Martes 21 de septiembre de 2021
NAUTICA | 24-05-2021 14:00

Cuántas embarcaciones hay en la Argentina

Qué dicen las estadísticas sobre la construcción de naves deportivas en nuestro país. Un análisis con interesantes conclusiones, reveladoras en algunos casos.
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Vamos a introducirnos en el ADN de la industria nacional de embarcaciones de placer. El término “placer” implica una “satisfacción o sensación agradable producida por algo”. Ese “algo” es el placer de navegar. Las leyendas urbanas, la economía y la política de nuestro territorio entiende por “embarcaciones de placer” a un conjunto de adinerados que posee suntuosas embarcaciones. Nada más lejano a la realidad: se navega con un kayak, con un bote a remos, un dinghy, un optimist, una lancha, un bote, un velero, un motovelero o un yate motor: distintos barcos, distintas condiciones, distintos presupuestos. Todos navegan el mismo río, se queman con el mismo sol y se mojan con la misma agua. Hay embarcaciones de todos los precios. Tener un departamento en la costa, o dos autos, a veces es más oneroso que tener una embarcación intermedia. Valga este prefacio espontáneo para mucha gente ignorante o maliciosa que opina sin saber, argumentando elitismo. Y también que sepa que hay una industria de gente que trabaja desde hace más de cien años haciendo barcos. Luego de esta introducción, vayamos con las estadísticas.

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Matrículas

El total de las matriculaciones generadas tienen en primer lugar dos grandes divisiones: las registradas en las diferentes zonas de Prefectura Naval Argentina (denominadas Jurisdiccionales) y las inscriptas en el Registro Especial de Yates (REY), también de Prefectura. Son jurisdiccionales  aquellas embarcaciones pequeñas, cuyo numeral de arqueo sea menor a 1. Ejemplo: un bote motor de 4,3 m de eslora, 1,84 m de manga y 0.85 m de puntal tiene un numeral cúbico de 6,72 (producto de la multiplicación de las 3 dimensiones), lo que resulta en 1,34 al dividirlo por 5. Siempre que el número final de esta cuenta no supere el 1,48/1,49, el arqueo total será 1 y la embarcación deberá inscribirse en una jurisdicción regional de la Prefectura (Olivos, Tigre, Rosario, etc), por lo que tendrá las siglas de esa dependencia: ejemplo, San Fernando es SFER, acompañado por el número que corresponda de expediente.
Si la cuenta obtiene un resultado superior a 1,50, el arqueo total envía la matriculación al Registro Especial de Yates. A partir de allí, se pueden desglosar entre embarcaciones chicas y grandes (hasta 24 m de eslora o más). Ahora bien, esta división inicial es independiente de la segunda: el análisis por regiones, que abarca varias provincias, y que sitúa a Buenos Aires-C.A.B.A. como una sola región (por ser la de mayor densidad poblacional). Por último, el análisis incluye una tercera división:  las embarcaciones registradas por provincias. Y antes de continuar, un detalle importante: canoas, kayaks, botes inflables y todos los veleros de categorías monotipo no se matriculan, es decir, un importante número de embarcaciones quedan excluidas de estos parámetros. Las embarcaciones importadas sí están incluidas dentro de la estadística, incluso las motos de agua, y gracias a todos esos datos podemos estimar que hubo años de importaciones más destacados que otros, y que del total, entre un 2 a 3 % son equipos foráneos.

