Lunes 2 de agosto de 2021
PESCA | 18-03-2021 11:48

Sorpresa desde el kayak: salmonazo en Chapadmalal

Nos dirigimos a la costa para disfrutar de un fin de semana a puro kayak fishing. Sacamos bagres de mar, anchoas de banco, gatuzos y besugos en exceso, pero las profundidades nos regalaron un trofeo inesperado.
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Como en tantas otras oportunidades, me contacta Andrés, tentándome para viajar a la costa y perseguir el gran sueño de pescar salmones y limones desde el kayak. El pronóstico del sábado y domingo pintaba impecable para poder adentrarnos 4 km mar adentro y buscar un fondo rocoso para realizar esta pesca. ¿Dónde? En Chapadmalal, donde todo es posible.

En el hotel Cinco estacionamos el vehículo. Llevamos los kayaks hasta la garita de guardavidas que se encuentra entre ambas escolleras para evitar en el ingreso al mar la piedra sumergida debajo de la rompiente. Encaramos mar adentro haciendo trolling con señuelos y fiocos en busca de especies cazadoras, como la anchoa de banco, palometas, pescadillas y los deseados limones que aún no logramos tentar. Nos cruzamos un cardumen de palometas que se tentó con nuestros engaños y ambos concretamos capturas.

Una vez fondeados a 25 m de profundidad comenzamos la pesca. El pique de besugos fue instantáneo, y en principio nos alegró. Principalmente porque para encarnar solo llevamos unas pocas sardinitas como para comenzar la pesca. A medida que uno va pescando, lo mejor es hacer filetes y luego cortar tiritas para utilizar como carnada. Justamente el besugo es de primera y abunda.

Era tal la cantidad de besugos que no dejaban comer a ninguna otra especie. Decidimos movernos mar adentro. Andrés paró a 500 m sobre un fondo de arena donde pescó unos buenos gatuzos, bagre de mar y tremendas anchoas de banco. Yo seguí un poco más adentro y a 1.000 m sobre un fondo de piedra obtuve los mismos resultados, más besugos. Por lo tanto, decidí volver y juntos regresamos al primer punto de pesca a los 4.000 m de la costa.

No hubo grandes cambios para mí, seguía pescando besugos. Desmoralizado comencé a guardar las cosas para regresar a la costa. Sobre el cañero, veía la caña de 15-30 lb que marcaba un pique insistente, pero ya cansado de sacar besugos, seguí guardando bártulos. El pique insistente arqueaba la vara de manera intensa por lo que decidí tomarla. Al principio no sentí una resistencia muy fuerte e imaginé que sería un doblete con buenos portes de besugo, pero la falta de cabeceo me hizo alertar que era algo distinto.

De pronto se puso interesante cuando el freno del reel comenzó a ceder de manera interminable. No podía ajustarlo sin arriesgar un corte, por lo tanto lo aflojé. Estaba prendido de una simple línea de variada compuesta de dos anzuelos pata larga número 3 y una brazolada de nylon del 40. Si no cortaba la brazolada, tal vez fallaría algún esmerillón o quizás un mosquetón. No podía despegarlo del piso, y mi caña estaba doblada al máximo.

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Cuando lo levantaba 5 m él me robaba 15. Estaba tranquilo porque tenía buen resto de multifilamento en el reel, pero estaba seguro que lo que estaba prendido en mi línea, tenía dientes y que iba a cortar la brazolada. Rogaba por verlo, no me ilusionaba por sacarlo fuera del agua, con verlo y saber qué pez era me conformaba.

Los minutos pasaban y la resistencia infligida por el pez era cada vez mayor, al igual que mi cansancio. Llegue al punto de perder la batalla en mi mente, convenciéndome de que la brazolada no iba a soportar, y que no iba a poder verlo. Pero me mantuve tranquilo y no desespere en apurarlo. Batallamos por más de 14 minutos, durante los cuales el pez descargó toda su energía nadando tanto hacia el fondo como a favor de la corriente, poniendo a prueba mi templanza y por supuesto, el nylon de la brazolada. Su claudicar no fue algo progresivo, luchó intensamente hasta el último momento.

Ya cerca de la superficie comenzó a blanquear un pequeño pez y veo en el primer anzuelo un besugo. Claramente el titán de esta cruzada aún no se dejaba ver. Seguí levantando y al mismo tiempo implorando que no se corte la brazolada, hasta que finalmente logro distinguir en el segundo anzuelo al protagonista de esta batalla, ¡un salmonazo! Lo tomo de la agalla y jalo con todas mis fuerzas para subirlo, mientras contrarresto el peso del pez para no caer del kayak.

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Pasó la euforia, pero la alegría permanecerá por siempre, este tipo de trofeos no son cotidianos, pero como siempre digo, para poder pescarlos, ¡hay que ir por ellos! Y Colonias de Chapadmalal es donde los sueños se hacen realidad.

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Rodrigo Garcia Cobas

Rodrigo Garcia Cobas

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