Viernes 17 de septiembre de 2021
BIKE | 16-12-2018 10:16

Hasta Irlanda en bicicletas plegables

Una experimentada pareja partió desde Londres para recorrer las ciclovías del Reino Unido. Por qué eligieron este tipo de bicis.
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Todos los que viajamos con la bici sabemos que no es fácil su transporte y, si le sumamos la idea de realizar un viaje a Europa con aéreos y ferrocarril incluidos, las vacaciones se pueden complicar tanto en lo logístico como en lo económico. Hay dos ítems fundamentales que juegan a favor: la experiencia (propia o ajena) y una buena planificación de recorridos, lugares por conocer y hospedajes.

Liliana Hipatia y Sergio Iacobelli tienen muchos kilómetros pedaleados en mountain bike y bicis plegables, tanto en nuestro país como en dos viajes previos a Europa y los Estados Unidos. Y, aunque parezca extraño, la mejor elección en base a su experiencia fue llevar dos plegables marca Brompton.

¿Por qué? En el viaje anterior, Sergio usó una plegable con el clásico rodado 20 y Liliana su Brompton rodado 16. El menor tamaño de la rueda significa menor peso, en tanto que el rodado 20 ocupó mayor espacio, tuvo que pagar exceso de equipaje y no la pudo entrar a determinados lugares. Y entre ambos rodados no hay diferencias significativas de velocidad y confort. En números, el presupuesto fue determinante: en cada tren, la rodado 20 pagaba U$S 20; en avión, otros U$S 75 de seguro; en tanto que “la Bromy”  es liviana y tiene una valija cuyas medidas están estudiadas para viajes en avión y tren.

Solucionado este tema, trazaron el recorrido y, en base a ello, reservaron por AirBNB las casas en las que se alojarían, con un detalle genial: como en Londres se quedaban el primer día y también al regreso,  los dueños les guardaron las valijas que transportaron las plegas.

Con respecto al equipaje: lo mínimo: ¡una mochila de 30 litros cada uno para llevar la ropa y una alforja delantera de ocho litros de fácil acceso, donde tenían a mano lo esencial: GoPro, GPS, cargadores de celular. Así que, apenas aterrizados en Londres armaron las bicis y tuvieron lo más complicado: pedalear 18 km hasta el hospedaje con las valijas en la parte trasera. A la mañana siguiente tomaron el tren a Cardiff, 240 km hacia el Oeste.

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El verde de Gales

Cuatro días habían planificado para recorrer esa zona de Gales donde visitaron algunos pueblos costeros y luego tomaron el tren hasta Aberdify, donde comienza el Parque Nacional Snowdonia. El único problema fue que la belleza de los lugares era tan apabullante que se entretuvieron sacando fotos y luego tuvieron que levantar ritmo para que no se les viniera la noche. Durante la primera, durmieron en Barmount luego de pasar por un increíble puente colgante y llegaron al castillo Tyr Grain para hospedarse. La cocina estaba cerrada, pero la abrieron exclusivamente para prepararles la cena.

Dentro del Parque Nacional hay muchos caseríos, allí mismo se alojaron y en sus comercios compraron lo necesario para comer. Para su sorpresa, en Llangelynnin encontraron casitas, bicicletas y hasta serpientes tejidas al crochet que cuelgan en todos lados. Es la actividad de invierno del lugar y, para solventarse, hay una alcancía donde los turistas colaboran; con esos fondos compran la lana necesaria. También pasaron por el pueblo con el nombre más largo del mundo... mejor lo dejamos para otra nota.

Y en una de las bicisendas del parque encontraron tirado un muñeco muy simpático al que recogieron y que Liliana colocó al frente de su bici; había que bautizarlo y se decidieron por Croeso, que era una palabra que veían en muchos carteles de Gales. Luego se enteraron de que quiere decir bienvenido.

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Hacia Irlanda

Terminado el recorrido de Snowdonia tenían que embarcar pero en la última noche en Gales se dieron el gusto y se alojaron en el Castillo de Bangor. A la mañana siguiente, pedalearon 40 km hasta Holyhead y embarcaron en el ferry –no les cobraron despacho y al resto de las bicis, sí–, que cruza el Mar de Irlanda y desembarcaron en Dublín.

Tres días le dedicaron a la capital, en la que sólo dejaron las bicis para hacer un citytour. Luego y pedaleando, recorrieron numerosos parques urbanos, el Puente del Penique y la biblioteca del Trinity College, donde se encuentra el Libro de Kells, el más antiguo de mundo (año 800). Hasta entraron con las bicis plegadas al museo. Este tipo de bicicleta siempre despierta simpatía. Con sus rueditas causaban sensación y la gente hasta les pedía sacarse fotos.

Ya con rumbo Norte, el día nueve partieron hacia Dondalk, los esperaban 87 km de bicisendas señalizadas, alguna hasta cruzaba un campo de golf privado. Atravesaron infinidad de pueblos con edificaciones de piedra del 1.600. Un periplo más que interesante de ciclovías que alternaban bosque y montaña, deporte e historia, eso sí... ¡siempre en subida!

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El rodado 16 de las Brompton obliga a conocer bien el uso de los cambios, los pedales siempre se sienten livianos y las piernas giran muy rápido por lo que hay que cargarlas y usar cambios pesados. Tanto Liliana como Sergio están acostumbrados, algo imprescindible en un viaje de estas características en que las subidas prolongadas fueron una constante.

El día doce llegaron a Belfast, luego de un último tramo agotador de 107 km,  con mucho calor y trepadas demoledoras. Pero esta ciudad los dejó maravillados y olvidaron el cansancio para sumergirse en las imágenes del Titanic –allí fue construido en 1912–, con murales y pinturas callejeras que mantienen viva su historia.

Irlanda del Norte fue el último punto del viaje, pero Lili y Sergio apenas habían embarcado las Bromys en el vuelo hacia Londres y ya pensaban. “¿Este será el punto de partida de nuestro próxima pedaleada?”


Nota completa en Revista Weekend del mes de Diciembre, 2018 (edicion 555)
 

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Aldo Rivero

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