Saturday 18 de May de 2024
PESCA | 22-01-2024 18:30

Ramallo, lingotes dorados para no perderse

Tras una excelente pesca previa, intentamos repetir, aunque los resultados no fueron los mismos. Ejemplares de todos los tamaños en un destino muy cercano a Rosario y Buenos Aires. Por: Luis Ventimiglia. 
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A la ciudad de Ramallo la encontramos en la margen derecha del río Paraná, en su tramo deltaico, sobre el brazo más meridional que baña la costa fluvial bonaerense. Su casco urbano ofrece una importante infraestructura orientada al miniturismo, la práctica de gran variedad de deportes náuticos y a lo que a nosotros nos interesa, la pesca deportiva. Se la puede intentar de costa como embarcados, modalidad por la que apostamos en nuestro relevamiento, tras uno previo, la semana anterior, donde nuestro amigo Fernando Rolandi había tenido gran éxito, con muchos dobletes e infinidad de piques de doradillos que llegaron a los 2,5 kg.

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Los buenos datos previos generaron que no dudemos un minuto a la invitación y el pasado sábado 20 de enero, bien temprano, junto a Raúl Barera y Enzo Ventimiglia, estábamos en el Náutico cargando los equipos y saliendo a navegar en una embarcación muy cómoda, dotada con el indispensable motor eléctrico, tan necesario para realizar buenos casteos.  

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Al llegar al lugar elegido para castear, nos dimos cuenta de que la cosa no iba a ser tan fácil como pensábamos. Las condiciones del rio, en siete días, habían cambiado muchísimo. El nivel descendió unos 20 cm, el agua estaba muchísimo más turbia y el viento era muy fuerte, aún más de lo que anunciaban los pronósticos, a tal punto que durante toda la jornada nos impidió colocar la embarcación de forma cómoda para hacer los lances. Pero como siempre decimos, cuando la pesca no es fácil es cuando más nos gusta realizarla.

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Mientras Raúl y Fernando comenzaron sus intentos en bait, con Enzo intentamos hacer spinning. Unos 20 minutos nulos, no se veía movimiento de peces, ni forrajeros que saltaran fuera del agua escapando del ataque de los dorados, cosa que el viaje anterior era habitual y recurrente. De repente, en un tiro de Enzo pegado a unos palos, el ataque y una certera clavada, dos saltos de un hermoso dorado y a la tercera acrobacia, la salida del pez para un lado y el señuelo despedido para otro. Con el gusto amargo de haberlo perdido, el saber que estaban, nos invitaba a insistir.

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Seguimos recorriendo los hermosos lugares que posee el curso de agua allí y en eso, Fernando, logró el primero de la jornada, un doradillo de 1,500 kg, malo, peleador y hermoso a la vez. Ya con esa captura nos entusiasmamos, y ni que hablar con lo que vendría. Detrás de una planta caída en el agua, Fernando volvió a tener otro pique, al mismo tiempo que sufre un ataque mi señuelo, los dos trajimos lindos doradillos que competían a ver cuál hacía más extravagante sus piruetas fuera del agua. La escena se empezó a repetir, Raúl perdía uno, Enzo fallaba con otro, y yo no me quedaba atrás errando tres piques más. Fernando, en tanto, izaba a la embarcación media docena de doradillos. Sin dudas, con un pez que comía muy tímido, la experiencia en el río de nuestro amigo hacía la diferencia. 

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Salieron algunos ejemplares chiquitos y muy atrevidos, doradillos que demostraban la voracidad de su especie, al atacar un señuelo que sería la mitad del tamaño de su cuerpo. Como se debe, todos fueron devueltos en perfecto estado a su hábitat, los que nos da pie a recordar la importancia de respetar medidas, cantidades y vedas de cada especie, para así poder darle la posibilidad a nuestros hijos y nietos a que, el día de mañana, puedan disfrutar de esta pasión tal cual lo hacemos hoy nosotros.

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Alrededor de las 5 de la tarde, cansados de tantos lances, pero felices de la hermosa jornada realizada, decidimos pegar la vuelta. Para ese entonces, el viento no mermaba y era complicado navegar, aunque con un timonel de la talla de Fernando no tuvimos problemas en regresar en perfectas condiciones. Fue un día a pura pesca, sólo a mediodía paramos de castear, ya que hicimos una parada para disfrutar de una comida entre amigos y refrescarnos debajo de la sombra, en una isla. Allí, nos entristeció ver los desperdicios de anteriores visitantes al lugar, gente que no cuida el medioambiente y dejan la basura tirada.

Ramallo nos dejó la enseñanza de que hay que insistir, volver a intentarlo si un día no pescamos, no desestimar los lugares, ya que la pesca no es matemática y las condiciones de una jornada a otra cambian. También, conversar con guías o lugareños de cómo está el lugar en ese momento y cómo pescar. No tengan miedo en preguntar, y en aprender, de eso se trata la pesca, un continuo aprendizaje.

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