que es demasiado grande, demasiado violento, demasiado fuerte, que supera en mucho al equipo de pesca, que es imposible de frenar y que además con un tamaño y una fuerza descontrolada salta entero fuera del agua, es algo indescriptible. Emociones descomunales que nos regala la pesca, tan grandes y tan violentas como un Arapaima gigas explotando la superficie del agua amazónica.

 

Expediciones de pesca al río Madidi y a otros destinos amazónicos: Piccino Gemma. Tel.: (02944) 415315 y 702399. Correo electrónico: consultas@piccinogemma.com.ar. Web: www.piccinogemma.com.ar

 

Podés leer la nota completa en la revista Weekend de abril de 2019, n° 559.

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Etiquetas: Bolivia Amazonas Rio Madidi Arapaima
Alejandro Inzaurraga

Alejandro Inzaurraga

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