Domingo 18 de abril de 2021
PESCA | 04-03-2020 18:28

¿Cuál es la boya que más atrae a los pejerreyes?

¿Madera balsa, corcho, telgopor o plástico? ¿Colores claros u oscuros? ¿Qué formato y tamaño? ¿Cómo elegir la correcta según el ámbito de pesca?
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Existe una cada vez más amplia gama de boyas. Inicialmente eran de madera balsa o corcho, pero luego se construyeron de telgopor y, más tarde, de plástico. Si bien algunos sostienen que ciertos colores ejercen más atracción en el pejerrey y, por lo tanto, generan más piques, la opinión generalizada es que el color de las boyas tiene que ver, pura y exclusivamente, con la capacidad de visión del pescador. Por lo tanto se recomienda emplear boyas oscuras con el sol de frente y claras con este astro a las espaldas. También es importante el color del agua. Por ejemplo, en el río de la Plata costará más ver boyas naranjas por el tono marrón del agua; en aguas con espuma, deséchese el color blanco. Las combinaciones de tonos claros y oscuros (rojo y negro, verde limón y blanco, por ejemplo) suelen ser muy eficaces para la función de la boya: mostrarle al pescador el momento justo en que dar el cañazo para clavar al pez.

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Los materiales modernos han permitido el corte de numerosas formas de boya (palito, romboidales, esféricas con una canaleta para enrollar la brazolada o yo yo, etc.). El formato de la boya está asociado a su estabilidad frente al movimiento del agua: por ejemplo, una moderna boya con quilla navegará mejor que una tradicional palito, la que salta más fácilmente del agua por su menor superficie de contacto con el medio líquido. Esta relación entre la boya y el agua sufrirá variantes, si se pesca anclado o al garete, puesto que en esta última modalidad (derivando con la lancha sin ancla o con el ancla al garreo, es decir, al arrastre) hay una aceleración de la corriente como si fuéramos recogiendo constantemente. Por esta causa hay quienes prefieren usar boyas más largas para garetear o cargarlas con una media munición partida. Por todas estas razones, el pescador va soltando nailon suavamente a medida que aleja las boyas de su posición para evitar resistencia y que estas trabajen de forma inadecuada levantando las carnadas. 
Los formatos más comunes son: palito simple, doble palito, aceituna con doble palito, esférica, yo-yo, lágrima, cometa, con quilla, chupete, cajón y topolino. Las esféricas, como la yo-yo, pueden usarse con cualquier tipo de agua, procurando las más pesadas, si hay olas. La boya con palitos iguales se usa cuando hay mucha marejada, porque el diseño le permite mejor “tenida” en superficie. La ventaja de este tipo de boyas es que anuncian muy bien el pique, ya que se paran saliendo del pelo del agua. Las boyas con formato romboidal y esférico se desplazan de costado ante el pique y exigen mucha atención de parte del pescador. Las boyas chupete se bambolean dándole más vida a la carnada, pero perdiendo estabilidad frente al viento. 
El tamaño de la boya tiene que ver también con el mismo factor que el color: la posibilidad de verla bien para detectar el pique. Sin embargo, el tamaño también condiciona la resistencia que el flotador le ofrece al pez: una boya chica y liviana ofrecerá menos resistencia y, en consecuencia, peces “ariscos” tomarán con más “confianza”. En cambio, una boya grande ofrecerá mejor visión al pescador, pero el pez encontrará mayor oposición al comer la carnada que pende de ella. La habilidad del pescador consiste en buscar el equilibrio. La experiencia nos dice que siempre hay que usar la boya más chica posible. Sin embargo, por ejemplo, en el estuario del Plata, casi siempre se pesca lejos de la embarcación y hay oleaje, lo que obliga a usar boyas grandes e, inclusive, a pescar “con el dedo”, es decir, la boya queda tan lejos que no se la ve y el pique se siente teniendo la línea con el dedo que sujeta la caña. Lo opuesto es la sutileza que precisa la pesca de cornalitos: se usan boyas de seis milímetros y de tergopol, casi invisibles. 

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En las boyas irregulares, como las cometa que tienen un cono corto y un cono largo, el rotor se pone del lado del cono más corto y este apunta hacia el puntero, de modo que el pique se desplace y no hunda la boya. Los pescadores menos avezados necesitarán ver el pique con más claridad y ubicarán el cono largo del lado del puntero, para que la boya se pare cuando coma un pez.
La consigna que es común para cualquier tipo de boya, medida y color que se utilice es que estén alineadas. De esta forma se apreciará muy sencillamente el pique sea que la boya se mueva de costado o se pare. Boyas desalineadas son sinónimo de línea mal armada o inadecuada para esa condición de movimiento de agua. Por lo tanto, no sirven para pescar.
Una boya poco conocida es la Mandale, inventada por Pascual Mandale para poder pescar en los muelles del Río de la Plata, que ingresan transversalmente al agua y no permiten que el pescador camine a la par de la correntada como los del Paraná Guazú. Es una boya que, por un lado, se mantiene anclada por un línea con un plomo en el extremo distal y, por el otro, sostiene la línea clásica con las boyitas.
 

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Néstor Saavedra

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