Esteros de Farrapos: nuevo pesquero en Uruguay

Al norte de Nuevo Berlín se encuentran los Esteros de Farrapos. Los conforman islas e islotes, bañados y pantanos que suelen regalar muy buenas pescas. Galería de imágenes.

Por

En el vecino Uruguay, 40 km al norte de la ciudad de Fray Bentos, se encuentra el pueblo llamado Nuevo Berlín. Y allí son protagonistas los Esteros de Farrapos, con sus numerosos arroyos y afluentes, un lugar con muchas semejanzas a nuestro Delta en el Río de la Plata. Nos pusimos en contacto con Miguel Tripani, de Uruguay Aventura, excelente pescador de las tarariras tornasoladas, quien nos comentó que en esta zona estaban sus amigos Sergio Sánchez, Alexander y Enzo Romero, comenzando a brindar un servicio de pesca deportiva. Ellos cuentan con embarcaciones de porte mediano pero lo suficientemente cómodas como  para recorrer todo el río Uruguay.

La idea es preservar los recursos naturales, generar ingresos para ellos y también para el pueblo, los alojamientos y los comercios, no sólo los fines de semana, sino todos los días del año.

Fue una gran aventura navegar este río desde que embarcamos y poder disfrutar al mediodía un almuerzo acampando en las islas. El fin de semana que elegimos estaría complicado por la cantidad de agua que el río Negro estaba volcando, haciendo de tapón al río Uruguay que al subir su nivel nos haría perder las fantásticas correderas que se forman, el lugar preferido de los cazadores de dorados.

Luego de recorrer los 320 km que nos separan de Capital Federal, llegamos al lugar, donde ya estaban en el agua las embarcaciones listas, junto a Miguel Tripani, Sebastián Taranto y Alvaro Silva que se sumaron a la partida. Arrancamos río abajo para ingresar en las bocas de los arroyos y garetear todo su recorrido a unos 10 m de la costa y poder realizar los lances con nuestros señuelos al golpe.

Entre seis pescadores se imaginan el arsenal de señuelos que habíamos llevado, cada uno con su favorito o tal vez con el que más resultado le había dado en la pesca anterior. En esta primera jornada completa navegamos más de 50 km probando en cuanto palo semisumergido había, renovando la esperanza de que, como todos sabemos, hubiera algún dorado grande acechando a su presa. Tiro tras tiro no teníamos resultado más que algún pique, una falsa llevada y no podíamos clavarlos, solo obtuvimos uno de 2 kilos, dejándonos algo más que un sabor amargo.

Reponiendo energías

El clima no ayudaba, con nada de viento y río planchado al mediodía, así que decidimos hacer un alto para almorzar una riquísima carne al disco preparada por Miguel. Una rápida “carga de batería” y continuamos el recorrido, pero la desilusión seguía presente ya que nada había cambiado con respecto a las condiciones de la mañana. Uno de los señuelos más atacado fue un caimán de subsuperficie que trabajaba hasta los 80 cm de profundidad, un modelo confeccionado por Sebastián, loco por los señuelos. Lógicamente, le dije que deseaba llevármelo de recuerdo y él generosamente me lo obsequió.

Ya el sol bajaba temprano en el horizonte del lado argentino y decidimos volver al hospedaje a descansar para el día siguiente estar al pie del cañón bien temprano. Al levantarnos vimos que la jornada había amanecido muy nublada, e iban pasando los minutos y el viento se acrecentaba. Cuando estábamos listos para partir en la costa, se largó una tormenta eléctrica con fuertes lluvias y un viento que calculamos que sobrepasaba los 35 km/h, así que abortamos la salida hasta el mediodía, cuando aclaró, aflojó el viento y pudimos navegar, esta vez río arriba en busca de los lugares elegidos por los guías, como La Potranca, río El Chala, La Basura y río Amarillo, distantes del pueblo unos 30 km.

Elegido el primer arroyo, líneas al agua y tuvimos el pique inicial. Entusiasmados con que éste sí iba a ser el “día de pesca”, coincidíamos todos en que si en la jornada anterior el dorado no había comido, lógico que hoy estaría hambriento. Adrenalina a full. Comenzamos lanzando los señuelos bien pegados a la costa, por debajo de las ramas, delante de los palos. Buscando y buscando, recogiendo lento, variando la profundidad, cambiando constantemente de señuelos. Otro pique y se prendió una piraña de porte mediano. Nos dijimos: “¡Hoy hacemos la diferencia!”.

Un chaparrón nos sorprendió antes del mediodía, así que decidimos almorzar parando en la Isla del Chileno. Buscamos reparo debajo unos árboles frondosos, donde –disco de por medio– rápidamente comimos y volvimos al ruedo. El desafío era probar sólo con señuelos, ya que con carnada hubiera sido más sencillo tentarlos. Por momentos nos internamos en ríos angostos donde el agua corría mas rápido, acelerando nuestro garete, y tuvimos respuestas más frecuentes.

Un tip que nos enseñó Miguel es el uso de fluorocarbono, en vez de utilizar líder de acero. Se corta un metro y se utiliza como líder: es un 65 % más denso que el nylon. Este detalle permite un hundimiento ligero, por debajo de la película superficial del agua, eliminando cualquier sombra indeseada que asuste a los peces. Pero como no contábamos con esto, nos hizo un lazo con el multifilamento para que quedara doble y evitar así que se cortase en algún roce con un palo o rama.

Pesca entretenida

En esta segunda salida navegamos río arriba unos 40 km. Ambas lancha gareteaban a una distancia de 30 m entre sí para cubrir prácticamente el ancho de los arroyos desde su desembocadura. La ansiedad de lanzar los señuelos debajo de las ramas o de los palos nos jugaba en contra, y más de una vez terminábamos colgados, con la lógica cargada de los pájaros… Al  atardecer, el poco viento calmó y se planchó el agua, desapareciendo las correderas, lugar donde más piques tuvimos y donde la tensión hacía que perdiéramos algunas llevadas.

Dimos por terminada la jornada de pesca, entregándonos solo a disfrutar de la navegación y el fin del día con un sol que tímidamente se escondía del lado argentino. Si bien no dimos con grandes dorados, la pesca estuvo muy entretenida, sumándose al paisaje agreste, el silencio y la paz reinante, porque no es como nuestro querido Delta en donde los fines de semana hay muchísimas lanchas deportivas, bullicio de motos de agua, embarcaciones comerciales, etc. Aquí sólo estábamos nosotros y el río. ¡Increíble!

Los guías nos comentaban que admiran los servicios que brindan los guías en Argentina, y ellos quieren llevar esa modalidad a su zona. Pescar con devolución, inclusive poder hacer noche acampando en las islas para aquellos a quienes les apasiona la naturaleza, disfrutando desde que se llega de la tranquilidad de su pueblo y la calidez de su gente. Orgullosos de mostrarnos su lugar, donde se puede realizar una pesca muy entretenida, respetando a las especies, derivando en silencio, lanzando señuelos y gozando del espectáculo que explota en el agua con el salto de sus dorados. Todo esto no tiene precio. Así que a quienes les guste la aventura, no muy lejos pueden elegir a Nuevo Berlín como lugar para practicar lo que tanto nos apasiona a los amantes de los muñecos. Pero recuerden: la pesca siempre con devolución. ¡Hasta un nuevo cruce de líneas!

Nota completa publicada en revista Weekend 541, octubre 2017.

Deja un comentario