Thursday 30 de May de 2024
PESCA | 01-05-2023 10:00

Concordia: un verdadero multipesquero

Pocos ámbitos como éste pueden ofrecer propuestas tan variadas que van desde sutiles pescas en ultraliviano o pacúes en un coto cerrado, a poderosos combates metidos en el agua con los peces más luchadores del Uruguay medio y rodeados de carpinchos.
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Sin dudas, hay lugares que, por su belleza y la posibilidad de hacer diversos programas de pesca en la región, son sitios que siempre están en agenda. Concordia es uno de ellos. Situado en el río Uruguay medio, 450 km al norte de Buenos Aires, no solo es territorio de los dorados más grandes del mundo, sino cancha también de sutiles pescas de bogas, excitantes combates en spinning al vadeo, tranquilas capturas de pacú a la espera en un lago sembrado y divertidos lances de ultraliviano (UL) en zonas calmas. Es que la represa de Salto Grande, que lo ha modificado todo, también ha generado los más diversos escenarios, cuyos rindes cambian al compás de la largada de agua por las turbinas. Todo eso hace de Concordia no solo un destino a tener en cuenta todo el año, sino un programa que nos sumerge en un paisaje que es, sin dudas, un abuso de la naturaleza.  

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En esta ocasión fuimos convocados por un pescador local: Juan Milera, amante del spinning ultraliviano, quien realiza en zona del lago de Salto Grande, es decir, aguas arriba de la represa, extraordinarias pescas de dientudos paraguayos, doradillos, cabeza amarga, mojarrones y palometas. Pero claro, tratándose de una visita a este verdadero multipesquero, le redoblamos la apuesta diciéndole al anfitrión que el UL sería solo una parte del programa. Que la idea sería hacer una recorrida por las distintas posibilidades de pesca de la zona, con una clásica de embarque, pero también con opciones costeras bien aventureras para dar con las más calificadas especies del lugar sin pagar a un profesional. Tras el desafío aceptado, viajamos en micro para llegar descansados junto a Federico Trejo, fabricante de señuelos ultralivianos, quien suele probar sus criaturas en esta zona tan prodigiosa. 

Dorados cazando temprano 

A las 6 AM ya habíamos dejado la terminal y estábamos desayunando a la espera de que nos convocase nuestro guía elegido, Paco Marcogiuseppe, gran conocedor de la zona. Ni bien recibimos su OK, nos dirigimos al Club de Pesca Concordia, con una regia bajada desde la cual partimos hacia Salto Chico haciendo trolling, en aras de ver si metíamos algún dorado grande. Usamos en esta ocasión un equipo de bait clásico, con cañas de 2,10 m y reeles tipo 201 cargados con multifilamento de 30 lb (1 lb = 0,453 kg) de resistencia. Hay que ir eligiendo señuelos de acuerdo a la altura del río (el asesoramiento del guía es fundamental para seleccionar el tipo de paleta), pues la idea es que venga tocando el fondo cada tanto. 

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El primer espectáculo de la naturaleza fue ver múltiples escenas de dorados cazando: violentos arrebatos en superficie, chapoteos que asustaban cerca de la lancha y alguna boguita volando por los aires, escapando de las mandíbulas más feroces del condado. Sin embargo, pese a verlos en actividad, hubo que esperar 20 minutos hasta recibir el primer ataque en los señuelos. Trejo logró un dorado chico. Luego me tocó a mí pelear con un tigre de no más de 3 kilos. Y, finalmente, el gran Paco se dio el gusto con un lingote de unos 6 kilos que nos regaló maravillosos saltos y corridas.
Llegamos a Salto Chico, cascada que en tiempos de aguas bajas corta el río Uruguay en dos, dejando apenas algunos pasos. No todos los guías se mueven cómodos en esta trabada geografía donde hubo muchos accidentes. La ventaja de pescar aquí es la de estar sumergidos en el paisaje, donde muchas veces hasta se pueden ver los peces, dada la claridad del agua del río Uruguay, que en esta zona discurre sobre afloramientos basálticos, es decir, sobre piedras, una geografía muy distinta al barroso río Paraná que arrastra sedimentos de montaña que le dan su típica coloración marrón.

