Lunes 26 de julio de 2021
INFORMATIVO | 21-04-2021 10:27

Descubren valiosos objetos en una casona de Montserrat donde vivió Juan Manuel de Rosas

Los hallazgos tuvieron lugar mientras se llevaban a cabo los trabajos de excavación en el lugar donde un grupo inversor que la había comprado tenía previsto construir un edificio de 14 pisos de oficinas y viviendas particulares. ¿Qué encontraron?
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Cuando un grupo inversor compró la vieja propiedad ubicada frente al solar de la calle Moreno 550, en pleno barrio porteño de Montserrat, a la que Juan Manuel de Rosas usó como sede del gobierno y vivienda familiar durante 40 años,  jamás pensaron que iban a ser protagonistas de un histórico hecho.

Es que al momento de comenzar con los trabajos de excavación para la construcción en el lugar de un edificio de 14 pisos de oficinas y viviendas particulares que incluía dos niveles de estacionamiento subterráneos los albañiles se encontraron con algo que les llamó poderosamente la atención: una impresionante cisterna con capacidad para 220.000 litros de agua.

Se trata de una construcción subterránea que hasta finales del siglo XIX se llenaba con agua de lluvia para, luego, extraerse con un balde a través de un aljibe. Mientras la estructura mide unos 7 metros de diámetro, sus paredes tienen 55 centímetros de grosor.

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A medida que las obras avanzaban, el equipo de trabajo también descubrió otras estructuras subterráneas que incluyen 2 cisternas, 4 pozos de balde, 5 pozos ciegos, 1 letrina, 3 pozos de basura con material arqueológico y 1 olla de descarte, que fueron excavadas hasta una profundidad máxima de 6.50 metros.

También encontraron centenares de objetos en perfecto estado de conservación y miles de fragmentos de objetos, como cubiertos, cerámica ordinaria, loza sanitaria, vajilla de mesa, vestimenta y calzado; frascos y botellas, herrajes, huesos de animales, adornos, objetos de uso personal, herramientas y monedas de distintas épocas, entre tantas otros elementos.

Estos hallazgos obligaron a suspender momentáneamente las excavaciones para llevar a cabo un relevamiento exacto del verdadero  potencial arqueológico del predio. La tarea estuvo a cargo de un equipo de arqueólogos.  historiadores, arquitectos y biólogos de la Universidad Nacional de La Plata, de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Rosario liderado por la doctora Ana Igareta, investigadora del Conicet por el Instituto de Investigación, Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La Plata (UNLP)

“Desde un principio el planteo fue que el trabajo arqueológico tenía que convivir con la obra sin que nos molestáramos mutuamente, y si podíamos ayudarnos mejor, ya que la obra dependía de la presencia del equipo arqueológico para continuar habilitada”, explicó la investigadora en una entrevista al diario La Nación..

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“Literalmente encontramos miles de fragmentos y piezas, cientos de ellas enteras, intactas, perfectas. Como hubo muchos espacios de descarte intencional de basura, nos dio un registro fantástico de qué tipo de objetos se iban descartando a lo largo del tiempo en este espacio urbano, y el volumen es increíble. Hay pocos sitios en Buenos Aires que hayan tenido tanta recuperación de materiales en un único lote, y una vez terminada la excavación fueron meses de seguir limpiando, lavando, clasificando y fichando”, agregó Igareta.

La casona de Rosas en Montserrat y un futuro paseo

La historia de la antigua residencia de la familia Rosas data del año 1762, cuando el influyente comerciante Felipe D´Arguibel se casó con Andrea López de Cossio y se fueron a vivir a la casa de Moreno 550 que, luego, fue heredada por la hija mayor del matrimonio, Teodora, quien, en 1782, contrajo matrimonio con Juan Ignacio de Ezcurra.

De esa unión nacieron varios hijos, entre ellos Encarnación, que, en el año 1813, se casó con Rosas y se establecieron en el lugar donde nacieron sus hijos. Finalmente, tras la muerte de Encarnación, en 1838, Rosas se mudó al palacio que había mandado a construir en el barrio porteño de San Benito de Palermo.

“Lo más interesante es todo lo que no tenía que ver con Rosas y apareció inesperadamente. Por supuesto, los platos hallados con la leyenda Federación o Muerte no dejan de ser una cosa totalmente impactante, pero sabíamos que habían existido”, comentó Igareta.

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Según señaló la investigadora, los objetos domésticos de todas las personas que vivieron ahí como esclavos y sirvientes tienen un enorme valor histórico. “Recordemos que la familia de Rosas tuvo una importante cantidad de esclavos viviendo con ella durante todo el tiempo que estuvieron instalados en Moreno. Y la otra parte que me parece muy interesante es el registro institucional”, concluyó.

Ante la sorpresiva aparición de las cisternas y la imperiosa necesidad de preservarlas, parte del proyecto inicial de obra fue modificado para dar lugar a la construcción del Paseo de la Cisterna: un gran espacio del tipo “plaza cubierta” , abierto al público y con espacios dedicados al museo de sitio, actividades culturales y con locales destinados a la gastronomía que, si todo marcha según lo planeado, verá la luz en el mes de octubre

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