Sábado 30 de mayo de 2020
PESCA | 27-02-2020 18:27

Lisas donde el río se une con el mar

En esta playa se pesca desde las barrancas para atrapar a esta esquiva especie directamente entre las piedras. Equipos y carnadas.
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El río Quequén, que desemboca en el mar, siempre brinda una entretenida y mañosa pesca de lisas a la que suele sumarse en esta época una rica variada de temporada. Ese fue el ámbito elegido para pescar esta vez, previa recorrida por caminos de tierra poco frecuentados, para poder dar con esta especie tan esquiva. Como el hombre es gregario, emprendimos esta empresa acompañados por Ariel y Santiago Valsamo, cuyo plus es que son conocedores del lugar y ya habían experimentado, en los días anteriores, una entretenida pesca de lisas de todos los tamaños con aparejos de flote.
Para obtener estas presas preparamos cañas de 3,90 a 4,30 m, reeles frontales cargados con multifilamento de 0,22 mm, anzuelos N° 4 y líneas de flote compuestas por tres boyas en diferentes gamas de colores. El más rendidor de la jornada sería el tono claro (verde limón o blanco). En carnadas, la lombriz colorada fue lo más efectivo y, como otras opciones, puede resultar muy bien el peceto cortado en cuadraditos y teñido de rojo. También brindó sus frutos la panza de lisa coloreada en idéntico tono.  

Sobre la Cueva del Tigre

El primer lugar elegido fue la Cueva del Tigre, punto sobre el que armamos nuestro campamento pues cuenta con una amplia arboleda a la vera del río. Desde allí recorreríamos caminando diferentes entradas de agua y, en más de una vez, pescaríamos arriba de las piedras (si el río crecido está no se ven y corremos el riesgo de enganchar nuestros aparejos y perderlos). El río se encontraba en creciente, cosa que nos daba la posibilidad de buscar arriba de los bochones (piedras). Algo a tener en cuenta es que la lisa se arrima a comer a la piedra, pues allí se junta bastante alimento, incluyendo al verdín que la misma piedra ocasiona. Además, es una zona en la que la marea remueve todo el sedimento, otra ventaja más a la hora de buscar esta difícil especie. Los primeros intentos, varios, fueron fallidos en este lugar; tuvimos algunos piques pero ninguno de ellos se pudo concretar, y nos dimos cuenta de que se trataba de lisa muy chica, que jugaba continuamente con nuestras carnadas. Seguimos efectuando lances entre los claros de piedras y dejando que la suave correntada ubicara la línea encima de ellas. Fue así que la primera lisa de la jornada terminó tomando la carnada de Santiago, aunque ofreciendo mucha resistencia hasta poder aproximarla a la costa. 
Por un momento pudimos observar el cardumen muy pegado al sector de piedras. Así que, sin pérdida de tiempo, concentramos nuestros lances en esa zona, prácticamente arriba de los peces. Llamativamente, sin respuesta alguna. A unos 100 m de donde me encontraba realizando mis intentos, observo cómo Ariel y Nicolás concretan otros ejemplares, más hacia afuera de las piedras. Como el pique venía muy remiso y no teníamos los resultados esperados, volvimos al lugar del inicio para quedarnos un rato hasta que la marea se normalizara. 

Por la tarde

Una vez que el agua detuvo su ritmo, volvimos al lugar de inicio para hacer la pesca en bajante. Nos costó nuevamente encontrar al cardumen. Probábamos una y otra vez en cada movimiento que observábamos en el agua. Luego de dar con el lugar correcto, los piques se potenciaron, concretando Diego Araujo y Ariel lindos ejemplares de lisas muy parejas y, entremezcladas, las conocidas lisas canaleras, una especie que va de los 500 gramos al 1,200 kg. La técnica era arrojar la línea fuera de la piedra y que la marejada la arrimara sobre ellas. Era ahí donde obtuvimos los piques de lisas. Una vez que tomaban el engaño, salían como misiles buscando la profundidad en el canal o entreverándose en las mismas piedras, así que no teníamos que darles ventaja porque las perderíamos enredando los aparejos entre las piedras. 
La pesca se fue afirmando con la bajante suave, por lo que fuimos buscando constantemente diferentes lugares. En cada uno concretábamos dos o tres piezas, pero teníamos que ir corriéndonos de lugar porque el mismo ruido que provocaba el pez en el agua espantaba al cardumen. El cierre de la jornada nos regaló portes que llegaron a los 2,500 kg, pero valió la pena porque el recorrido de toda la extensión de la zona nos brindó un paisaje fuera de lo común, en un ámbito que aloja a una rica variada de temporada: grandes carpas, pejerreyes, y hasta lenguados de todos los tamaños en ciertos pozones que el río ofrece. También se acerca a comer la corvina negra. De hecho, pescando lisas dimos con algunos ejemplares, así como de lenguados nada despreciables. 
La lisa es una especie que nos pone en un desafío constante, donde colmarnos de paciencia es el secreto principal: hay que esperar a que el pez nos regale satisfacciones. El ámbito en sí es de barrancas, en algunos sectores muy empinadas y con piedras, lo que también hay que tener en cuenta, pues debemos llevar un calzado acorde al lugar. En más de un sector tenemos que estar pescando prácticamente parados arriba de rocas muy resbaladizas. El lugar es apto para pasar una jornada de pesca, acampar a la vera del río Quequén junto a la familia o recorrer el cauce de agua en kayak. 

La Cueva del Tigre y su fauna

En el curso inferior del río se encuentra el paraje llamado La Cueva del Tigre. En ese lugar está El paso del Médano, que es un cruce natural utilizado en la época de la Conquista del Desierto (1860/1870). En esta zona se encuentran distintos saltos y cuevas. En una de ellas se refugiaba un cuatrero llamado Felipe Pacheco, apodado “El Tigre del Quequén”, de ahí el nombre de La Cueva. El forajido aprovechaba “El Paso del Médano” para asaltar las carretas que por allí cruzaban. 

Referentes del Lugar: Ariel y Santiago Valsamo, Cel.: (02983) 15-582346.

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Marcelo Albanese

Marcelo Albanese

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