Un punto clave 

En Salto Chico, aprovechando que estaba bajo, el guía logró atracar con maestría la embarcación en medio del cauce que quedaba expuesto y provocaba una cascada de un metro en medio del río Uruguay. Aguas arriba de este accidente y aguas abajo, los dorados cazaban a sus anchas. Vadeando con sumo cuidado en estas resbaladizas rocas nos fuimos distribuyendo en puntos clave para hacer los intentos en spinning. En mi caso armé caña de 2,10 m, con reel tipo 2500 y multifilamento de 30 lb. Mis compañeros optaron por el baitcast con elementos de similar potencia.
Quien rompió el molde fue Juan Milera, con un dorado de unos 4 kilos que, pescado en esta situación, parado sobre piedras en medio de un río partido, sencillamente es una postal inolvidable. Luego siguieron capturas de todos los miembros de la excursión, destacándose un gran dorado logrado por el guía Paco Marcogiuseppe que habrá pesado unos 8 kilos.

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Hubo más pesca, y en modalidades muy deportivas, pues aprovechamos la visita para practicar otras variantes como bogas al vadeo, una técnica de sensación indescriptible. Pelear una boguita de kilo y medio a dos, como nos tocó esta vez, metidos en el agua, es no solo divertido sino visualmente muy atractivo porque, insisto, no son pocas las veces en las que podemos detectar la actividad del pez a pocos metros y arrojar allí nuestro sencillo aparejo, compuesto de plomo pasante redondo, esmerillón y una brazolada de 50 cm con uno o dos granos de maíz remojado encarnados por la parte blanca.
Misión cumplida con nuestro guía, a quien liberamos para seguir con el plan de una multipesca. Lo que siguió después del almuerzo fue una visita al complejo Cristal del Lago para pescar pacúes. No se trata estrictamente de un pesque y pague, sino de un complejo recreativo con piletas y parque, que incluye lagos sembrados con tarariras y pacúes. Si bien no tendrá el encanto de una pesca salvaje, dar con pacúes a 450 km de Buenos Aires representaba un singular atractivo, sin dudas atípico y desafiante. 

Pacúes del lago

Visitamos el complejo en un día de semana y por la tarde, por lo cual la concurrencia del lugar era mucho menor a la de los fines de semana. De entrada, al ser recibidos en la confitería con balcón al lago del lugar, mientras nos hidratábamos un poco vimos un impresionante cardumen de pacúes justo debajo nuestro. Pensamos que la faena sería fácil pero… nada más lejos de la realidad. Es que allí no se puede pescar, por lo cual los tendríamos que buscar en el resto del lago, donde no estaban amontonados, o hacer tiros distantes y precisos para caer en zona de fuego.
Usamos los mismos aparejos que para la boga, solo que el remate del anzuelo fue con un pequeño leader de 10 lb, aunque mantuvimos el anzuelo de pata corta tipo Chinu. Paco Marcogiuseppe, que nos acompañó en las primeras horas, se lució con maestría logrando ejemplares chicuelos, de un kilo promedio. Nada que ver con los enormes pacúes de 2 a 4 kilos que vimos bajo la confitería, casi como burlándose de nosotros. Sin embargo, la pesquita se hizo entretenida. Encarnamos con coquitos de palmera, masa y hasta tuvimos un par de capturas con caramelos de goma blandos. Pero claro, éstos se salían en tiros bruscos buscando distancia.

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No quisimos abusar de nuestros anfitriones y habiendo cumplido con la tarea de mostrar la pesca de pacúes concordienses en un ámbito ideal para disfrutar en familia, partimos a cumplir con la tercera parte del plan, atendiendo al origen de nuestra invitación: hacer una divertida pesca en ultraliviano en Concordia.
Con el sol empezando a caer en el horizonte, visitamos varios puntos rendidores. En uno logramos cabezas amarga, pero en el lago de Salto Grande, en una escena para el recuerdo rodeados de mansos carpinchos (foto abajo), batallamos con señuelos mínimos (incluso paseantes y poppers) con bravos y astutos dientudos paraguayos, que se alternaban en los ataques con no menos combativas palometas bravas. Fede Trejo y Juan Milera se lucieron también con especies menores, como mojarrones y pacucitos reloj. Ya casi sin luz, rematamos la jornada pescando doradillos en la salida del arroyo del camping la Tortuga Alegre.

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Así las cosas, con la caída del sol y los cuerpos cansados, un reparador baño en el vestuario del camping y posterior cena en una buena parrilla, nos hizo llegar al micro que nos traería de regreso cargados de sensaciones. Repasando las fotos mientras el bus nos devolvía a nuestro origen, revivimos la variedad de situaciones de pesca posibles y evaluamos a futuros nuevos planes por hacer. Es que, cuando uno va a Concordia, regresa pensando en una sola cosa: volver.

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Wilmar Merino

Wilmar Merino

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