Martes 2 de junio de 2020
AVENTURA | 17-02-2020 12:43

Cómo iniciarse en el carrovelismo, paso a paso

En primera persona, nos adentramos en la historia de esta llamativa pasión. Además, aprendemos a fabricar nuestro primer carro impulsado a vela.
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Algunos dicen que desplazarse en carros a vela es muy similar a volar un planeador: solo el sonido del viento y la arena por debajo del vehículo, es que no tiene propulsión más que la del flujo de aire de la costa. En mi caso es una de las pasiones que llevo desde el 2000, a tal punto que me hizo fabricar mi propio carro y probarlo en los fuertes vientos de San Clemente del Tuyú. Desde entonces visito esa localidad para aprovechar las mañanas de marea baja y recorrer las playas hasta Punta Rasa, a unos nueve kilómetros de distancia. Lo bueno del carrovelismo es que se trata de un deporte practicable casi todo el año, sólo se necesita que exista una cantidad suficiente de buen viento y aprender a conducir el carro, aunque no es difícil, lleva su tiempo.

Animarse a construirlo

En mi caso, comencé hace 20 años viendo fotos y buscando información. Así creé mi primer carro a partir de algunas horquillas de bicicleta, cuatro ruedas y una vela hecha con tela de camperas rompeviento sujetas a un mástil de bambú. La adrenalina de la velocidad por las playas redobló mi curiosidad hasta que logré el modelo justo, que actualmente me permite desarmarlo para guardarlo en un departamento, ya que ocupa poco espacio. Y, es más, luego de seis construidos perfeccioné la técnica con materiales como fibra de carbono (para el mástil), velas de windsurf y ruedas tipo carretilla con rulemanes, todo lo cual me permitió lograr cada vez más velocidad y mejor control del vehículo.

Un desafío personal

Pero no es sólo la adrenalina de alcanzar altas velocidades lo que me motiva a disfrutarlos, además de competir contra mis hijos, yerno y consuegro, sino que a través del carro puedo vivir mis otras dos pasiones: la pesca y la fotografía de aves, a tal punto que pinté mi vehículo con colores camuflados para poder acercarme lo más posible a fotografiar aves playeras. Ni qué hablar de participar de los campeonatos que se realizan anualmente en Rada Tilly (Comodoro Rivadavia), donde está la sede de la Asociación Patágonica de Carrovelismo, al igual que los que se llevan a cabo en Bell Ville (Córdoba), donde también hay otra asociación. O de los cuatro que organicé en San Clemente (en el último junté 30 carros en la playa y vino gente hasta de Brasil). Como broche de oro, gracias a gestiones de la Asociación Patagónica junto a la Federación Internacional de Carrovelismo, la Argentina será sede en 2022 del próximo Mundial de la especialidad.

Ahora volvamos a lo principal, dijimos que cualquiera que tuviera un poco de voluntad e ingenio podía fabricarse su propio carro a vela, porque no es difícil, pero qué se necesita:

  • Herramientas: soldadora eléctrica, amoladora y máquina de agujerear, como lo más sofisticado. Luego, pinzas, destornilladores, alguna llave francesa y no mucho más.
  • Ruedas de rodado 8, las que comúnmente se usan para carretillas (esas amarillas), que son de plástico con dos rulemanes de 20 mm y vienen con cámara.
  • Para el chasis, un caño de 4 x 4 cm con un espesor de 1,06 mm, suficiente para la estructura.

  • Tanto el mástil como la vela –ideal entre 7 y 7,5 m2– son los que se utilizan para la práctica de windsurf y se consiguen en el mercado de usados, no es necesario comprar nuevos.
  • La botavara (parte de abajo de la vela) es un caño de aluminio que, en caso de necesidad, puede reemplazarse por uno de hierro no muy pesado (para iniciarse es más que suficiente).
  • Para el porta mástil lo recomendable es un caño de 2 mm de espesor por 47,05 mm de diámetro externo. Tener en cuenta: primero comprar el mástil y luego el caño, dado que este último va por dentro del mástil.
  • En cuanto a la horquilla, es un caño de 2 mm de espesor en cuyos extremos se suelda una planchuela para pasar el bulón de 20 mm que agarra la rueda delantera. Para el movimiento utilizar bisagras tipo tranquera bien soldadas a la punta del chasis. Tener presente que es la orquilla la que generalmente tiene que aguantar toda la fuerza.

  • Para el movimiento de lo que sería el volante –se maneja con los pies– utilizar una bieleta de auto, la más larga posible, o adaptarla a las necesidades de nuestro diseño (ver plano estándar a la izquierda).
  • En los terminales de lo que sería el eje trasero, colocar bulones de 20 mm con doble tuerca o, en su defecto, una tuerca autobloqueante.

Finalmente, unas roldanas comunes (las de náutica son muy caras), una soga y a salir a navegar. La experiencia nos irá indicando cómo mejorar el carro y la conducción. Porque no habrá duda de que querremos volver. Más aún cuando nos interioricemos de que las prácticas reúnen a miles de personas de todo el planeta con vehículos que alcanzan más de 80 km/k por hora. Incluso, que hay prototipos como el Ecotricity Greenbird que marcó velocidades de más de 220 km/h en hielo.

at Jorge López

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