Thursday 18 de April de 2024
PESCA | 20-01-2024 10:00

Tiburones: la batalla contra los más grandes

La pesca de esta especie atraviesa una de sus mejores temporadas en la costa bonaerense, tiene cada vez más adeptos entre los pescadores deportivos que se animan a la tremenda pelea que da. Todo lo que hay que saber para poder ganarle al más potente y grandote del mar.
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Hace mucho tiempo que la búsqueda del tiburón dejó de ser exclusiva para un pequeño grupo selecto. Y es por eso que suelen repetirse las escenas donde los campamentos playeros, que pueden durar hasta dos días, muestran una larga hilera de cañas apostadas y listas para arrancar en cualquier momento. La pesca del tiburón dejó de ser un secreto de especialistas y comenzó a pertenecer a la agenda de pescadores deportivos de diversos puntos del país que añoran sentir la inigualable adrenalina que significa pelear, nylon de por medio, con la presa más imponente del Mar Argentino. Se trata de una pesca de seguimiento, de intentos constantes, de ir la mayor cantidad de jornadas posible, donde la mayoría de las veces la suerte y el ímpetu de la captura juegan un rol central: sí, a veces tener la pieza fuera del agua es azaroso. Pura suerte. Sin embargo, a través de los guías y de los más experimentados en la materia, fueron saliendo a la luz detalles que marcan una diferencia y que le permiten, incluso al pescador que incursiona por primera vez, obtener su deseado trofeo o, cuanto menos, poder sentir en carne propia una batalla que ninguna otra especie da. 

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Cómo buscarlos 

Los escualos comienzan a comer cerca de la costa a fines de octubre y principio de noviembre. Ya sea para el gatuzo, cazón, bacota, gatopardo o escalandrún (puede aparecer algún martillo), las profundas canaletas del mar son el lugar donde debe quedar el aparejo dado que allí suelen moverse los ejemplares de variada que terminan siendo el alimento preferido. Debido a que cada localidad o sector tiene su particular geografía, la forma de pescarlos va variando conforme se comportan las corrientes marinas y las mareas. El Faro Querandí suele permitir, en momentos puntuales, pescarlos a tiro de caña. Pero en líneas generales, tal y como sucede en Mar Chiquita o Mar del Plata, se fondea utilizando kayak o un dron a una distancia aproximada de entre 150 y 300 metros de la costa. Suelen llevarse dos aparejos por intento y se arrojan al mar de manera escalonada, es decir, un tiro corto y uno largo, y repite la secuencia. Esto permite no sólo buscarlo en toda la cancha, sino evitar que se enreden ante la posible captura de un ejemplar. Pero, por ejemplo, en San Blas, otro lugar por excelencia para esta pesca, se notan algunas diferencias. Allí el mar muestra tres canaletas, la primera bien orillera, y se busca que tengan entrada de agua, por donde el pescado sale de una y entra en otra. La tremenda amplitud de mareas del lugar (pueden ir desde los 0,30 a los 2,50 m) permite hacer un fondeo de a pie donde el encargado aprovecha la bajamar para meterse caminando con el traje de neoprene y depositar la línea en el tercer canal cuando el mar está bueno, o en el segundo si el mar no lo permite. Aunque también pueden usarse elementos para ingresar al mar, llegar más lejos casi que no es opción, dada la tremenda correntada del lugar. 

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Equipos, aparejos y carnada 

No hay mucho misterio. Las cañas de fibra de vidrio de 3,90 m son las más utilizadas, que pueden ser una acción 08, 09 o 10 de marcas históricas conocidas y tradicionales. En cuanto a los reeles, pueden ser frontales grandes o rotativos. Lo ideal es que puedan cargar aproximadamente unos 500 m de nylon 0,70 o 0,80. En el último tiempo muchos están probando con carretes más pequeños y multifilamento, que da un poco más de precisión, pero menos margen de error. En cuanto a los aparejos hay opciones. Puede ser una madre de 3,50 m de nylon 2 mm con una brazolada blanda, recubierta con manguera y cinta, atada a un anzuelo curvo 14/0 y que tenga una boya a los 30 cm para evitar que la presa se trague y sea fácil su liberación. Otros optan por una brazolada de acero de 200 libras (1 lb = 0,453 kg) con anzuelos circulares o tradicionales tipo J 16/0 o 20/0. En todos los casos, el fondeo se hace con un grampín en forma de ancla pequeña de unos 400 gramos de peso atado a 1,50 m de nylon 0,50 mm que hace de fusible. Cuando está el pique, se corta y la pelea es directa con el ejemplar. La carnada por excelencia es la lisa, que puede ir entera (si es chica) o bien en trozo. Y aunque está un poco más atrás en rendimiento, el magrú siempre es una opción valedera. Sin embargo, teniendo en cuenta que la comida real es la variada del lugar donde se esté pescando, no deben descartarse alternativas como la corvina, la pescadilla e incluso la brótola. 

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Cuestión de suerte 

Una vez hechos los deberes y con las cañas apostadas, será el azar el que disponga del éxito o no de la salida. Puede ser porque directamente no hay pique o porque la especie está errática para comer. Por las características antes mencionadas de cada lugar, en el sur se suele fondear una sola vez el equipo: si no hay pique, o si arranca, pero el pez se escapa incluso después de un rato de pelea, esa caña queda automáticamente fuera de combate. Por eso hay que estar atento: ya sea porque arranca hacia adentro con fuerza o porque come al revés, se viene hasta la costa y obliga al pescador a recoger a toda velocidad para poder tensar. Todo, en apenas unos minutos. Si se corta el grampín, la historia está decidida: a menos que, como ocurre en el norte de la provincia, sea al comienzo de la jornada y dé tiempo de revancha para volver a entrar, sobre todo con las facilidades que ofrece el dron. Pero muchas veces el tiburón ataca la carnada como a una presa, con un mordisco inicial de shock que mueve el aparejo por su extrema fuerza, pero no lo desancla. Muerde, lastima y se aleja. Sin embargo, es casi cantado que a los minutos regresa para terminar su faena y es ahí donde comienza el show. 

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La hora de la verdad 

Más allá de cómo de inicie la acción, quedarán tres escenarios posibles: si el pez salta fuera del agua, por pura potencia el porcentaje de corte es altísimo. Puede ofrecer una lucha encarnizada, de ida y vuelta, donde la pericia del cañófilo será determinante a la hora de cansarlo y –aun así– soltarse a metros de salir. Muchas veces el anzuelo no viene bien clavado, o el tiburón nunca abrió la boca y por eso no largó antes. La tercera posibilidad es la mejor: pez fuera del agua, algarabía de amigos, abrazos y felicitaciones, fotos y videos de rigor y devolución obligatoria lo más rápido posible (muchas veces con marcación y precinto del Proyecto Conservar Tiburones, dado que así lo disponen las legislaciones vigentes. Hace tiempo se viene trabajando sobre la concientización, dado que el regreso de la especie al mar no sólo garantiza su continuidad, sino que su recaptura permite estudiar su actividad migratoria. Los especialistas coinciden en que es clave la participación de varios pescadores. No sólo para retirar de forma correcta la pieza, tomándola de la cola y acompañando suavemente hacia la orilla (incluso para su posterior regreso al agua), sino también para ser testigos privilegiados y poder compartir con amigos la alegría y satisfacción de lograr una de las pescas más apasionantes e importantes que puedan practicarse desde la costa. No es para menos. Las imágenes hablan por sí solas.

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Diego Fernández

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