Domingo 12 de julio de 2020
PESCA | 05-03-2020 18:08

Así pescamos grandes pirararas en el Abacaxis

Cómo explotar al máximo un destino que reúne un singular barco hotel con un río lleno de tucunarés y grandes apapás para pescar con señuelos.
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Luego de un día de descanso, turismo y compras en Manaos, partimos en hidroavión hasta el barco Doutores das Aguas que estaba anclado en el brasileño río Abacaxis, un afluente del Amazonas, al que abordamos luego de setenta minutos de vuelo. A la tarde armamos los equipos en la cubierta superior y a dormir temprano. En esta operación se pesca a razón de dos personas por bote de aluminio con un guía rotativo y cervezas, agua y gaseosa a gusto. La fiesta empezó el primer día. El Abacaxis tiene una gran cantidad de lagunas que lo nutren, donde abundan los tucunarés de la especie Cichla pinima que llega a los ocho kilos, la segunda más grande. No hay otras operaciones en esta época, pues el río está muy bajo y nuestro barco tiene un mínimo calado.

Entre los engaños, nada más eficaz que el jig de pelos, una mosca con cabeza de plomo de 14 o 18 gramos, con el pitón a 45 grados atada por Rubinho, que se puede comprar en el barco. Hubo mañanas en las que tuve más de treinta capturas con un jig de pelos blancos, negros y anaranjados. Ese color fue estelar. Se lo puede lanzar contra la costa, donde los tucunarés acechan escondidos entre los palos, y luego traerlo dando pequeños saltos con la punta de la caña o recogiendo como si estuviéramos strippeando una mosca. Los más grandes picaron a la caída o en la detención, cuando el jig bajaba unos centímetros. Por su formato y por tener un anzuelo simple, la eficacia en la clavada es muy buena, y no se sueltan tanto cuando estos peces cabecean.

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También queríamos disfrutar del pique explosivo en superficie. Para ello usamos los dos señuelos más eficaces al pelo del agua: hélices y paseantes. Las hélices dan, generalmente, los peces más grandes. Una NG rindió muy bien, trayéndola con toques cortos y fuertes para que levantara agua. Lo importante al recogerlas es mantener cierta cadencia violenta, sea con toques cortos o largos. Una caña rápida con la ayuda del multifilamento, que no se estira, permite un trabajo menos fatigoso. Sin embargo, no es necesario para estas hélices medianas utilizar cañas tan potentes: pesqué todo el tiempo con una 8/14 libras sin ningún problema. ¡Hasta me dio un doblete: un tucunaré de cada triple! 
Los paseantes también son muy divertidos, aunque los peces a veces marran mucho el ataque y, en este sentido, son menos eficaces que los estrímeres y los jigs e, incluso, que los de subsuperficie y los de media agua. Por el contrario, resultan muy divertidos. Con toquecitos de la vara se logra que se hamaquen hacia uno y otro lado y, al pasar sobre estructuras, suelen ser atacados por los tucunarés y algún cabeza amarga al acecho. No faltaron las muchas capturas con señuelos de subsuperficie, aquellos que bajan apenas entre cinco y veinte centímetros y, movidos por la caña, trazan zigzagues muy atractivos para esta especie. Algunos vienen con el pitón en la nariz y otros sobre la cabeza. 
Para pescar cueros, ciertos pescadores todas las tardecitas separaron una hora hasta el anochecer y lanzaron un pedazo de tararira en anzuelo 10/0. Esta carnada abunda y se la pesca con los mismos señuelos que usamos en la Argentina, aunque se trata de una especie chica. También se usan palometas como carnada, las que suelen tomar metidas entre los tucunarés de la misma zona. Plomo de diferentes pesos, línea de ochenta libras y caña y reel acordes completan el equipo. El resto es paciencia y suerte: las piraíbas y pirararás suelen nadar muy rápidamente cuando se sienten pinchadas y, si hay árboles hundidos, es difícil ganar esa lucha. Aunque no es una pesca abundante, los tamaños motivan, y mucho.

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Apapás rebeldes  

Con carnada natural también logramos matrinchas, un bricón muy peleador que nos sorprendió por el buen tamaño. Se usan equipos más chicos, ya que raramente sobrepasan los dos kilos. Eso sí: buscan librarse entre la maraña, por lo que es común quedarse con las ganas. En una zona de aguas rápidas vimos un raro movimiento de saltos. Eran apapás, especie que nunca había pescado, aunque lo deseaba. Es una clase de lacha que puede alcanzar los seis kilos y tiene color dorado. En lugar de tirarle un minnow chico de unos nueve centímetros, que está entre sus preferidos, por apurado puse una Banana Alfer’s de paleta intermedia, con la cual logré sacar mi primer apapá. Impresiona cómo saltan y, por su boca quebradiza, no es fácil llevarlos hasta la lancha. Mario también sacó un par muy buenos con minnows de paleta corta.
Días más tarde encontramos un cardumen muy activo contra unas piedras costeras. Tuvimos mucha actividad con señuelos de subsuperficie. El riesgo de corte se minimizaba gracias a un líder del largo de la caña hecho con nailon 0,70 mm. El más grande tomó un minnow y pesó cerca de cuatro kilos. En general, tuvimos muy buen pique. Siempre regresamos a almorzar y dormir una siesta con aire acondicionado en el barco y, al menos tres días, con unos cincuenta pescados matinales entre dos personas. Muy recomendable.

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Desde la Argentina viajaron también Roberto Bermúdez, Sergio Mathey Doret, Coco Marques, Javier Gora, Andrés Sanvittori, Mariano Vaschetti y Mario Campanella.

 

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Néstor Saavedra

Néstor Saavedra

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