Tuesday 28 de May de 2024
PESCA | 13-12-2023 18:30

Carpas koi en el embalse Esteban Agüero de San Luis

Pesca con devolución de una especie que cada día suma más adeptos. Enormes y bellos ejemplares entre cerros puntanos.
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Visitamos San Luis para el inicio de la temporada de verano, más específicamente el embalse Esteban Agüero, situado en el Trapiche. Fue construido en el año 1997 y recibe aguas tanto del río Grande como del arroyo Los Manantiales. Está ubicado entre cerros empinados y su altura máxima desde el lecho del río, es de 60 metros. Hasta allí, tuvimos la fortuna de aventurarnos en varias ocasiones, siendo la primera en 2018, recorriendo casi 900 km y llegando al lugar por rumores de que había peces de colores que nadie pescaba. Esa primera vez marcó un hito en la historia del Carpfishing argentino y generó varias preguntas que al día de hoy son imposibles de explicar.

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En este embalse junto al pejerrey y la trucha, convive la carpa, pero no cualquier tipo, sino que la variedad koi, la que es ornamental de estanque y que uno puede ver en el porteño Jardín Japonés o en los parques temáticos del país. Estos ejemplares los llamamos el milagro de San Luis, ya que desafían las leyes de la naturaleza y la selección artificial. En los criaderos se selecciona de un lote de alevinos de carpas que tienen color y las que no, se las descarta. Por naturaleza y sin separación alguna, el color de la carpa intenta volver al origen pardo que le otorga ventaja a la hora de sobrevivir a todo tipo de depredadores en su estado juvenil, ya que un tono intenso la hace blanco fácil. En este embalse no existe la selección artificial y aún así son todas carpas koi. Cada pique que uno tenga es una carpa hermosa y colorida.

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Existen varias teorías de cómo llegaron, ninguna se ha podido confirmar. En el inicio del nuevo milenio, recuerdan que hubo una crecida enorme y dicen que bajaron desde un campo por el río Grande y se adaptaron al Embalse. Por su porte podemos determinar que hay ejemplares de todas las franjas etarias y se han reproducido durante el transcurso de las temporadas, desde Undercarp hemos dado con piezas desde 3 a 12 kg, determinando que las carpas más grandes tienen una edad aproximada de 20 años leyendo las anillas de sus escamas.

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Lo difícil de esta sesión de carpfishing argentino fue que el embalse estaba muy bajo, con una cota de 14 metros por debajo de su nivel normal los mismos lugares donde en viajes anteriores se pescaba, ahora había pasto y arena. Fueron unos días de mucha demanda física para llegar al lugar de pesca, subir y bajar los cerros cargados de cosas en varios viajes soportando el calor que rajaba la tierra para montar el campamento. No es para cualquiera, pero todo sacrificio tiene su premio. Una vez que bajamos todo, empezó lo bueno. Fueron 4 días desconectados del mundo, sin señal de celular y solo rodeados de naturaleza para ponerse a pescar en la desembocadura del río Grande, un lugar del embalse que no habíamos visitado nunca, pero al que apostamos todas las fichas: un sitio soñado, con un paisaje increíble.

El primer día de pesca armamos una zona de cebo mientras analizamos las condiciones. Cebamos principalmente con pellets, y los cebos utilizados fueron el harinado clasico y el de queso. El fondo era de sedimento barroso muy blando, el agua estaba turbia a diferencia de las veces anteriores que siempre fue cristalina, la temperatura estaba óptima para la actividad carpera pero era evidente la falta de oxígeno porque no entraba buen caudal hídrico y cada tanto se veía algún pejerrey flotar muerto por asfixia. Las líneas utilizadas fueron del tipo Feeders distance y resorte de único anzuelo simple con terminaciones en bajos con maíz, banderitas y maíces pop up.

Si hay algo que las carpas aman es el barro, sus bocas protráctiles succionan el fondo en busca de alimento a lo largo del día y de la noche. Estábamos seguros que estábamos en el lugar indicado, pero pasado el primer día no vimos ningún indicio de las koi, ni contacto visual desde las alturas, ni tailings, ni burbujeo esponjoso que connote peces comiendo abajo, nada de nada. Eso sí, la actividad de tres tipos diferentes de mojarras y pejerrey era notoria, muchísimo flecha de plata activo a lo largo de todo el día. La primera noche fue catastrófica, entrada la tardecita se veía venir por detrás de la sierra unas nubes muy cargadas, refusilos y truenos anunciaban el chaparrón.

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Por la noche comenzó una lluvia intensa con viento que arrasó con todo y arruinó el precario campamento. Muchas cosas se mojaron, el frío aumentó, pero nada nos iba a detener, como si fuera un ritual cada 2 o 3 horas renovamos los tiros y nutrimos la zona de cebo. Después de la tormenta salió el sol, y con el calor en aumento empezó a verse actividad de carpas. Algunos saltos fuera del agua evidenciaron el esplendor de sus escamas rojas y negras, alguna totalmente blanca sacaba su cola fuera del agua en la zona baja, boqueando en el fondo en búsqueda de alimento; otras simplemente se asomaban dejando ondas sobre el agua que solo los peces grandes son capaces de hacer, era cuestión de tiempo, estaban ahí, estaban activas, estaban dispuestas a comer.  

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Así fue que una vez que la zona de cebo hizo efecto, las carpas koi se pusieron a comer y la sesión de carpfishing argentino fue un éxito, fueron 15 capturas entre los 4 y 9 kg. Todas fueron devueltas al agua luego de batallas épicas e inolvidables en un lugar mágico.

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Pasar de la tranquilidad de estar inmerso en la naturaleza con el sonido de las aves y animales a un pique de carpa es algo hermoso, del que sólo los que han sido testigo de una llevada violenta de una carpa lo saben. Las cañas reposan con la tanza floja tras largas horas de espera, se dibuja una curva del sedal en contraste contra el reflejo del agua, las estrellas de los reeles están desajustadas, y sin previo aviso, el momento mágico ocurre, ese que todos esperamos, donde una carpa se manifiesta tras ser víctima del engaño del pescador y está dispuesta a escaparse de ese anzuelo que la mantiene atrapada con toda su fuerza y voluntad. El reel empieza a sonar de una manera constante, es un grito penetrante que pide auxilio, se está quedando sin tanza y no deja de girar sin parar, se quema por dentro. La carpa está sacando metros de nylon cada segundo. El pescador deja todo lo que está haciendo y va a encañar cuanto antes para librar esa batalla inolvidable, ese tire y afloje, esos minutos en los que el corazón se acelera y la adrenalina corre por las venas. Sufrimiento y nervios que recién cuando la carpa entra en el copo y se saca fuera del agua se termina. A toda esta situación, hay que sumarle que no son cualquier tipo de carpas, son koi, el tesoro más preciado para el pescador que hace Carpfishing.

Por Federico Katz de Undercarp.

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