Mercado por región

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Según la estadística final de matriculaciones totales de 2019/2020 por regiones (ver gráfico), el 52 % de las embarcaciones registradas se distribuyeron en el Litoral (Mesopotamia y provincias lindantes); Buenos Aires – C.A.B.A.  tiene un 39 % de embarcaciones inscriptas ese año, y siguen la zona Sur con un 6 % (en ascenso), Córdoba con el 1,43 %, la región norte del país con el 1 %, y Cuyo con el 0,42 % del total de matriculaciones. Esta torta refleja claramente dónde se encuentra el grueso del mercado, aunque con una particularidad: Córdoba. Allí Prefectura no tiene jurisdicción y apenas el 1,43 % de cordobeses registra su barco en otra provincia.
La zona Litoral siempre ha sido el motor de la industria naval, el gran consumidor de embarcaciones, por supuesto, junto a Buenos Aires. La prodigiosa Mesopotamia argentina y sus costas vecinas son verdaderos paraísos de la pesca y el relax. Sus habitantes ribereños y de muchos kilómetros tierra adentro poseen algún tipo de embarcación, mayoritariamente lanchas, botes y trackers de esloras no superiores a 6 m promedio y potencias bajas (40/50 HP). Esa es la media elegida para navegar en zonas de islas vírgenes, con mínimos  servicios básicos de guarderías, sin surtidores al pie del río, rampas y varaderos, servicios existentes solo en las ciudades más importantes. ¡Ah! Faltaba un dato: el último censo del parque náutico nacional es de 2016 y arroja la existencia de unas 149.560 embarcaciones registradas. Cinco años después se estima que hay casi 200.000 embarcaciones surcando nuestras aguas.
Desde siempre, los habitantes del litoral viven el rio a pleno; es su refugio, su lugar de esparcimiento, donde la práctica de la pesca deportiva tiene alcance internacional. Por esa razón una buena parte de la industria de embarcaciones ha nacido, crecido y mantenido a lo largo del tiempo: para abastecer al mercado litoraleño que, por razones que mezclan idiosincrasia, necesidad y sentimiento nacionalista, consumen embarcaciones de producción nacional con fanático rigor. Merece la pena destacarlo: tener un “bote”, como suelen decir en todo el litoral, ”es tan necesario como tener un auto. El río es parte de nuestra cultura, es el  día a día”, me comentaba un conocido de la zona del alto Paraná. El litoral fue el mayor consumidor de embarcaciones deportivas nacionales en los 90, la década de mayor importación de embarcaciones en la historia.

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Por otro lado, Buenos Aires es la provincia donde se encuentra el mayor porcentaje de la actividad constructiva y recreativa del país, allí existen numerosas guarderías, marinas, servicios extendidos desde la ciudad de La Plata hasta kilómetros arriba de San Nicolás, con epicentro en Tigre y San Fernando. Buenos Aires y su 39 % difiere del tipo de embarcación comparada con el litoral: aquí las números marcan motos de agua, semirrígidos, veleros, cruceros y lanchas de todas las esloras, con mayores potencias. La razón es de simple entender: más población concentrada, acceso directo a astilleros, una gran estructura de servicios, diferentes tipos de navegación en el Delta, Río de la Plata para el 95 % de la actividad de vela, cruceros para navegar hacia los puertos uruguayos, lanchas de pesca, paseo, práctica de deportes náuticos, kayaks etc. La pluralidad de diseños y modelos es inmensa, pero en definitiva Buenos Aires posee menos matriculaciones, aunque en cuanto a esloras y tipos de barcos superan a los equipos vendidos en el litoral.
Respecto a la región Sur, la zona de los grandes lagos es la de mayor concentración de embarcaciones, en su mayoría cabinadas y semirrígidos. Si miramos la costa marítima argentina, no tiene niveles importantes de barcos registrados debido a su extensa geografía y un mar pocas veces benévolo para navegar.

Mercado por provincias

Siguiendo con los números de 2019/2020, Buenos Aires – C.A.B.A. mantiene el mayor número de embarcaciones anotadas (1.775 unidades), y Santa Fe le sigue de cerca con 1.085, manteniendo históricamente el segundo lugar, siempre en crecimiento. Si separamos Buenos Aires de C.A.B.A., Santa Fe es la provincia que más equipos registró (1.342). Por detrás se ubican Buenos Aires con 1.253; Entre Ríos, 532; Corrientes, 356; y Misiones, 232. Todas lecturas interesantes para entender cómo se mueve la economía en el mundo de la náutica, una industria que no solo se dedica a la recreación, sino que provee cientos de embarcaciones anuales para trabajo, apoyo, rescate, patrullaje, pesca comercial, batimetría, boyado, pasaje, practicaje y avistamiento de fauna.

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Martín D'Elía

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