Thursday 18 de April de 2024
PESCA | 27-01-2024 10:00

El Picurú, nuevo pesquero: atardecer en el río Salado

Excelentes pejerreyes después de la veda y a pocos metros de la Autovía 2, en lo que durante años fue el pesquero Don Eduardo, hoy con cambio de concesionario. Más servicios y lindos ejemplares que pican al caer el sol. Además, lisas y carpas.
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En busca de pesqueros de costa accesibles, cercanos y con muy buenos servicios, la alternativa del río Salado sobre la vera de la Autovía 2 se presenta como una de las mejores de este recién iniciado verano 2024, porque es muy rendidora, ideal para la familia pescadora que, apenas a una hora y media de la Capital Federal, pretende efectuar buenos lances.

La referencia es el castillo a mano derecha (hacia Mar del Plata) de la localidad de Guerrero. A esa altura el río Salado cuenta con un nivel de agua estable debido a su dragado y curso permanente, que es mantenido por las mareas del Río de la Plata que ingresan por la bahía del Samborombón y las precipitaciones que bajan desde el Oeste y vuelcan sus aguas en los campos aledaños a este curso para, finalmente, terminar en él. Sin embargo, pese a las escasas lluvias el río se mantiene estable, lo cual es una muy buena señal.

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El nuevo concesionario del predio en cuestión es Hugo Díaz, referente de la zona de Lezama y dueño del puesto de carnadas El Picurú, en el Km 157 de la Autovía 2. Junto a un familiar suyo –Alberto Barragán– , en compañía de mi padre –Alberto Frontoni– y de nuestro amigo en común Daniel Pavoni, nos acercamos a realizar este relevamiento bajo el puente de la Ruta 2, a la altura del mojón del Km 167, punto donde no pasamos el río, sino que por abajo lo bordeamos hacia la izquierda para encontrarnos con un predio muy prolijo, ahora llamado El Picurú y antes conocido como el viejo pesquero Don Eduardo.

La previa

Llegamos a las 12 del mediodía, porque Hugo nos aconsejó no arribar temprano, ya que los pejerreyes picaban al atardecer, después de las 17. El lo tenía estudiado y probado: los resultados se estaban dando a ultima hora. Con la llegada del amigo Enrique Villarejo salió la picada y el almuerzo. Quique llegó para matizar el encuentro, hacernos compañía y ¡cocinarnos un asadazo! La idea era que no perdiéramos tiempo, así que a las 13 el olorcito presagiaba que faltaba poco para comer debajo de una frondosa sombra donde la mesa ya estaba lista.

El reloj marcaba las 14 y el termómetro 29 grados cuando vinos saltar varias lisas y otras tantas carpas de gran porte. Consideramos que era el momento apropiado, así que nos dividimos en tres sectores: cada uno tomó una franja de 150 m de la ribera, aproximadamente, la que atacó con equipos formados por cañas desde los 4 m de acción de punta, equipadas con reeles tamaño 2500 cargados con multifilamentos y líneas de tres boyas yo-yó de 18 mm, en colores que variaban desde amarillo limón al verde manzana, con un puntero impulsor. 

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También probamos con líneas ancladas con una boya Mandale, pero todas –para nuestra sorpresa– encarnadas con lombrices. Fue Hugo quien nos anticipó: “Traigan lombrices que el pejerrey esta tomando sólo eso”. Un dato más que importante a tener en cuenta ya que la mayoría de las veces que realizamos esta pesca fue con mojarras vivas de porte chico. De hecho, habíamos llevado otras provisiones para no fallar, como filet de dientudo, panzudos y camarones de arroyo, muy rendidor este último como alimento predominante del pejerrey y difícil de conseguir en esta época del año.

Empezó la fiesta

Si bien arrancamos temprano con algunos toques sutiles, lo bueno comenzó a las seis de la tarde en la caña de Hugo, quien acusó una pieza que rondó los 30 cm. Acto seguido fue Daniel quien pudo dar con otro ejemplar del mismo porte. La realidad de este pesquero es que el pejerrey navega mucho por el curso y se concentra en cardúmenes. En general, cuando logramos un par se suceden ráfagas de piques que tenemos que aprovechar, porque la especie se largó a comer, actividad que no hace en todo el día y que –por lo que pudimos observar– concentra entre las seis y las siete y media de la tarde, tiempo en que logramos 25 piezas seleccionadas, todas por encima de los 30 cm de longitud. En esa franja horaria fue tirar y sacar. Alberto, incluso, junto a otro pescador local, pudo dar con varios dobletes, lo que nos aseguró un material más que calificado para esta época veraniega.

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Sin duda, la jornada en El Picurú fue formidable gracias a los buenos recursos hídricos, como también a las alternativas de pesca. Se puede ingresar tanto en días soleados como luego de las lluvias, ya que se ubica a solo 200 m de la ruta. 

En el lugar hay sombra, sanitarios, parrilla y una proveeduría atendida por el concesionario, además de una extensa costa de más de 3 km para el disfrute de la familia. En breve también se podrá pasar la noche, ya que se están haciendo obras de infraestructura para realzar aún más la puesta en valor de lo que muchos conocieron como el viejo pesquero San Eduardo.

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Gustavo Frontoni

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